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Caso Dalmasso: qué decían los informes del FBI que ahora son clave en el jury contra los fiscales acusados de mal desempeño

Documentos reservados enviados desde Estados Unidos trazaron hipótesis sobre el asesinato y dejaron sugerencias a la Justicia cordobesa. Su contenido se convirtió en una pieza central del proceso que busca determinar responsabilidades en la investigación

En septiembre de 2009, agentes del FBI aterrizaron en Córdoba para ayudar en la investigación por el crimen de Nora Dalmasso. Habían sido convocados por la Justicia provincial ante un expediente trabado y sin avances claros. En ese momento, los únicos imputados en la causa eran Facundo Macarrón, hijo de la víctima, y el pintor Gastón Zárate, conocido como “El Perejil”.

Los agentes analizaron el material que les entregaron: entrevistas, informes, fotos, y hasta recorrieron la casa donde ocurrió el asesinato. Al regresar a Estados Unidos, elaboraron dos informes oficiales, que forman parte del expediente y a los que accedió Infobae.

Esos documentos, con observaciones y advertencias puntuales, hoy son clave en el jury que enfrentan los tres fiscales acusados de mal desempeño y negligencia grave.

Perfil y rutina de la víctima

El primer informe, elaborado por el Centro Nacional para el Análisis de Crímenes Violentos del FBI, arranca con un repaso detallado de las últimas horas de Nora.

El cuerpo de la víctima fue hallado por un vecino el domingo 26 de noviembre de 2006, en el dormitorio de su hija, dentro de su casa en el barrio cerrado Villa Golf de Río Cuarto. Estaba sola. Su esposo, Marcelo Macarrón, se encontraba en Uruguay participando de un torneo de golf. Su hijo, en Córdoba capital, y su hija, en Estados Unidos.

El viernes previo, Nora almorzó con su madre, nadó en la pileta, hizo varias llamadas telefónicas, y por la noche salió a una exposición de arte y luego a un club con amigas. Regresó a su casa después de las 3 de la madrugada. Contestó mensajes de texto a las 3:22. Todo indica que se bañó y se preparó para dormir en la cama donde al día siguiente la encontraron desvestida y con el cinto de la bata alrededor de su cuello.

Los agentes estadounidenses trazaron un perfil de Nora. Describieron su rutina, su vida social y los vínculos familiares. Apuntaron que era una mujer de 51 años, casada, con dos hijos, activa en la empresa familiar y muy atenta a su imagen personal. De hecho, era conocida por usar maquillaje incluso en su vida íntima. Tenía un círculo de amigos cercano y había mantenido por lo menos una relación extramatrimonial, según los investigadores.

El informe destaca que la familia no llevaba un estilo de vida riesgoso, aunque la casa había sido robada dos años antes y solían dejar puertas sin llave. También señala que, al momento del asesinato, la vivienda estaba en refacciones, con obreros entrando y saliendo, algo que a Nora le inquietaba en los días previos al crimen, por lo que le había pedido a su esposo que no viajara a Uruguay.

La mecánica del asesinato

En la parte central del informe, el FBI analiza el crimen en detalle. Nora fue abusada sexualmente antes de ser estrangulada hasta la muerte. Quedó claro que aquella madrugada de noviembre no esperaba recibir a nadie. Se había quitado el maquillaje antes de acostarse, lo cual “demuestra que tenía la intención de ir a la cama sola”. Eso se dedujo de los testimonios incorporados a la causa.

Respecto del momento en que ocurrió el ataque, se dijo: “Desde el punto de vista de su comportamiento, la hora de su muerte parece ser determinada, correctamente, para el sábado por la mañana”.

Para los agentes, el móvil fue sexual. No hubo motivación económica ni personal. La billetera de la víctima, con más de $800 en efectivo, quedó en el dormitorio. También un reloj Rolex y siete anillos. No faltaba nada. Las personas del entorno más cercano tenían coartadas sólidas y no existían antecedentes de conflictos graves.

El FBI también sostuvo que el crimen fue cometido por un solo autor. Explica que, de haber participado más de una persona, se habrían registrado mayores daños en el cuarto y en los objetos cercanos.

También se explicó que la seguridad del barrio, las lluvias intensas de esa noche y el horario refuerzan la idea de que fue alguien que conocía la rutina de la víctima y el acceso a la casa. El asesino entró probablemente por una puerta trasera o un balcón del segundo piso, que podía estar sin llave por las obras en la vivienda. La puerta principal estaba cerrada con llave y no había señales de forzamiento.

“Treparse para entrar en la casa en medio de la oscuridad y la lluvia con la esperanza de encontrar una puerta abierta es poco probable”, razonaron los agentes, y determinaron: “El delincuente tuvo que haber sabido de antemano que podía encontrar una entrada en la parte de atrás de la casa”.

