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La misión de Massa

La ofrenda a las grandes cerealeras y el viaje a Washington traen oxigeno para las reservas. El mercado está votando a un superministro que ajusta con apoyo de Cristina y resetea al kirchnerismo en los hechos. El desfasaje.

Desde que Mauricio Claver-Carone asumió como presidente, hace casi dos años, los 14 directores del Banco Interamericano de Desarrollo nunca se habían reído tanto. El cubano americano que llegó de la mano de Donald Trump a quedarse con un sillón que perteneció siempre a América Latina y romper con una tradición de 60 años se volvió irreconocible para todos: pasó de ser el principal enemigo de la Argentina peronista a socio del operativo de salvación que comanda Sergio Massa. Residuo del trumpismo bajo la administración Biden, Claver-Carone fastidió a Alberto Fernández desde antes de que asumiera como presidente. Como encargado de Asuntos del Hemisferio Occidental, Claver-Carone lo visitó en México en noviembre de 2019 junto al empresario argentino Gustavo Cinosi y el histórico halcón republicano Elliot Abrams, que trabajó a las órdenes de Ronald Reagan y los dos Bush. El 10 de diciembre, cuando Fernández vivía uno de los mejores días de su vida, Claver montó un escándalo que propagaron a nivel global sus amigos de Miami y se fue espantado de la Casa Rosada al ver un funcionario venezolano.

Enemigo de un Gustavo Beliz que fracasó en el intento de quedarse con su lugar, el burócrata que posó a pura sonrisa esta semana con Massa en Washington incumplió en los últimos seis meses con la entrega del préstamo que ahora se predispone a otorgar sonriente para la Argentina. 

El crédito que venía atado al acuerdo con el Fondo estaba cerrado hace un año, había pasado todas las instancias administrativas y debía ser ejecutado en el segundo trimestre de 2022. Pero Claver no lo trataba en el Comité del BID y no lo pasaba al directorio. Ni las gestiones del Tesoro de Estados Unidos ni la presión de Kristalina Georgieva lograban disuadirlo. De histórica relación con Beliz, el director argentino Guillermo Francos discutió con él en por lo menos 5 oportunidades. Algo lo hizo cambiar de manera repentina: el arte de un Massa hiperactivo, la influencia de un amigo común, el senador anticastrista Bob Menéndez, o la necesidad de un trumpista residual que debe afrontar los resultados de una investigación en su contra y necesita el voto de Argentina para sobrevivir.

En los próximos días, el poderoso estudio de abogados Davis Polk presentará el informe que se elaboró durante tres meses y le encargaron a partir de una denuncia anónima que acusaba a Claver de malversar fondos del banco y tener relaciones con una empleada. De repente, el ex funcionario de Trump y su jefa de gabinete Jessica Bedoya parecen haber recuperado la virtud de la humildad.

Massa logró un préstamo -nueva deuda- de 1200 millones de dólares del BID para las reservas del Banco Central y lo promocionó como parte de un paquete en el que llueven divisas para un gobierno que espera reducir así la brecha cambiaria. 

Las relaciones con la administración Biden siguen siendo de lo más estrechas. Massa tuvo una maratón de reuniones con empresas y hasta consiguió una foto con Jake Sullivan, que pasó a saludar tras el encuentro que el ministro mantuvo junto a Jorge Argüello con el consejero económico de Biden, Mike Pyle. También hubo tiempo para una cena distendida en la casa del embajador argentino en Washington. Ahí conversaron largamente con el asesor principal de Biden para América Latina Juan González y el embajador Marc Stanley, al que nadie en la comitiva argentina emparentó con Spruille Braden. De ahí surgió la posibilidad del intercambio de información entre la AFIP y el IRS de Estados Unidos que, tal como contó LPO, Massa le pedirá mañana a David Lipton, el numero dos del tesoro norteamericano.

El superministro difunde una hoja de ruta de lo más ambiciosa y ya se lanza a anunciar que la brecha se comprimirá del actual 90% al 30% en marzo. Creer o reventar.

