Baires Para Todos

Pablo Semán: “Hay chicas que van a votar a Milei y son partidarias de la legalización del aborto”

El respetado antropólogo, conocido por sus investigaciones sobre sectores populares, explica que no hay que entender a los votantes de La Libertad Avanza como un bloque monolítico, y afirma que el ascenso de líderes autoritarios se debe a una crisis de la democracia que es, en realidad, una crisis del Estado

“Caracterizar a los votantes de Milei como “incels” o “virgos” es una infantilización de los votantes”, cuestiona. “La crisis de la democracia expresada en el ascenso de candidatos autoritarios es una crisis del Estado”, plantea. “El kirchnerismo no vio que el Estado es un mangrullo más bajo de lo que se pensaba y desde el que se ve cada vez menos”, sintetiza. “La clase política en general, y le pasa a Juntos por el Cambio, se propone hacer cosas desde el Estado que ya no puede hacer”, sostiene. “En los últimos años, se ha venido sumando a Milei una masa de votantes que está menos preocupada por temas doctrinarios o dogmáticos”, explica. “En los votantes más masivos de Milei, está la decepción: sienten que ninguna de las dos grandes fuerzas políticas parece haber encontrado una salida al tema económico en Argentina, la inflación”, puntualiza. “Muchos de los votantes de Milei pertenecen a la economía informal y tienen otra experiencia, piden que los dejen circular, lo básico en la vida del repartidor. Es: “laissez faire, laissez passer””, analiza y sigue: “Para ellos, esa posición pro Milei no es producto de la lectura de autores liberales. Es el producto de su propia experiencia económica”. “Muchos encuestadores encuentran que los votantes de Milei tienen algunas posiciones frente al Estado que no son las de Milei”, dice.

“Hay una decepción tan grande con la falta de salida económica, y una visión sintónica con la de Milei, que eso se vuelve central y minimiza todos los elementos contradictorios”, aclara. “Una economía en la que crece el sector informal desde hace muchísimo tiempo es una economía en la que la categoría de emprendedor ya no es solamente una categoría económica; también es una categoría moral”, reflexiona. “Esa idea de la palabra “emprendedor” está muy fuertemente presente en los sectores populares”, precisa. “El centro de la apuesta existencial de los mejoristas es “yo puedo hacer algo por mí y quiero hacerlo. Y quiero que se me reconozcan mis méritos “”, define. “Hay una reacción ante el Estado como mímica porque no les resuelve lo suficiente”, sostiene. “Los mejoristas llegan a la libertad como categoría de preferencia desde una experiencia de mejora en un mercado de trabajo donde las regulaciones les obstaculizan la vida. Esa experiencia concreta es la que los vuelve amantes de la libertad”, plantea. “La forma de tratar a sus electores del kirchnerismo, de los nacional-populares puso en el centro una especie de comunismo abstracto”, afirma. “En los barrios, la gente tiene una categoría central para referirse al que no se mueve: lo llama “quedado”. Eso existió desde siempre: el “vago”, el “quedado”, clarifica y desarrolla: “La idea de que uno tiene que hacer cosas por uno mismo y Dios te ayuda si vos hacés algo por vos está omnipresente desde mucho antes del neoliberalismo, del kirchnerismo”. “Si uno va a las encuestas, la proporción de mujeres que votan a Milei todavía es muy baja pero viene subiendo”, subraya. “Muchas chicas que votan a Milei en el Gran Buenos Aires y en CABA conocen y activan todo el repertorio de autodefensa contra las operaciones de género; no están dispuestas a aceptar cualquier cosa por más que lo diga Milei”, destaca. “Milei es un tipo que no tiene ningún problema en decir cosas que van contra sus intereses electorales inmediatos”, describe y agrega: “En esa misma línea, también dice cosas de un nivel de machismo intolerable para la señora argentina en promedio. Quizás lo hace sacrificando sus votos, quizás esperando hacer docencia. “Que el crecimiento de los votos a Mieli sorprenda al Frente de Todos, a Cambiemos, a la izquierda, a los analistas políticos y a los encuestadores habla, en principio, de que hay una incomprensión y una falta de entendimiento de lo que sucede en las sociedades”, critica. “Puede ser que Milei capte una veta reactiva en sus votantes pero hoy, en el total de sus votantes, que es mucho más masivo, significa bastante menos”, cree.

