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Macri: “¡Ningún progre nos puede correr!”

Cumbre macrista en la presentación del libro “Para qué”

“Somos el cambio o no somos nada”. Con esta frase-gancho como inicio y como cierre Mauricio Macri presentó ayer su libro Para qué en uno de los salones de la Rural, frente a unas mil personas, entre ellas, un centenar de ex dirigentes, dirigentes y legisladores de Juntos por el Cambio. Fue claramente un evento político aunque el ex presidente no habló de política sino de liderazgo, y a diferencia de los pasajes brutales de su libro, en los que clama por ajuste fiscal, privatizaciones y “mano dura” contra los que cortan calles o los “pseudomapuches”, optó por metáforas corporativas o futboleras para referirse a “la velocidad del cambio”. Aunque fue quedando implícito, en los ejemplos, que de lo que hablaba era de aumento de tarifas, de ajuste fiscal y de represión a la protesta social. El momento de la ovación fue, sí, aquel en el que fue a los bifes: “Cuando nos fuimos del gobierno, el 70% de la gente decía que Aerolíneas tenía que ser estatal. Ahora está en un 40%, y y va a llegar al cero, ¡y nos vamos a sacar de encima a (Pablo) Biró y su comportamiento mafioso!”, arengó, sin citar fuentes estadísticas. “¡No nos corren más! ¡Ningún progre nos puede correr! ¡Ese discurso cínico progre no me lo banco más!”, cerró, mientras la concurrencia gritaba un “Volveremos, volveremos” que remitía a 2015.

Con el fútbol como gran articulador de principio al fin de la charla, lo primero que dijo Macri se leyó como una chicana a Horacio Rodríguez Larreta, aunque fue parte del tono amable en el que se eludió casi toda mención a la interna. “Ahora me desemociono porque quiero agradecer a los hinchas de Racing que vinieron hoy, seguramente fue una tarde muy díficil…”, aludió al reciente fin de campeonato, sin nombrar al hincha “cargado”. Desde las primerísimas filas se rió el jefe de Gobierno porteño, junto a María Eugenia Vidal, Jorge Macri, Patricia Bullrich, Diego Santilli, Cristian Ritondo, Gabriela Michetti, Miguel Angel Pichetto (hubo canción de feliz cumpleaños para él, y también cita de mano dura: “tiene razón Pichetto, demasiado buenismo“), Ramón Puerta. Un poco más atrás también se vio a Hernán Lombardi, Martín Tetaz, Javier Iguacel, Florencia Arietto, Néstor Grindetti, Javier Iguacel, Waldo Wolf, Roberto García Moritán, Maximiliano Guerra, Juan Acosta, Federico Andahazi. Guillermo Dietrich y Darío Nieto se sentaron en el piso, para pasar luego a sillas que se desocuparon.   

La ausencia más notoria fue la de Elisa Carrió; Gerardo Morales y Facundo Manes tampoco fueron de la partida: la fila “flaca” fue la de dirigentes de la UCR, a excepción de Mario Negri y Luis Naidenoff, que ingresaron al salón sin hacer declaraciones. La dupla radical se ganó la ubicación VIP junto a Juliana Awada y Antonia Macri, bien en el centro de la primera fila. 

Cuestión de liderazgo  

Con la moderación del exsecretario de Cultura Pablo Avelluto –parte del “equipo que pensó el libro”, según se dijo– y cinco pantallas gigantes en las que iban pasando testimonios que daban fe del “liderazgo” de Macri, la estructuración del relato situó al expresidente por fuera de la dirigencia política, para ubicarlo como un “outsider” con métodos corporativos “innovadores” que trasladó a sus gestiones, primero en el fútbol, para de allí traspolarlas a una “gestión país”. No faltó el capítulo de aprendizajes de experiencias límite como la de su secuestro, sobre el que se explayó en el recuerdo, al igual que hace en su libro. 

Se centró así en dar consejos corporativos –según los cuales el líder es el que sabe decir que no, el que conoce la soledad del poder, el que acierta en formar equipos, el que prioriza la institución por sobre las personas–. Con el gran sostén, eso sí, de “la familia y los amigos de siempre, los que vienen el sábado a jugar al paddle”, dijo asombrosamente, luego del escándalo de la mesa judicial que incluyó partidos con jueces y fiscales. 

