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“Niebla polar”, una doble mirada sobre la compleja década del 70

Es el tercer libro de Rodolfo García, quien es ingeniero agrónomo y un apasionado por la política. En este libro incursiona en una de las épocas más complejas del siglo XX en la historia de nuestro país.

Rodolfo García es ingeniero agrónomo, nacido en Rosario en 1959 y desde muy chico instalado con su familia en nuestra ciudad, donde su padre fue docente de la UNS.

Apasionado por la política –aunque también decepcionado por la misma— Niebla Polar es su tercer libro, en la cual incursiona en el panorama del país en los turbulentos y sangrientos años 70. Un libro que bucea en la visión contrapuesta de las organizaciones terroristas de la época y el dolor y el impacto en las víctimas de esa violencia. También analiza el rol de Juan Domingo Perón, la represión estatal, los asesinatos sin sentido. Un momento del país que sigue siendo materia de estudio y análisis, que mantiene heridas abiertas y donde la ponderación de los hechos y la intervención de la justicia es un libro que se sigue escribiendo.

“Una mañana de septiembre apareció Rucci con su patota en una caravana de cuatro autos. Dieron varias vueltas y terminaron estacionando frente a la casa donde vivía su madre. Es día lo fusiló la historia, la revolución, el pueblo”. Niebla polar.

Rodolfo García es escritor por oficio y porque encontró en esa práctica una manera de canalizar muchas de sus ideas y sentimientos. Niebla Polar es, según explica”, una obra encuadrada en la “Narrativa de ficción”, enmarcada en lo que su autor denomina “Novela histórica”.

“Mi estilo me llevó en este caso a ubicarme en los límites, en los bordes que existen entre la ficción y la realidad. Todos los hechos narrados son reales excepto uno, que es donde introduzco la ficción y construyo una historia de vida posible, verosímil, creíble”, detalla.

Curiosamente, el autor indica añade que el libro cuenta “una historia de amor”, una definición que en parte sorprende porque la trama está impregnada de hechos violentos. “Es una historia de amor y no de violencia política, de desencuentros generacionales entre víctimas y victimarios, sintetizada en los personajes de Camila y Manuel, los protagonistas principales”.

El libro desarrolla capítulo a capítulo las visiones y los sentimientos de quienes llevan adelante la guerrilla y de quienes sufren las consecuencias de sus atentados.

“Para Camila es una historia de amor porque sufre la pérdida de su marido militar en una emboscada realizada por un comando guerrillero y siente que no lo debe olvidar porque es el amor de su vida. Para Manuel, guerrillero, es una historia de amor porque tiene la convicción de que el camino de la lucha armada es por amor al país, a la revolución, al prójimo, para eliminar las injusticias y permitir el surgimiento del Hombre Nuevo. La pregunta es ¿cómo conviven personas que han transitado la violencia política en posiciones tan contrarias?; ¿Cuánto es posible olvidar para intentar un presente que las contenga y las ponga en un horizonte compartido? ¿Se debe olvidar para poder vivir?”.

García menciona que Manuel, que ocupa un cargo jerárquico dentro de Los Montoneros, “no es real si nos referimos a una persona física que narra autobiográficamente su vida. Pero para la historia es real, mucho más que una persona física”.

El regreso de Juan D. Perón. Rucci a su lado sostiene el paraguas, 1972

“Durante años busqué el individuo para la novela. Podrían haber sido las figuras emblemáticas de aquellos tiempos, pero están muy marcados como arquetipos, estigmatizados por la sociedad. Entonces, busqué rastros, mensajes, signos de historias de vida de militantes de las distintas organizaciones guerrilleras hasta que comprendí que tenía que tomar las herramientas que me brindaba la literatura de ficción y darles vida”.

En este lugar, el autor trata de indagar en la mentalidad de una generación que, “con pasión y pertenencia” apostó por la lucha armada para lograr sus objetivos. “¿Quién se esconde tras la máscara de Manuel?. Manuel es kafkiano en el más puro sentido: ¿Existe o no existe?”. Mi intención con este libro es tensionar el pasado y buscar las respuestas de lo ocurrido en la ficción. Ernest Hemingway decía: “Siempre cabe la posibilidad que un libro de ficción arroje alguna luz sobre cosas que fueron contadas como hechos”.

Cambia, todo cambia

Para García es importante siempre volver a contar la historia a medida que pasa el tiempo, porque si bien los hechos no cambian, sí lo hacen sus interpretaciones.

“Es muy distinta la historia contada por una persona contemporánea de lo ocurrido, porque las heridas están abiertas y sangrantes. Las generaciones posteriores, al tener una distancia emocional y no estar impregnadas por los traumáticos acontecimientos, pueden abordarlo de manera distinta. El tiempo da una mirada histórica, más sabia. No todo fue un naufragio, algunas cosas se salvaron o se pudieron salvar y otras habría que haberlas salvado. Y eso las generaciones posteriores lo deben hacer; es un mandato histórico y se tienen que hacer cargo. La democracia lo requiere como forma de vida y de reconciliación con nuestro pasado”.

Cuando la democracia no era un valor

“Muchos compañeros consideraban que nuestro error fue haber dado por muerto al peronismo y comenzar el proceso de desperonización de la fuerza. Nunca debimos renegar de Perón, ni del peronismo, ni dejar de ser peronistas”. Niebla Polar

En ese sentido señala que siempre le resultó llamativo “el clima de época” de los 70, la existencia de un ambiente donde “lecturas incendiarias del Che, de Giap, de Mao y Lenin, de Regis Debray y Marta Harnecker”, llevó a una generación a solucionar sus problemas políticos con la lucha armada.