“El núcleo de dirigente de Milei, sobre todo los varones que están en en la estructura mileísta tiene opiniones francamente machistas que defienden a voz en cuello y cielo abierto”. opina. “En general, la clase política cree que el pueblo empieza en el último seguidor de Twitter de un puntero de ellos y en realidad, el pueblo empieza 200 kilómetros después de eso”, ironiza. “El kirchnerismo se acostumbró muchísimo a analizar la sociedad con los recursos de la pompa y el mando y a tener un mangrullo que era el Estado”, resume. “El kirchnerismo tiene el complejo de la secta grande. Creen que son más de lo que son y en realidad son muchos pero de ninguna manera son mayoría, y son cada vez menos mayoritarios”, insiste y sigue: “Como se van aislando cada vez más, cada vez ven menos. “Juntos por el Cambio fracasó en la economía”, afirma para explicar el rechazo de un voto joven que se refugia en Milei. “La crisis de la democracia expresada en el ascenso de candidatos autoritarios es mucho más que una crisis del kirchnerismo. Es una crisis del sistema de partidos políticos, pero es una crisis del Estado”, explica. “El Estado, objetivamente, ocupa cada vez menos espacio en la vida social y tiene cada vez menor capacidad de regulación”, profundiza. “Milei intenta explotar dos grandes motivos colectivos, además del individualismo, la libertad y la productividad de cada. La nación y las identificaciones religiosas”, plantea. “En la Argentina, no llega a haber voto confesional”, aclara y destaca: “La Argentina tiene procesos políticos con identificaciones densas, con partidos, con estructuras políticas que hacen difícil la confesionalización del voto”. “Hoy la Argentina, en promedio, es mucho más individualista en general, en los votantes de Milei, en los votantes de Cambiemos y en los votantes del Frente de Todos”, concluye.

El sociólogo y antropólogo Pablo Semán estuvo en La Repregunta. Semán es un reconocido especialista en el cruce entre sectores populares, política y religiosidad. Es investigador del Conicet y del Instituto de Altos Estudios Sociales (IADES). Es sociólogo por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Antropología Social por la Universidad Federal de Río Grande do Sul, en Brasil.

Una plataforma política que promete dinamitar el Banco Central, achicar el Estado, privatizar la salud y la educación, ir marcha atrás con la legalización del aborto y poner sobre la mesa de debate la el uso de armas en la Argentina: las promesas de campaña de Javier Milei instalan preguntas.

¿Quién vota a Milei, el fenómeno político que este año cambió el eje de la discusión política? ¿Por qué la rabia no alcanza para explicar su voto? ¿Por qué el kirchnerismo no vio venir el fenómeno de la juventud mileista? ¿Por qué también tomó por sorpresa a Juntos por el Cambio? Semán aportó precisiones.

Aquí, la entrevista completa.

Milei y el mileismo. ¿Hay programa político detrás del voto rabia?

-¿Quiénes son los votantes de Milei? ¿Quiénes son estos jóvenes? Junto con el investigador Nicolás Welschinger, se acercaron a estos adolescentes y jóvenes de entre 16 y 30 años que votan al libertario. Una primera conclusión es que la rabia no es lo que los define. ¿Qué otra cosa define la identidad del voto libertario?

-Hay dos grandes grupos. Un primer grupo es el de los pioneros. Son los que, desde 2010, 2011, 2012, vienen insistiendo y abriendo discusiones más bien doctrinarias, dogmáticas, ideológicas. Son los que están a cargo de las aristas más radicales de este programa libertario. Con el tiempo, progresivamente y sobre todo en los últimos dos, tres, cuatro, cinco años, se ha venido sumando una masa que está menos preocupada por temas doctrinarios o dogmáticos. Se encuentra con la adhesión a Milei en el camino de su práctica. Obviamente que hay rabia, pero rabia hay en todo voto. No es la primera vez que un voto tiene un componente emocional. El voto kirchnerista tuvo un componente altísimamente emocional. Incluso en el menemismo hubo un voto emocional. La emoción es un momento. Después, los electores racionalizan sus posiciones. En el caso de estos votantes más masivos de Milei, está la decepción: sienten que ninguna de las dos grandes fuerzas políticas parece haber encontrado una salida al tema económico en Argentina, la inflación. Pero además está esta otra cosa: que muchos de estos votantes que pertenecen a la economía informal, que no está protegida y que se hace día a día, tienen otra experiencia, piden que los dejen circular, lo básico en la vida del repartidor. Es: “laissez faire, laissez passer”. Para ellos, esa posición no es producto de la lectura de autores liberales. Es el producto de su propia experiencia. Y ahí se encuentran con la alternativa Milei. Esos votantes masivos que se encuentran con Milei a partir de esa experiencia económica y que quieren una salida también ven y no siempre aceptan las aristas radicales del programa de Milei.

