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La carrera de Massa contra el tiempo

Mayo es la fecha límite del ministro para mostrar resultados económicos. El equilibrio dentro del FdT y la búsqueda de votos en el Norte Grande. 

Sergio Massa corre contra el calendario. Aunque se haya prohibido a sí mismo hablar de una candidatura presidencial, el ministro de Economía sabe que las chances electorales del Frente de Todos para 2023 y, eventualmente, las propias dependen de un solo factor: que en mayo del año próximo, el gráfico que muestre la evolución de la inflación dibuje una curva que descienda de forma de constante y contundente, sin alteraciones ni posibilidades de repunte. Más que un “sendero decreciente”, una flecha hacia abajo. 

El quinto mes del año funge, por ahora, como fecha límite de definiciones. Así será, al menos, mientras el Congreso no vote la suspensión de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), que deberían celebrarse en agosto. De mantenerse tal como están, la lista de postulantes se cerrará entre la tercera y la cuarta semana de junio. Para entonces, la suerte del oficialismo estará echada. Puertas adentro, las fórmulas terminarán de cocinarse antes, como en 2019, cuando Cristina Fernández de Kirchner ungió como candidato a Alberto Fernández. El anuncio público fue el 18 de mayo.

El tiempo juega en contra. El primer trimestre del año suele ser inflacionario, al igual que el último, impulsado por los consumos de las Fiestas y el turismo. Marzo marca aumentos en educación, prendas de vestir y servicios, asociados al fin del verano y al inicio de la actividad fuerte del año. Aunque en el Ministerio de Economía no quieren dar números fijos, entienden que, para que exista alguna chance de éxito, el índice de precios al consumidor que se conozca en abril deberá estar más cerca de 4 puntos que de 5. En septiembre, la inflación fue del 6,2%.

En el Frente Renovador aseguran que la misión no es imposible. Se trata de desanclar las expectativas del futuro de la inercia inflacionaria que empuja desde el pasado. Las expectativas son tan altas que hasta en el equipo de Massa creen que la proyección del 60% de inflación que marca el Presupuesto 2023 tiene un tinte pesimista. El número podría ser menor si los planetas siguieran alineados, con acumulación de reservas y ordenamiento político.  

Mientras, Massa busca ganar tiempo. Por eso, entre otras razones, el ministro propicia la suspensión de las primarias. Cuanto más avance el calendario, más chances tendrá de mostrar resultados. En eso trabaja junto a su equipo, que juran que la candidatura presidencial no forma parte de las conversaciones, ni siquiera en la intimidad, aunque un éxito en la gestión lo convertiría en un candidato natural del oficialismo.

“Hay que adelantar diciembre de 2023 todo lo posible a junio”, dice un hombre que dialoga a diario con Massa. En el Palacio de Hacienda flota un lamento, la sensación de que el ministro desembarcó en la gestión seis meses tarde, fruto de la interna política del Frente de Todos (FdT), que consumió capital político y resultados económicos.

Junio mostrará un alivio en la balanza comercial, cuando la puesta en funcionamiento del gasoducto Néstor Kirchner exima al país de la necesidad de destinar dólares a la importación de energía. En el primer semestre de 2022, el déficit comercial en el sector energético fue de casi cuatro mil millones de dólares. Con el gasoducto en marcha, el ahorro del invierno 2023 será vital para una administración que hace del cuidado de cada dólar una causa de Estado. La perspectiva mejora exponencialmente para diciembre de ese año, cuando se supone que, además de autoabastecerse, Argentina estará en condiciones de exportar gas y, en consecuencia, de generar más divisas. 

Podría ser tarde. En las peores pesadillas del oficialismo, ese escenario ideal de lluvia de dólares se dibujaría cuando ya el FdT hubiera perdido el gobierno a manos de Juntos por el Cambio. “Estamos a tiempo, el peor momento ya pasó. Estuvimos al borde del abismo: evitamos la devaluación, se recompusieron reservas, baja la inflación, se calmó el dólar y tenemos un ministro con autoridad política”, alienta un dirigente del FdT del Norte del país, que se entusiasma con la “sensación de estabilidad” que, considera, generó el desembarco del expresidente de la Cámara de Diputados en el gabinete.