“¿Los militantes revolucionarios fueron causa o consecuencia? ¿Fue el clima de época? ¿Fueron signos de la época, como decía el Concilio Vaticano II?¿Fueron hijos de su tiempo?. También, investigue las realidades contra fácticas: ¿Se podría haber evitado?¿Se puede reivindicar el amor por los pobres y necesitados a partir de la muerte del prójimo? ¿Es una utopía una sociedad sin clases y el surgimiento del Hombre Nuevo?”, son algunas de las cuestiones que plantea el libro.

Es tan compleja esta etapa que, a criterio del autor, requiere distintas interpretaciones. “No es lo mismo el análisis de la lucha armada en los 70 a 73, que en la etapa que se inicia en mayo del ´73 con Héctor Cámpora presidente, ni el que se debe hacer durante la etapa con Perón presidente elegido con el 62% por ciento de los votos.  No es lo mismo el asesinato de Aramburu que el de Rucci. Sobre todo el año ´73 hay que contextualizarlo en el clima de época y aceptar determinadas verdades. Por ejemplo, que en aquellos años la democracia no era un valor”.

El secuestro de Pedro E. Aramburu, 1970.

En este contexto, García  no duda en señalar que Juan Domingo Perón como “responsable directo de lo que ocurrió y del drama que se convirtió en tragedia”, de la misma manera que los Montoneros también fueron responsables. “Ambos se usaron y manipularon, nadie engañó a nadie.  Al inicio, se necesitaban mutuamente y juntos iniciaron ese juego de intereses ideológicos para presionar a la dictadura militar y lograr su retirada. Luego hubo un cambio de etapa y de estrategia y la Argentina se convirtió en un infierno. Creo que el huevo de la serpiente está cuando Mario Firmenich afirma, en una clase pública en la Facultad de Derecho, que “Perón está en la Argentina y este Perón que esta acá no es el Perón que nosotros Inventamos”.

Es interesante el contrapunto que plantea la historia, el espejamiento entre la víctima y el victimario. “La historia de vida de Camila es densa y fue una tragedia, las consecuencias sufridas por la violencia política es un drama personal. Para Manuel, victimario, me ayudó pasarme a la primera persona del singular para darle más valor y épica. Es contundente, solido, creíble, posible”.

Otro punto que sigue siendo polémico refiere a la cantidad de muertos en esa época. El libro menciona en 3 mil la cantidad de Montoneros, con lo cual la represión de la dictadura acabó con 27 mil ajenos, si se toma como cierta la cantidad de 30 mil desaparecidos.

“Montoneros al momento del golpe de estado de marzo del ´76 tenía tres mil soldados y si agregamos al ERP y a todas las fuerzas guerrilleras, la cifra no llega a cinco mil.  Indudablemente la cifra de muertos y desaparecidos se excede largamente. Hubo un plan sistemático de exterminio que se extendió a sus aliados y simpatizantes con un método aberrante. Es imperdonable que la Junta Militar no se haya hecho cargo de sus actos y que haya creado la figura del desaparecido”.

Encontrar la voz

–¿Cuánto te llevó escribir el libro? ¿En base a qué fuentes y recursos?

–El libro me llevó unos cinco años. Hay que tener en cuenta que no soy un escritor profesional y mi relación con la literatura es de tiempo compartido con mi profesión de ingeniero. La narrativa fluye de manera vertiginosa cuando me pongo a escribir. Lo que me lleva más tiempo es encontrar la voz, el tono, el registro de los personajes y sobre todo la arquitectura de la obra.  

“Respecto de la investigación, hay un proceso de búsqueda exhaustiva en libros, periódicos, ensayos, documentos, películas. También de maduración, el convencimiento de los datos obtenidos. Finalmente, cuando consigo una fuente que vivió esos años o que estuvo en organizaciones guerrilleras me centro en lo anecdótico para dar forma a su historia de vida: que leían, que música escuchaban, si jugaban al futbol, si iban a bailar”.

–No es tu primer libro. ¿De dónde nace esa vocación por escribir? ¿Has hecho talleres o cursos o es simplemente una vocación, un talento?

–Escribir, en mi caso, no es una vocación. Es un gran sentimiento de insatisfacción frente a la realidad y eso me lleva a sustituir el mundo real por otro creado por palabras. Siento una gran frustración por no poder cambiar las cosas desde la política, desde la militancia. Entonces me fui acercando a la escritura. Es una fuga, una utopía, una quimera, una rebeldía. No lo sé, quizás sea una búsqueda. En el terreno de la literatura soy un outsider; tengo una formación propia, anárquica, muy artesanal. Necesito sentadas de 4 a 6 horas ininterrumpidas en soledad y en silencio para entrar en modo escritor. Cuando llega el momento que comienzo a vivir las historias de vida de mis personajes necesito blindarme del lo cotidiano.

–¿Qué autores leés? ¿Qué temas te apasionan?

–Leer es el combustible diario para escribir, sin lectura y sin biblioteca no se puede escribir y menos dando vida a los mal llamados, en literatura de ficción, personajes. Porque para mí, que convivo con ellos muchos años, son personas que piensan y respiran y laten y sufren.

“Me conmueven Manuel Puig, Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa, Piglia y Tomas Eloy Martínez. Leo y releo a William Faulkner traducido por Borges y a Marguerite Yourcenar traducida por Cortázar y los clásicos de siempre, como Flaubert y Chejov”.

“En cuanto a un tema que hoy me apasiona para investigar y analizar es el de la religión. Estamos en una sociedad que la ha dejado de lado. Eso me conmueve, no es un hecho menor”.

Por Mario Minervino- La Nueva Provincia