-Como el tema de las armas o la venta de órganos.

-Incluso, algunas ideas relativas al Estado. Muchos encuestadores encuentran que los votantes de Milei tienen algunas posiciones frente al Estado que no son las de Milei.

-Defienden la educación pública y la salud pública, por ejemplo.

-Los votantes del kirchnerismo tampoco pensaban exactamente lo que decía Cristina, ni mucho menos. Los votantes siempre tienen contradicciones con los programas de sus partidos. En el caso de Milei, quedó habilitada una dialéctica a partir de la cual, si a Milei le va relativamente bien, yo no lo sé, podrá interpelar a esos grupos, hará sus aclaraciones y se irá decantando. Pero, en principio, hay una decepción tan grande con la falta de salida económica, y una visión sintónica con la de Milei, que eso se vuelve central y minimiza todos los elementos contradictorios.

Del macrismo y el “emprendedor” a Milei y el “mejorismo”. ¿Un camino ideológico de una Argentina en crisis?

-En su trabajo, usted describe la evolución de una juventud que se alinea detrás del relato y de la propuesta kirchnerista durante muchos años, sobre todo la militancia adolescente. Pasado ese tiempo, el Estado presente se muestra decepcionante y la inflación tira para atrás cualquier sueño de movilidad social. Ahí aparece el canto de la libertad. Si no hubiera existido Juntos por el Cambio y sobre todo el macrismo y su machacar con el emprendedorismo, por ejemplo, ¿podría haber existido Milei? ¿El mileismo se sube a esa apertura ideológica que inició el macrismo?

-Primero, no todos los jóvenes votan a Milei. Una parte importante de los jóvenes, no sé si mayoritaria, sí lo vota. La segunda cuestión: una economía en la que crece el sector informal desde hace muchísimo tiempo es una economía en la que la categoría de emprendedor ya no es solamente una categoría económica; también es una categoría moral, una categoría de presentación de los sujetos. Eso es previo a la elección que gana Cambiemos en 2015. Obviamente que Cambiemos lo retroalimenta.

-Pienso más bien en el PRO de Macri en la Ciudad de Buenos Aires hablando del emprendedurismo.

-Así como hace mucho tiempo alguien decía “yo soy trabajador” pero no porque tengo una relación de empleo sino porque soy productivo y hago cosas, ahora los sujetos se perciben emprendedores y dicen de sí mismo que son emprendedores. Desde la segunda década del siglo XXI, esa idea de la palabra “emprendedor” está muy fuertemente presente en los sectores populares donde mucha gente, no solo los votantes de Milei sino un conjunto mucho más amplio, cree que se puede mejorar, progresar y hacer a partir del propio esfuerzo.

Ustedes, en su investigación, lo llaman “mejorismo”.

-Lo llamo “mejorismo”. El mejorismo no es anti igualitario y no es necesariamente anti estatista en forma radical. El centro de la apuesta existencial de los mejoristas es “yo puedo hacer algo por mí y quiero hacerlo. Y quiero que se me reconozcan mis méritos”.

El voto Milei y la libertad individual, ¿un cuestionamiento a la “mímica de Estado”?

-La palabra “mérito” también es importante porque tiene una carga ideológica en este debate. Ese mejorismo y la noción de “emprendedurismo”, la idea de que la libertad personal te va a sacar de los problemas o por lo menos te puede ayudar en lugar de estar esperando al Estado presente, ¿es una respuesta a un Estado supuestamente presente que prometió la salida de una crisis y el progreso colectivo y no pudo cumplir?

-Sí, en parte es una respuesta a una mímica de Estado. El Estado hace muchísimas cosas que funcionan. No tenemos problemas bromatológicos, la educación pública, a pesar de todo, funciona. Pero lo que sí veo es una reacción ante el Estado como mímica porque no les resuelve lo suficiente y tienen muchas razones para ver ahí apenas una mímica,

-¿Con “una mímica de Estado” se refiere a un Estado sin contenido? O como obstáculo.

