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A qué juega el establishment

Presiona sobre el dólar y las tasas, pero apuesta a las acciones argentinas

El dólar blue llegó este viernes a un precio récord, 369 pesos, tras una trepada de 50 pesos en apenas un mes. La acción de YPF en Nueva York alcanza un valor que representa un salto del 275% en dólares en tan sólo seis meses. Ninguno de esos dos activos financieros se mueven solos: los dólares financieros, contado con “liqui” y MEP, siguen la misma tendencia que el blue, mientras que las acciones de otras empresas argentinas energéticas y bancos marchan en el mismo sentido que YPF. ¿Optimismo del mercado por el futuro de la economía argentina expresado en los valores de las empresas? ¿Temor a un descalabro inminente que se refleja en el espectacular aumento de la brecha cambiaria? Señales contradictorias, pero que marcan el alto grado de incertidumbre que pesa sobre una economía, como la argentina, muy atada a “los humores del mercado” y a los intereses encubiertos detrás de ellos. 

Página12 indagó entre expertos y analistas para tratar de encontrar qué se oculta detrás de movimientos tan bruscos en la plaza financiera y cambiaria, a apenas dos semanas de haberse iniciado un año lleno de interrogantes, políticos y económicos.

Hay coincidencia entre observadores de distinto enfoque doctrinario en que el salto del dólar en estas semanas es “algo más que un efecto de la demanda turística”. En opinión de Alejandro López Mieres, analista financiero y ex vicepresidente de Nación Bursatil (grupo Banco Nación), “la tendencia del blue va en línea con lo que se está viendo en los dólares financieros, el MEP y el CCL, lo cual parece indicar que el mercado está anticipando ciertas inconsistencias fuertes en la macroeconomía; es decir, están viendo mayor presión por una devaluación durante el año y que el gobierno no va a tener los dólares necesarios para soportarlo; pero eso es lo que ve el establishment financiero, hay que ver cómo responde el gobierno ante este posicionamiento del capital especulativo”, aclara. 

Desde un enfoque sustancialmente diferente, Pablo Wende, destacado analista desde la vereda promercado, escribía pocos días atrás que “súbitamente, la Argentina volvió al radar de los grandes inversores. A partir de febrero comenzarán a desembarcar los administradores de cartera de distintos fondos globales, que quieren ver si realmente el país se encamina a una situación diferente. Poco importa desde esa mirada si la inflación será un punto más o menos en enero. Ni siquiera si la cosecha será peor a la del año pasado y faltan dólares. La única variable realmente importante para los grandes fund managers es si el próximo diciembre empezará un verdadero cambio de régimen político en la Argentina”.

Por un lado, López Mieres señala los factores por los cuales el establishment financiero apuesta contra el peso para la temporada que se inicia. Por el otro, Wende indica la voracidad de hacer negocios en el país de ese mismo establishment, apostando a que en las elecciones de octubre cambie el signo político.

¿Dos conductas contradictorias de un mismo sujeto? No: absolutamente complementarias. 

López Mieres comparte que el establishment apuesta “a la expectativa de que, en diciembre, ellos retornen al control directo de la economía y se produzca el retiro de la alianza populista, como ellos llaman al actual gobierno”. El analista e integrante además del IPyPP (instituto de investigación sobre políticas públicas) advierte que, para ese sector de la economía especulativa, “Argentina enfrenta este año tres escenarios posibles de catástrofe: explosión del dólar oficial, default de la deuda en pesos o un rebrote sin control de la inflación. Es lo que esperan, e imaginan que van a sacar ventaja de cualquiera de ellos”. 

La pulseada entre este sector especulativo y el gobierno sería por ver hasta dónde este último puede sostener una política que busca a la vez neutralizar la fuga hacia el dólar, mantener las reservas, evitar que se desplome la actividad económica por falta de divisas y, a la vez, seguir desacelerando la inflación a lo largo del año.

¿Por qué, entonces, el establishment financiero apuesta, a la vez, a las empresas líderes argentinas (incluso YPF, bajo control estatal) y a la presión cambiaria contra la moneda argentina? “Justamente, porque apuesta a adelantarse a un escenario de catástrofe, cualquiera de ellos, y que esa explosión se produzca”, responde López Mieres cuando se le traslada la pregunta. Además, esos sectores preferirían que le pase a este gobierno y no que le quede como riesgo latente a un gobierno próximo, que imaginan sería el suyo. 

Pero, a su vez, confían en que hay sectores claves que este mismo gobierno va a preservar y, por lo tanto, no pagarán los costos de una eventual crisis, y hasta podrían salir beneficiados. En esta categorización entran, claramente, las firmas energéticas y financieras. 

Piedra y camino

El sendero económico a transitar en este 2023 está lleno de obstáculos, que no son sólo producto de la imaginación de especuladores. El gobierno está obligado a rodearlos o ir esquivándolos para no dejarle el terreno abonado a quienes vienen sembrando más obstáculos. 

Repasando algunos de los problemas serios a sortear en este período:

* Ingreso de dólares. El informe de la Bolsa de Cereales de esta última semana pone de manifiesto que el impacto de la sequía sobre el ingreso de divisas será imponente: pérdida de u$s 9100 millones de exportaciones en el escenario climático más moderado y de más de u$s 14.200 millones en el más grave. Ambas cifras, respecto de lo esperado al inicio de la campaña (septiembre de 2022). 

* Egreso de dólares. El gobierno saca cuentas esperando una reducción de las erogaciones en importación de energía, contando con la entrada en servicio del gasoducto Néstor Kirchner desde el 20 de junio. Además, cierta “moderación” en la demanda de insumos para la industria si se “plancha” la actividad o crece poco. Lo que no aparece en esas cuentas es que el endeudamiento comercial por importaciones en 2022 se elevó en casi 9000 millones, que ahora presionarán para su cancelación, al menos parcial en este ejercicio. Cuestiones como éstas alimentan la ilusión de quienes ven un escenario de devaluación del tipo de cambio oficial como “una fruta madura” a punto de caer.

* Deuda en pesos. El canje de los títulos de deuda en pesos del Tesoro con vencimiento en el primer trimestre logró “despejar el peligro inmediato” de exigencia de pago de unos 3 billones (millones de millones) de pesos, pero con despeje corto. Gran parte de los mismos recayeron en plazos que no superan el mes de julio (justo antes de las PASO, no casualmente). Con lo cual, se estima que los vencimientos de los próximos seis meses ya superan los 10 billones de pesos. ¿Qué condiciones exigirá la banca para otorgar un refinanciamiento más largo? Los especuladores (y analistas funcionales) ya hablan de “reperfilamiento” y se frotan las manos. 

Tasas de interés e inflación. Mientras el Ministerio de Economía puede exhibir como un gran paso adelante haber bajado de niveles de inflación superiores al 7 mensual (julio/agosto) al escalón del 5 (noviembre/diciembre), la tasa de interés de referencia del Banco Central (la pasiva, que reditúa a los plazos fijos) se mantuvo en el 6,25%, su máximo nivel alcanzado. 

La dolarización de carteras es más que “un fantasma que sobrevuela la city”: es el temor central del gobierno, lo que puede dinamitar todo el esquema oficial. Si las altas tasas implican recesión, para el gobierno es el “mal menor” frente al costo de una devaluación masiva. No por nada, desde ese flanco se escucha venir el ataque de quienes especulan y, además, ya tienen jugadas sus fichas para las próximas elecciones.

Por Raúl Dellatorre – Página/12