A la devaluación acelerada del dólar oficial se le suma el gran premio que el superministro le acaba de otorgar a un grupo de gigantes liderados por Cargill, Bunge, Dreyfus, Cofco y Aceitera General Deheza de Roberto Urquía. El magnate cordobés, que era uno de los senadores más elogiado por Cristina hasta el conflicto por la resolución 125, abandonó su extremo perfil bajo y hasta interrumpió su descanso para venir el domingo pasado a recibir la ofrenda de Massa. El gobierno del Frente de Todos no tuvo los “cojones” que reclamaba Urquía a fines de marzo pasado para afectar a los intereses de los bancos, las petroleras y la minería. Pero al menos le concedió a los sojeros una devaluación a medida para que liquiden con el dólar a 200.

Todo se explica por la necesidad extrema de divisas que domina al peronismo y se da en en el marco de exportaciones récord y superávit comercial excepcional. Los dólares que entraron se fueron a pagos de deuda y -aunque se diga menos- a cubrir las necesidades del sector privado que se endeudó bajo el gobierno de Macri: en 2021, según los números que guardan bajo llave en Economía, el Banco Central de Miguel Pesce le entregó 14.500 millones de dólares baratos a un grupo de grandes empresas de la Argentina.

El llamado “dólar soja” es una victoria de las cerealeras que lideran el Consejo Agroindustrial y vuelven a demostrar que le pueden doblar el brazo al gobierno sin necesidad de largas mesas de debate. La ventana devaluatoria es el equivalente a retenciones cero que prometía aquel Mauricio Macri todavía virgen en ruidosos fracasos. Pero con precios internacionales que se dispararon en los últimos tres años.

El premio a las grandes fortunas sojeras que Massa concede al mando del Frente de Todos llega apenas unos meses después de que el presidente Fernández se quejara de los 20.000 millones de dólares que estaban guardados en los silos. Los agroexportadores reunidos en CIARA-CEC liquidaron por adelantado U$S 1500 millones en cuatro días y el Banco Central logra acumular U$S 1000 millones de reservas. La diferencia, que el gobierno le entrega al agronegocio, se pagará con emisión: alrededor de 300 mil millones de pesos, una formidable transferencia de ingresos, que no recibe casi cuestionamientos de parte de las consultoras del mercado y que convierte en un chiste los 10 mil millones de Adelantos Transitorios que Massa le devolvió al Central cuando asumió. La maquinita que le gusta a “la gente”.

Está claro que el gobierno respira y gana tiempo. Pero esta devaluación de facto con fecha de vencimiento abre una serie de interrogantes. Primero, cómo atravesará el gobierno los seis meses que quedan hasta que empiece la liquidación de la próxima cosecha y cómo hará frente en ese período a la salida de dólares por importaciones, turismo y pagos de deuda. Después, qué hará entonces para lograr que los pulpos oleaginosos colaboren. ¿Cargill, Bunge, Dreyfus, COFCO y AGD van a estar dispuestos a liquidar al dólar oficial o van a pedir otra vez el dulce del dólar soja? Si la respuesta es no, el gobierno tendrá que volver a pagar o con emisión con ajuste sobre otros sectores. Si no logra reducir la brecha a los niveles que pretende en marzo, el superministro estaría solamente aplazando la devaluación para la antesala de las elecciones.

Por lo pronto, el éxito de Massa se expresa en la repentina estabilidad que se advierte en el dólar paralelo y la recuperación de los activos argentinos. Suben las acciones de empresas como Cresud de Eduardo Elzstain, Tenaris de Paolo Rocca, Galicia de Escasany-Ayerza-Braun y el Banco Macro de la familia Brito. El mercado ya expresó su voto. La pregunta es por qué. ¿Es la capacidad indudable de Massa o es el apoyo decidido de Cristina para un proceso que combina grandes concesiones a sectores de alta rentabilidad con un ajuste muchísimo más agresivo que el que pretendía Martín Guzmán?