-Las dos cosas. Estado como mímica, cuando no tiene contenido porque las escuelas son públicas pero hay paros y todo tiene contradicciones. Segundo, hubo una performance muy complicada del Estado en la época de la pandemia. El virus era controversial y todo lo que se hiciera iba a estar mal: si abrías o cerraba, si más o menos abrías y más o menos cerrabas. Y hay otra cosa que vos decís: los mejoristas llegan a la libertad como categoría de preferencia desde la experiencia, es decir, de que pudieron mejorar en un mercado de trabajo donde las regulaciones les obstaculizan la vida. Esa experiencia concreta es la que los vuelve amantes de la libertad. Además, la libertad no es solo un valor liberal. Este es un país de gente que reivindica su autonomía, donde nadie quiere pasar por tonto. Entonces la autonomía subjetiva, intelectual, de todos los sujetos ha sido reivindicada desde siempre. Tal vez haya un problema del kirchnerismo y de las fuerzas nacional-populares que han denostado la libertad gratuitamente. La libertad también es un valor de izquierda.

-De ahí se deriva también un cuestionamiento a la idea de individuo frente a lo colectivo, que es lo que esas fuerzas valoran. Cualquiera que se planta como individuo ante los dilemas existenciales, ante la construcción de un proyecto vital, es cuestionado.

-Sí, porque hay otro problema en este punto que señalás: la interpelación, la forma de tratar a sus electores de los nacional-populares puso en el centro una especie de comunismo abstracto. No existen comunidades así.

-La categoría de “pueblo”.

-En los barrios, la gente tiene una categoría central para referirse al que no se mueve: lo llama “quedado”. Eso existió desde siempre: el “vago”, el “quedado”. La idea de que uno tiene que hacer cosas por uno mismo y Dios te ayuda si vos hacés algo por vos está omnipresente desde mucho antes del neoliberalismo, del kirchnerismo. Ahora eso emerge en un contexto muy particular. Se transformó el mercado de trabajo y el esfuerzo individual pesa muchísimo. Esa idea se puede combinar con otras cosas.

Macroeconomía ilógica y voto Milei, ¿una carrera contra el “Estado obstáculo”?

-Las otras variables que influyen pueden ser el funcionamiento de la macroeconomía, con incentivos a sortear el control del Estado, la búsqueda del dólar blue o el caso de los jóvenes programadores que trabajan para el exterior y cobran en cuentas afuera. ¿Eso también habla de una desconfianza ante las regulaciones del Estado que no contribuyen a este desarrollo individual?

-Las regulaciones del Estado que ellos conocen no los benefician. Por ejemplo, no reciben ciertas protecciones de la fuerza de trabajo. Es prescindir de lo que no tienen ni les van a dar.

-Pero además, cuando los sindicatos clásicos intentan acercarse, por ejemplo, a los repartidores de las aplicaciones, los mismos repartidores los rechazan. No creen en la promesa del Estado ni tampoco en las promesas de esas organizaciones clásicas.

-No creen ni en el viejo Estado ni en los viejos sindicatos. El rechazo de los repartidores al sindicato fue un evento muy puntual y muy hiper politizado de todos lados. Pero vale una precisión: los chicos que reparten tienen una fuerte reivindicación de la libertad, de su propio emprendedurismo, de su carácter de mejoristas pero, al mismo tiempo, se organizan colectivamente. Tienen estrategias de organización colectiva para sobrellevar la situación de trabajo. Tiene que ver con cómo administran colectivamente algunos recursos en el grupo frente a la demanda de la empresa y de los clientes.

-Pero esa organización colectiva se alcanza sin la necesidad de remitir a una autoridad que los ordena. Es un ordenamiento democratizado.

-Sí, y relativamente lábil. Tiene muy poca relación con el viejo sindicato. Habrá que ver si los sindicatos pueden desarrollar una nueva política hacia esos grupos o no.

Aborto y políticas de género. ¿Todos los mileistas están en contra del feminismo?

-Usted distingue entre esos libertarios doctrinarios que leen a Hayek, a Ayn Rand, los autores que suele citar Milei y estos libertarios pragmáticos que, por el estilo de vida y el progreso que se proponen, coinciden con algunas de las visiones de Milei. Después, hay otro cauce de los libertarios, según su investigación, que tienen una visión social, que tienen como antagonista a las políticas de género, o al feminismo o a la legalización del aborto. Milei fue un militante de la resistencia a la legalización del aborto. En 2018 es cuando salta de la economía a los temas sociales con eje en el tema del aborto.

