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Lucha política, cruel y mucha

Hay una “nueva Cristina” que ha recuperado el espacio central y se ve impulsada a ocupar la candidatura presidencial contra su voluntad.

La dirigencia política argentina divide su atención entre este presente tumultuoso y las elecciones del año próximo, que prometen ser una de las más competitivas desde el retorno de la democracia.

Doble de cuerpo. El Frente Dual de Todos transita entre la recuperación del espacio central por parte de Cristina Kirchner y los resultados que pueda producir Sergio Massa. El peronismo y sus votantes están lentamente metabolizando la decepción sufrida por la presidencia de Alberto Fernández y ya no espera más que se termine su mandato.

La nueva esperanza es la de siempre, que Cristina tome el bastón del mariscal de la fuerza creada por el General Perón y que presente una real alternativa al sobreanunciado regreso de Juntos por el Cambio. Lo que sí es claro que la vicepresidenta parece haber renacido políticamente en el lapso ocurrido entre el pedido de pena por parte de los fiscales de la Causa Vialidad y el intento de asesinato por parte de Sabag Montiel y el extravagante grupo de los Copitos.

Una llamada a pie de página sobre Los Copitos. De este grupo, digno de una película de Ed Wood, solo cabe decir aquí que pone el foco en una categoría sociopolítica muy importante, numéricamente hablando en la Argentina de la desintegración, que funciona en la intersección de lo marginal y lo integrado, lo que Marx llamaba Lumpenproletariat que como decía el autor de El Capital tienden a actuar como “instrumentos sobornados de la intriga reaccionaria”.

Volviendo a las alternativas electorales, tres meses atrás el destino de Cristina oscilaba entre el retiro y la senaduría de la Provincia de Buenos Aires. El panorama estaba cerca del derrape económico con el abrupto abandono de Martín Guzmán y la fugaz visita de Silvina Batakis. Todo listo para una derrota asegurada en el 2023 a cargo de cualquier candidato del JxC. Hoy Cristina a partir de su alegato en Youtube recompone los pedazos dispersos del peronismo y logra transformarse en la líder indiscutida.

Más allá del horizonte. Pero esta “nueva Cristina” la está impulsando a ocupar la candidatura presidencial más allá de su voluntad personal. Esto trae algunas consecuencias, la primera: perder el efecto sorpresa de esperar hasta último minuto para tomar una decisión. La segunda, es que corre el riesgo de la contingencia al lanzarse a una desgastante campaña de casi un año, porque además, tiene que salir a buscar adherentes fuera de su núcleo duro, y recuperar provincias casi perdidas como Santa Fe, Entre Ríos o incluso La Pampa. La tercera es que con Cristina candidata no habrá candidatos que deseen enfrentarla en unas PASO, por eso en estos días se fue tanteando la posibilidad de suspenderlas aduciendo razones económicas. La cuarta es que para que su candidatura sea competitiva el peronismo necesita como agua bendita que Sergio Massa genere resultados alentadores para una sociedad mayormente decepcionada. Massa como aquellos santos fue produciendo milagros desarmando la biblia económica K. Sin embargo, corre contra el reloj, y como puede apreciarse la economía argentina presenta tantos desbarajustes que va a ser imposible conformar a todos, en especial a sus propios votantes. También no pocos “compañeros” se preguntan si el programa de Massa lograra los éxitos para que vuelvan al peronismo competitivo, no implicaría automáticamente instalar al tigrense como candidato.

Cambio vs. lo de siempre. El regreso de Cristina quizás termine imponiendo el orden que le falta a Juntos por el Cambio, quien frente a una elección casi regalada estalló en las internas que nadie regula. Hoy Horacio Rodríguez Larreta está entendiendo algo que negó durante todo el año, que Patricia Bullrich está en condiciones de ganarle unas PASO en prácticamente todo el país, incluso en CABA. De esta forma está a tiempo de reenfocar su estrategia que hasta ahora era confusa, incluso para sus votantes fieles. Eso lo va a obligar a regenerar alianzas políticas casi en términos paritarios con actores que va a necesitar si quiere acceder a la candidatura. El ejemplo de Marcos Juárez fue una señal que indica que para llegar a la meta hay que tener otros elementos que recursos materiales, se necesita política. Muchos se preguntan si los resultados de esa ciudad cordobesa podrían hoy replicarse a nivel nacional (55% JxC, 38% peronismo).  

También el panorama en CABA es complejo para JxC. La inmigración de Jorge Macri al distrito base del PRO obviamente tensó la relación con Martín Lousteau, quien consideraba a su candidatura como parte de un acuerdo previo con Larreta. Tampoco Lousteau (quien es un hombre con ambiciones) va a querer enfrascarse en unas PASO de pronóstico reservado, aunque tiene dos ases en la manga, el primero, referenciarse como porteño frente el ex intendente de Vicente López, la segunda, es introducir un tercer candidato que pueda partirle el voto del PRO (una vieja trapisonda universitaria) para convertirse prácticamente en el nuevo alcalde, con la certeza que en CABA JxC va a ser una elección histórica. La tercera figura que aparece en condiciones de desbalancear cualquier primaria es María Eugenia Vidal, quien sigue manteniendo su imagen positiva dentro del votante duro del PRO.

Más líos para este boletín… La situación en PBA genera nuevas intrigas. La alta probabilidad que Axel Kicillof vaya por la reelección acompañando en la boleta a Cristina Kirchner, hace replantear la candidatura de Diego Santilli. El hoy diputado abandonó la vice jefatura de CABA para fortalecer su presencia hacia la Gobernación, pero hoy ni siquiera logra avanzar en la tasa del conocimiento de su figura, especialmente en la tercera sección electoral, la base peronista a vencer. Por eso se comienzan a barajar otros nombres, pero, aunque parezca que el marketing político puede resolver todo con uno pases mágicos, instalar un candidato es una tarea ciclópea. Solo una figura totalmente disruptiva como Javier Milei puede lograr que en dos años todo argentino sepa de su existencia, algo que no logran políticos de carreras de treinta años. Kicillof corre con una ventaja extraña, en pleno enfrentamiento entre Cristina y Alberto, optó por bajar el perfil y evitar el fuego cruzado. Igual soportó la casi intervención política del distrito con Martín Insaurralde, pero ahora el peronismo tampoco tiene otra figura para jugar en su territorio central. Todo en la mesa para ganar o perder.

Por Carlos de Angelis – Perfil