Extrañamente, a lo largo de una hora y media de charla, no nombró jamás a los argentinos y argentinas, a las necesidades sociales, a la sociedad, a la gente, mucho menos al pueblo, claro está. Fue un ejercicio en primera persona de principio a fin, una suerte de charla TED de liderazgo vivencial: un “yo triunfé así” que arrancó en Sevel y en la decisión de “hacer mi propio camino, por fuera del de mi padre, cumplir el sueño de dirigir Boca”, para luego trasladar esa experiencia a la Ciudad (donde se hizo fuerte en experiencias como la represión en el Parque Indoamericano, según recordó en un video Vidal, sin mencionar que hubo muertos y heridos, incluidos niños) y más tarde, al país. 

La bomba que dejó y la que viene

“Esta gente está dejando una bomba mil veces peor que la que dejé yo en 2015”, fue su particular crítica comparativa al actual gobierno. Su autocrítica también fue particular: sin mención alguna a la deuda externa que contrajo y al condicionante que ésta significó, en su lectura el problema fue el de un “exceso de expectativa” que creó en la gente que lo eligió, las diferencias entre lo imaginado y lo logrado en un lapso breve de tiempo. La idea de “cambio más rápido” y de “estar dispuestos al sacrificio” son sucedáneas a ésta. 

Fue a los diez minutos de comenzada la charla, sobre las 6 y media de la tarde, cuando al fin Macri pronunció la palabra mágica: “¿Qué hacemos con el populismo?”, preguntó. “No voy a entrar en fechas para no entrar en polémicas –dijo en tono de chanza–, pero nació en Argentina. Y hoy es una amenaza global”, analizó. Según él este mal endémico que ha sido “la gran exportación argentina” sería “la promesa de espejitos de colores a la gente, de que todo es fácil” y la errónea creencia de que “competir está mal”. 

Desde los videos hablaron el expresidente de Colombia, Álvaro Uribe (“él se enfrentó al narcotráfico y lo controló”, lo halagó Macri, aunque la realidad parece haber ido en sentido inverso), amigos de la infancia que recordaron su “capacidad de liderazgo” en la organización de un torneo de fútbol en diferentes lugares de Estados Unidos a los 20 años, o en la empresa de su padre, el exjugador Guillermo Barros Schelotto, y también Larreta, Vidal, Dietrich. 

Qué dijeron los invitados

Antes de ingresar al salón, los invitados dejaron definiciones interesantes; la alfombra roja dispuesta frente a los banners de la publicación también dejó escenas significativas. La más buscada para las fotos, selfies y declaraciones fue Patricia Bullrich; inversamente proporcional fue la atención concitada por el Marido de Pampita, que pasó frente a los flashes sin pena ni gloria. Bullrich fue la única que no esquivó la pregunta cantada por la interna: reafirmó que sí, es candidata, y opinó que “Mauricio ha dicho que no está anotado”, algo que claramente podría ponerse en duda frente al despliegue del libro. Leyó los Aprendizajes sobre liderazgo y poder para ganar el segundo tiempo (tal el subtítulo del libro) de Macri, pero no llegó al último capítulo.

Michetti reapareció y dijo que “bueno, algún rol voy a tener” en un eventual triunfo de la alianza Cambiemos. Juan Acosta se fundió en un abrazo con Jorge Macri y posó con ganas. Tetaz trajo el libro marcado aunque admitió que va “por tres cuartas partes” de la lectura. Larreta se sacó fotos con Felipe Miguel y  Santilli, pero no dio declaraciones y entró por una puerta lateral. 

Dietrich se enfocó en pedir privatizaciones y “transformaciones en el mundo del trabajo que incluyan a los que no están incluidos”. Ritondo opinó que el pedido para que los jueces paguen Ganancias es “una bomba de humo del kirchnerismo”. En la misma línea, para Santilli el proyecto en el presupuesto es para “ir a pelearse con la Justicia después de que le salió mal lo de la Corte, es un debate inventado”.  

El resto fue evitar responder sobre la interna y las candidaturas, que sin embargo fueron los grandes temas que sobrevolaron la presentación del libro. 

Fuente: Página/12