-Desde el mundo doctrinario de los libertarios, uno no hubiera esperado que estuvieran en contra del aborto ni de los derechos de las mujeres acosadas por los varones. Milei y los libertarios doctrinarios fueron tomando una posición en función de una posible pesca de votos que se definen por su reactividad contra los avances en las cuestiones de género. Ahora, no sé si es tan masivo. Si uno va a las encuestas, la proporción de mujeres que votan a Milei todavía es muy baja pero viene subiendo. Si hacemos las cuentas de la asistencia, dividida en en hombres y mujeres, que fue a la presentación del libro de Milei, la proporción de mujeres aumenta. Y si uno ve las cuentas de seguidores de Milei en instagram, ha aumentado la participación de mujeres a pesar de. Además, muchas chicas que votan a Milei en el Gran Buenos Aires y en CABA conocen y activan todo el repertorio de autodefensa contra las operaciones de género; no es que estén dispuestas a aceptar cualquier cosa por más que lo diga Milei.

-Es decir, perciben un avasallamiento de una determinada manera de ver el género con la que no se sienten identificadas, y ahí derivan hacia Milei.

-Pero actúan en defensa de sus derechos como sujetos de forma permanente. Y eso no impide que voten a Milei.

-Rechazar la cultura dominante en términos de género no las identifica con una cuestión conservadora.

-Hubo momentos del mileismo primario, las fuerzas intelectuales del mileismo, con gente muy conservadora pero también había personajes que hacían gala de su autonomía sexual, entre ellas, mujeres. Hay fuentes complejas de proveniencia pero, además, el mileismo se hizo tan masivo que, en esa capacidad que tienen los votantes de abrazar contradicciones, hay chicas que van a votar a Milei y al mismo tiempo son partidarias de la legalización del aborto y conocen el repertorio de defensa de las organizaciones de género.

Ahora, en relación a lo que sostiene Milei y su círculo más cercano y quedó expresado su plataforma electoral, sus ideas calzan con un discurso más conservador y restrictivo en cuanto a esos derechos sociales.

-En esa deriva que tuvo Milei hacia una cosa más conservadora, porque él pensó que hay votos ahí, se puso más rígido. Milei es un tipo que no tiene ningún problema en decir cosas que van contra sus intereses electorales inmediatos. Puede decir que habilita la venta de órganos. En esa misma línea, también dice cosas de un nivel de machismo intolerable para la señora argentina en promedio. Quizás lo hace sacrificando sus votos, quizás esperando hacer docencia. Espero que no tenga suerte con su prédica pero está claro que hay una dialéctica con su electorado.

“Incels” y “virgos”, ¿cuánto conoce la política al voto que logra atraer Milei?

-Desde que los mileistas se hicieron más visibles como un grupo consistente, un grupo generalmente de mayoría de hombres jóvenes, muchos de los sectores populares, se insiste en que son “incel”, hombres heterosexuales que han sido rechazados por las mujeres y responden con un rechazo a las mujeres, o los “virgo”. ¿Qué alcance tiene esa descripción a la hora de entender a los hombres que votan a Milei?

-Volvamos un poquitín atrás. El hecho de que el crecimiento de los votos a Mieli sorprenda al Frente de Todos, a Cambiemos, a la izquierda, a los analistas políticos y a los encuestadores habla, en principio, de que hay una incomprensión y una falta de entendimiento de lo que sucede en las sociedades.

-Un desconocimiento de quiénes son esas sociedades.

-Exactamente. Este fenómeno estaba presente por lo menos desde hace tres años. No se da desde antes de ayer. En ese contexto, esas caracterizaciones como “incel” o son “virgos” son infantilizaciones de los votantes. Puede ser que haya votantes de Milei de ese tipo pero lo que pasa es que ahora hay muchísimo más votantes de otro tipo. Y además pasa otra cosa: por un lado, sobre todas las mujeres jóvenes, voten lo que voten, conocen el repertorio de defensa de su situación de género. Y los varones, voten lo que voten, no saben qué hacer con esa situación de género desde hace mucho tiempo.