Tironeado entre los distintos sectores de la coalición, Massa trata de mantener el buen diálogo con todos. Busca mostrarse en un papel complementario al de Fernández y no como su eventual competidor, alimenta el diálogo con Cristina Fernández de Kirchner, refuerza el vínculo con gobernadores, habla con la CGT y los movimientos sociales y mantiene línea directa con Máximo Kirchner, a pesar de algunas diferencias.

Massa bajó a su tropa la orden estricta de no meterse en las disputas ajenas y no responder críticas internas. En el Frente Renovador nadie saca los pies del plato, ni siquiera con el malestar que generaron las declaraciones de Kirchner, cuando dijo que las cerealeras habían puesto “de rodillas” al Gobierno con el dólar soja. Fue después de que Economía se asegurara la liquidación de más de 8.300 millones de dólares. Los laderos del ministro remarcaron que, de haber querido boicotear la medida, Kirchner se habría quejado antes de su implementación y no a posteriori y que el camporismo se debe a su electorado. 

Algo similar pasó el miércoles, con la reunión que organizaron en La Plata el gobernador Axel Kicillof, Kirchner y otras figuras del kirchnerismo, a la que el massismo no fue invitado. “Si se manejan por sector, nosotros vamos a hacer lo mismo cuando analicemos el Presupuesto”, mandó un mensaje un referente del Frente Renovador bonaerense. La situación se recompuso en cuestión de horas. 

La discusión por las PASO sigue en el aire. A tono con la lectura del ministro, un sector del kirchnerismo insiste en la necesidad de avanzar en la suspensión de las primarias. Los motivos no son solo económicos. Van desde la obvia conveniencia de arrebatarle a JxC una herramienta con la que podría ordenar una interna feroz hasta la especulación sobre el armado de las listas, cuando se vislumbra una derrota en las urnas y el Congreso podría oficiar como refugio para los sectores vencidos.

“Todos saben que va a ser imposible repetir el resultado de las elecciones de 2019 y meter la misma cantidad de diputados y senadores”, razonan en la Casa Rosada. Aquel 45,27% le dio al FdT 64 bancas en la Cámara baja y 13 en el Senado. Las encuestas marcan que ese número está demasiado lejos. Aun si existiera una chance de victoria para el oficialismo, la representación de cada espacio en el Congreso se vería reducida. Por eso, será crucial saber si la integración de las listas se hará por consenso, como en 2019, o por lo que digan las urnas en las PASO.

En ese contexto leen los sectores anticristinistas el envión inicial que le dio el Instituto Patria al debate sobre la suspensión de las primarias. Dicho en criollo, creen que Cristina buscará copar las listas de 2023 con la tropa propia, a sabiendas de que el FdT marcha rumbo a una derrota. 

El 17 de octubre mostró el inicio de la disputa. La CGT lanzó un espacio propio y se quejó por la supuesta sobrerrepresentación de La Cámpora. Desde Plaza de Mayo, Kirchner le enrostró a Héctor Daer su ausencia cuando la Cámara de Diputados votó la ley que consagró el pago a los fondos buitre, en 2016. Olvidó mencionar el voto a favor de Massa y de todo el Frente Renovador, a excepción de los ausentes, Daer y Facundo Moyano. En La Matanza, el Movimiento Evita pidió la continuidad de las PASO, en línea con el deseo del Presidente.

La pelea entre La Cámpora y el tándem anticristinista que formaron los movimientos sociales y la CGT continuó a fines de esta semana con una insólita guerra de tuits. Massa se mantuvo al margen, con el mantra de que tiene demasiados problemas con la economía para meterse en temas políticos. 

Le preocupan otras cosas. Aunque las relaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos multilaterales fluyen con éxito, en el último viaje a Estados Unidos parte del equipo percibió que, además de elogiar las medidas económicas, los interlocutores empezaban a preguntarse por la situación política local y la persistencia – o no – de los ruidos internos en el Gobierno.