Asimismo, descartaron que se haya tratado de un crimen “no planificado”, cometido por alguien que haya estado esa noche dando vueltas por el barrio, haya pasado casualmente por la casa de los Macarrón y haya visto las luces prendidas. Una hipótesis improbable.

Y un dato más que establecieron: quien ingresó sabía que Nora estaría sola esa noche.

“Desde el punto de vista de su comportamiento, el sospechoso parece haber sido un hombre solitario quien agredió a Nora por razones sexuales. Él no solamente supo cómo entrar en el vecindario sin levantar sospechas, sino también cómo entrar en la casa de los Dalmasso. Él fue a la casa en horas tempranas de la mañana del sábado 25 de noviembre de 2006 y probablemente usó la entrada de atrás para obtener el acceso”,reza el informe.

Y sigue: “Puesto que la violencia sexual parece haber sido el motivo del delincuente, quizá no sea coincidencia el que el esposo de Nora no se encontrara en la casa la noche del crimen: el delincuente pudo haber sabido con certeza que ella estaría sola esa noche. Estos factores deberían tomarse en consideración, ya que pueden aplicar a las personas bajo sospecha de haber cometido el crimen”.

Sugerencias y advertencias para la investigación

En un apartado de sugerencias, el FBI recomendó avanzar con el análisis de ADN, pero advirtió que la presencia de material genético en la escena no probaba por sí sola la implicación en el crimen. También, que se debía eliminar sistemáticamente a los sospechosos existentes antes de buscar nuevos. Propuso así que cada sospechoso fuera entrevistado a fondo y ubicado en la línea de tiempo. Incluso planteó la posibilidad de aplicar detector de mentiras para descartar personas.

Los agentes pidieron que se investigaran las marcas en el cuerpo de Nora, como un hematoma en la zona vaginal y pequeñas lesiones en los pezones, para determinar si eran parte de prácticas sexuales habituales o signos del ataque. Aconsejaron interrogar al esposo y a algún posible amante sobre estos detalles.

Por otro lado, recomendaron revisar los antecedentes penales y conductas sospechosas de todos los hombres que trabajaron en la casa durante la semana previa. Entre ellos estaba el parquetista Roberto Bárzola, quien en la actualidad es el principal sospechoso del crimen.

Al FBI le llamó la atención que los investigadores observaron que a uno de los obreros se lo había visto en la vivienda la mañana del sábado, alrededor de las 11, pero “no determinaron la razón por la cual esto pasó”. Además, tomaron nota de que otro había alardeado con tener una relación con la víctima.

En este contexto, los agentes insistieron en que cada uno de los trabajadores debía ser investigado a fondo. “Puesto que parecen encajar en todo lo descrito arriba, y ya que otras actividades sospechosas han sido reportadas sobre algunos de ellos, cada uno debe ser considerado e investigado cuidadosamente”, concluyó.

El informe de ADN

El segundo informe, fechado en diciembre de 2010, corresponde al análisis de ADN realizado por el National Center for Forensic Science de la Universidad de Central Florida. En ese momento, la fiscalía había enviado muestras de referencia de 29 personas. Entre ellas, estaban Marcelo Macarrón y su hijo Facundo, Gastón Zárate, tres familiares directos, varios amigos y vecinos, médicos forenses, oficiales de policía y personal judicial que había intervenido en la causa y estuvieron presentes en la escena. No había muestras de Bárzola.

Se analizaron los perfiles genéticos de todos los seleccionados y se los comparó con las muestras levantadas en la escena y el cuerpo de Nora. El laboratorio remarcó que, por la presencia de mezclas de ADN en las evidencias, no era recomendable sacar conclusiones definitivas sobre los donantes. Dijo que no se podía determinar si el ADN hallado fue depositado en el momento del crimen, si era anterior, si era producto de contaminación, o si se introdujo en el proceso de recolección y análisis.

Sí detalló que, en varias muestras, el ADN masculino podía corresponder a alguien del linaje de la familia Macarrón, pero descartó a los otros 26 individuos analizados como posibles donantes principales. Y lo más relevante: en las evidencias estudiadas, hubo dos perfiles genéticos masculinos no identificados.

Respecto a Zárate, el informe fue terminante: no se detectó su ADN en las muestras de la escena.

Al momento de recibir todos estos resultados, el expediente estaba a cargo del fiscal Javier Di Santo. Zárate y Facundo Macarrón fueron sobreseídos. La investigación pasó luego a manos de Daniel Miralles y posteriormente la tomó Luis Pizarro. Estos dos últimos dirigieron las sospechas hacia Marcelo Macarrón, quien hasta tuvo que atravesar un juicio, resultando absuelto por falta de pruebas.

Di Santo, Miralles y Pizarro ahora enfrentan una posible destitución. Los tres defendieron sus actuaciones.

Por Walter Vazquez – Infobae