-Es decir, es un problema general, más allá de los mileistas.

-Exactamente. Porque los varones no saben qué hacer. La revolución en temas de género deconstruyó, o por lo menos desactivó o deslegitimó, toda una serie de pautas en la que estaban educados los varones y para los que habían sido puestos en el mundo. Eso es mucho más amplio que Milei. Puede ser que Milei capte una veta reactiva en sus votantes pero hoy, en el total de sus votantes, que es mucho más masivo, significa bastante menos. Eso no quiere decir que el núcleo de dirigente de Milei, sobre todo los varones que están en en la estructura mileísta, no tengan opiniones francamente machistas que las defienden a voz en cuello y cielo abierto.

Kirchnerismo sin jóvenes. ¿Qué pasó que no vieron venir el fenómeno Milei?

-No temen a la superioridad intelectual y moral que se ha atribuido la visión progresista del mundo durante muchísimo tiempo. Están dispuestos a pelear esa superioridad. Me pareció interesante esa idea de que ni la centroderecha ni la centro izquierda vieron venir el fenómeno Milei, y por eso el desconcierto y estas adaptaciones con manotazos de ahogados para tratar de atraer de alguna manera esos votantes. Dentro del kirchnerismo, ¿cuáles son los aspectos que llevaron a dejar de interpretar cabalmente a esa juventud que en algún momento había estado muy identificada con el kirchnerismo? ¿Qué no vieron?

-En general, la clase política cree que el pueblo empieza en el último seguidor de Twitter de un puntero de ellos y en realidad, el pueblo empieza 200 kilómetros después de eso. Lo primero que han hecho es encerrarse en circuitos de retroalimentación simbólica que son muy grandes pero son minoritarios. Eso le pasa a las dos coaliciones, a Cambiemos y al kirchnerismo. Al kirchnerismo le pasa más porque, en su larguísimo período de gobierno, de predominio político, se acostumbró muchísimo a analizar la sociedad con los recursos de la pompa y el mando y a tener un mangrullo que era el Estado.

-El Estado adquirió mayor existencia que la gente.

-Claro. Pero, además, lo que no vieron es que el Estado empieza a ver menos, que el Estado es un mangrullo más bajo de lo que se pensaba y que su propio poder disminuido les da un punto de mira más bajo, por lo tanto, es menos abarcativo. Entonces, uno se encuentra con qué no se pudo prever cuánta gente se iba a presentar al IFE, no se prevén los fenómenos electorales… todo nos sorprende. Esto lo pienso desde desde el punto vista del conjunto de la clase política, incluso Cambiemos, porque nadie esperaba que Milei tuviera alguna chance con eso de que Milei no tiene estructura.

-La semana pasada asistimos a la confirmación del renunciamiento de Cristina Kirchner. Finalmente, la militancia empezó a aceptar que no será candidata. Se vio mucho dolor y sufrimiento. Hubo mucha emoción puesta en esa aceptación de la decisión. ¿Cuánto de ese verticalismo personalista del kirchnerismo y esa idea jerárquica de la política y de una militancia auto percibida como “los soldados de Cristina”, que por definición son obedientes, hizo que perdieran de vista la gente real que debían representar?

-Para mí, el kirchnerismo se viene encerrando desde 2011 en una idea de sí mismo que es cada vez menos compartida por el conjunto de la población, pero cada vez más intensamente compartida por los que siguen siendo kirchneristas.

-Que son cada vez menos.

-Entonces, a la falta de audiencia se la compensa con la intensidad de los gritos de una minoría que igual es extensa y que, como ha hecho la experiencia de ser muy mayoritaria muchísimo tiempo antes, todavía creen que son muchos. Como dice un amigo mío, tienen el complejo de la secta grande. Creen que son más de lo que son y en realidad son muchos pero de ninguna manera son mayoría, y son cada vez menos mayoritarios. El encierro en esa cámara de eco les permite permanecer mucho tiempo en un proceso de aumento del aislamiento. Como se van aislando cada vez más, cada vez ven menos.

Cambiemos, macrismo y la libertad. ¿Qué pasó que se les escapó la juventud hacia el voto Milei?