Entre los economistas del peronismo ejecutivo, no hay dudas. Frente a los fantasmas de Argenzuela que compran caro los fondos de inversión y los bancos que contratan a los gurúes argentinos, Cristina acaba de despejar casi todas las dudas. Junto con el dólar-soja y la ofrenda del bono dual para el sector financiero, Massa avanza con un programa de esencia cambiemita: el fuerte aumento de tarifas, la pronunciada suba de la tasa de interés que encarece el crédito productivo, el recorte de partidas y, sobre todo, el ajuste sobre jubilaciones y salarios estatales.

Impactada todavía por el intento de magnicidio que la tuvo como objetivo hace apenas unos días y recluida en algún lugar de la provincia de Buenos Aires, la vicepresidenta parece haber renovado su fe. No por la misa que organizó Eduardo De Pedro en Luján sino por la apuesta en favor de un sendero desconocido para el cristinismo.

“Lo que frenó la corrida y ahora trae estabilidad es la firme decisión de Cristina que sin aparecer se pone al frente de este proceso. Eso es lo que está viendo el mercado”, dice un economista de consulta en distintas alas del peronismo. La vicepresidenta ya no denuncia el ajuste de su propio gobierno: ahora lo avala. Pese a que el rumbo económico contradice el manual que el kirchnerismo recitó hasta hace dos meses, el Frente de Todos se mantiene compacto y la mayor parte del oficialismo afirma que se respira otro aire porque el gobierno dejó de caer. El mercado frenó la corrida y reorientó a su favor la política económica del peronismo, mientras adentro permanecen pese a todo los sectores que amagan con una ruptura como como el que lidera Juan Grabois.

Hay un desfasaje evidente. Mientras el mercado adelanta su apuesta por el proyecto Massa, lo que todavía no se percibe es el costo de las decisiones que se están tomando. El dato de la inflación de la semana próxima expresará el contraste entre el optimismo que llega desde Washington. Nadie en el oficialismo puede pensar que el proceso de reducción del déficit fiscal para cumplir con el Fondo puede redundar en mejoras del poder adquisitivo. Todo lo contrario. Para evaluar la operación Massa, habrá que esperar al momento en que coincidan las consecuencias sociales y políticas de las medidas que hoy provocan alta satisfacción en el mercado. No es que Cristina no lo sepa, pero cuando vea las encuestas tal vez reconsidere el apoyo inédito que le proporciona al ajuste más severo que encaró el cristinismo en toda su historia.

Lo que se está haciendo no es poco. Basta escuchar al gran influencer Carlos Melconian. Tal como contó LPO, el director del IERAL está feliz con un kirchnerismo que pierde la virginidad y se entrega a la ortodoxia más pura y más severa. “Sin cinismo, desde la buena leche, estoy muy contento. Es lo mejor que nos ha ocurrido desde lo conceptual. No Massa, este gobierno, esto para la Argentina es buenisimo porque han perdido la virginidad”, dijo el economista que se formó en la escuadra de Miguel Angel Broda, hace unos días en la Bolsa de Comercio. No es su estilo, pura modestia, pero después de reunirse durante tres horas con CFK, el heredero de Domingo Cavallo en la Fundación Mediterránea hasta podría presentarse como el padre de la criatura: el modelo todista de la última hora. Sin embargo, la misión de reescribir la historia del kirchnerismo en tiempos de escasez, con una nueva pedagogía del ajuste, está a cargo de Massa.

El raid de Massa en Washington y las promesas de inversiones para Vaca Muerta que las petroleras hicieron en Houston se repetirá en dos semanas cuando el presidente Fernández viaje para hablar ante 60 empresas en Texas y reunirse con Biden en Washington. Mañana, el superministro tendrá su encuentro con Georgieva y tres funcionarios claves del gobierno demócrata. En primer lugar, Lipton -el mismo que firmó por presión de Trump el préstamo para Macri desde su sillón en el Fondo y ahora secunda a Janet Yellen-. Además, el subsecretario de Asuntos Internacionales Andy Baukol y subsecretario adjunto para asuntos del Hemisferio Occidental y Asia Michael Kaplan. Son exactamente las mismas personas que recibieron a Silvina Batakis, a fines de julio, creyendo que todavía erala ministra de Economía de la Argentina. 

Por Diego Genoud – LPO