El ministro quedó en los últimos días en el fuego cruzado entre la alianza del kirchnerismo y Juan Grabois, que propició el pago de un bono para indigentes, y las organizaciones sociales, como el Evita, que lo rechazaron. Massa jugó esta vez a favor del reclamo de Cristina e hizo el anuncio junto a Fernanda Raverta, la camporista titular de la ANSES.

El otro punto todavía en disputa es el pedido de una suma fija para los trabajadores registrados que dejaron en Plaza de Mayo Kirchner y sectores del sindicalismo cristinista. La medida tiene el rechazo de la CGT, que brega por la discusión en paritarias. Por ahora, el Gobierno, con anuencia de Massa, inclina la balanza hacia el planteo de la central obrera. Una de cal y una de arena.   

Miren al Norte

Los gobernadores del Norte Grande lo recibieron con los números en la mano. Aunque la reunión había sido agendada, en un principio, para el miércoles 19 en Buenos Aires, Massa voló a Santiago del Estero un día antes para escuchar personalmente las demandas de los mandatarios provinciales. Desde la provincia que gobierna Gerardo Zamora anunció la suba del mínimo no imponible de Ganancias. Fue un gesto bien recibido. 

Un par de días más tarde, algunas de las promesas que Massa dejó en Santiago quedaron reflejadas en el Presupuesto 2023. En las partidas se incluyó una asignación de 85 mil millones de pesos para la región destinada a corregir asimetrías en materia de subsidios. Además, se incorporó la instalación de una zona aduanera especial para Misiones, un reclamo histórico del Frente Renovador de la Concordia, el espacio que conduce Carlos Rovira. El exgobernador hizo público su agradecimiento. El ministro también prometió una tarifa energética diferencial para el verano, por las altas temperaturas

Aunque durante la reunión no se habló sobre la eventual candidatura presidencial de Massa, algunos de los asistentes se encargaron de filtrar su apoyo al ministro. “Si Sergio logra acomodar la economía, puede ser competitivo”, dijo uno de los mandatarios. Zamora fue uno de los más entusiastas. El otro fue el salteño Gustavo Sáenz, como Rovira, aliado de Massa desde antes de que existiera el FdT. El formoseño Gildo Insfrán, cercano a Cristina, también se fue contento. Todos saben, igual, que sin baja de la inflación no hay paraíso. 

Insfrán es el presidente del Congreso Nacional del Partido Justicialista, que se reunirá entre febrero y marzo para empezar a dejar algunos lineamientos electorales. Espera, para entonces, que el escenario económico esté más claro. Entre los gobernadores de peso en el partido recuerdan que el armado del FdT fue el resultado de un acuerdo entre Cristina y los propios mandatarios y que la vicepresidenta impuso, por su cuenta, la candidatura de Fernández. Esperan que el modus operandi no se repita en 2023. Buscarán acordar con Cristina el nombre del candidato. Massa pica en punta entre algunos y el kirchnerismo impulsa a Cristina, pero la lapicera sigue en manos de Fernández, que es titular del PJ, columna vertebral del FdT, y tiene posibilidades constitucionales de pelear por la reelección.

El Norte Grande es la región que puede hacer la diferencia en términos electorales para el FdT. Según los datos del padrón 2021, las diez provincias que forman la región concentraron 7,5 millones de personas en condiciones de votar. En el conurbano bonaerense hay cerca de diez millones. La provincia de Buenos Aires y el Norte Grande suman el 55% del padrón electoral. En tanto, la región centro, donde domina JxC, tiene casi 11 millones. Por eso, el peronismo del Norte Grande insiste desde hace tiempo en que el Gobierno debe enfocar su búsqueda de votos donde tiene mayor potencial para ganarle al macrismo. Aunque para la candidatura 2023 todavía falte un largo trecho, Massa hace mucho que tomó nota.

Por Gabriela Pepe-Letra P