-¿En qué falló la centroderecha a la hora de captar el fenómeno que lleva al crecimiento de Mieli? Por ejemplo, la centro derecha representada, por ejemplo, en Pro en ese 2015 del triunfo electoral. Había tenido éxito con algunas ideas: que la política no puede estar pregnándolo todo y ser el único discurso posible en la sociedad; o que la felicidad individual podía ser reivindicada, que la libertad de los individuos y el emprendedurismo era un camino de realización de una sociedad. ¿Por qué esa batería de nociones, que logran un éxito con el desarrollo del macrismo en la Ciudad y las elecciones de 2015, termina beneficiando ahora a Milei? ¿Por qué los jóvenes, los chicos Rappi no encuentran en el macrismo, en Juntos por el Cambio, una representación posible?

-Primero, porque Juntos por el Cambio fracasó en la economía, desde el punto de vista de los observadores, casi por las mismas cosas que el kirchnerismo. Y segundo, por una razón más profunda que explica dos cosas, el realineamiento político y la situación crítica que vivimos. Esa razón es que hay una crisis del Estado. La crisis de la democracia expresada en el ascenso de candidatos autoritarios es mucho más que una crisis del kirchnerismo. Es una crisis del sistema de partidos políticos, pero es una crisis del Estado. ¿Por qué? Porque el Estado objetivamente, más allá de lo que piense cada uno acerca de lo que debe hacer el Estado, ocupa cada vez menos espacio en la vida social y tiene cada vez menor capacidad de regulación. Entonces, la clase política en general, y esto le pasa a los de Cambiemos, se propone hacer cosas que desde el Estado ya no pueden hacer. Los partidos políticos tradicionales, los partidos políticos de los últimos 20 años, están siendo arrastrados por la crisis del Estado. Y ahí hay un problema bastante más complicado porque esa crisis del Estado está tensada por dos grandes vectores, las relaciones muy complejas entre capital y democracia que es estamos viendo en el mundo entero, por lo menos en occidente,

-Contra ese Estado va Milei: terminemos con esta idea del Estado porque esto no ha funcionado. Eso genera mucha identificación.

-Expresa la frustración de mucha gente en relación a algo que se vuelve muy perceptible para ellos, que es que con el Estado no les alcanza. Alguien puede decir que está de acuerdo con que haya salud pública pero “a mí nunca me llega la salud pública”.

Progreso individual y religiosidad. ¿Un puente de los sectores populares hacia el voto Milei?

-Última cuestión. Su trabajo de investigación se enfoca en los sectores populares y en su religiosidad. En su plataforma, Milei vuelve a un tema que se cruza con las posiciones religiosas de los individuos, el tema del aborto, de la decisión de legalizarlo o no. ¿Cuánto de los valores cristianos, evangélicos, que están muy presentes en el conurbano pobre coinciden con Milei a partir de la idea de un progreso individual que hay que materializar en la Tierra y que el Estado, laico, está obturando? En ese marco conceptual, una libertad individual, sin tantas trabas de ese Estado laico, como la que pregona Milei, ¿deja más cerca a esas personas de cumplir con esa meta religiosa?

-Milei intenta explotar dos grandes motivos colectivos, además del individualismo, la libertad y la productividad de cada. Por un lado, la nación, porque el mileismo es nacionalista y no está hecho para los que se quieren ir, sino para los que se tienen que quedar o no tiene más remedio quedarse o quieren quedarse. Y por otro lado, también apela, con mucho desconocimiento, a las identificaciones religiosas. Digo que con mucho desconocimiento porque los cristianos de la Argentina evangélicos, o católicos en general, no han votado debido a motivos religiosos. Hay católicos peronistas, hay católicos que votan a Cambiemos, hay evangélicos que votan a Cambiemos, evangélicos que votan al peronismo: votan independientemente de las causas religiosas. Ahora, en el contexto actual, donde muchas personas perciben una situación más agudamente complicada, puede ser que el motivo religioso se active en la actividad electoral. Siempre que los antropólogos y los sociólogos dijimos eso, no funcionó. No pasó. No llega a haber voto confesional. La Argentina tiene procesos políticos con identificaciones densas, con partidos, con estructuras políticas que hacen difícil la confesionalización del voto, más allá de que el impulso individualista, que puede estar conectado con muchos imaginarios religiosos, no solo el protestante, está presente. Eso cambia las posibilidades programáticas de los partidos porque la Argentina, en promedio, hoy es mucho más individualista en general, en los votantes de Milei, en los votantes de Cambiemos y en los votantes del Frente de Todos.

Por Luciana Vázquez