Baires Para Todos

El malestar de los Caputo que ignora Milei y las tres W del peronismo

El ministro y el asesor pronostican tormentas y piden reacción. El shock de los últimos 60 días y el giro de Karina. El PJ busca el grial político: discutir el qué antes que los quiénes.

Javier Milei aceptó, a regañadientes, reabrir la sala de periodistas de la Casa Rosada. Un soplo de racionalidad, que alimentaron a dúo –pero por separado– Karina Milei y Santiago Caputo, convenció al presidente de que era “insensato” perpetuar un bloqueo que tenía efectos negativos, sobre todo en el exterior. Milei fantasea con ser visto como un cruzado libertario, pero sus caprichos lo exponen como un autócrata de derecha.

Es necesario un flashback para entender su rabia. En febrero, en una charla política en la Residencia de Olivos, el mandatario admitió que había perdido la batalla por el relato. Lo hizo ante un dato puntual: encuestas que reflejaban la caída de la expectativa futura, su principal activo. En aquellos días, cambió de hashtag: archivó el TMAP (Todo Marcha Acorde al Plan) para agitar el NOLSALP (No Odiamos Lo Suficiente A Los Periodistas) y su variante con un signo $ en lugar de la S.

Desde entonces, el panorama económico se deterioró. Estalló, encima, el escándalo inmobiliario-turístico de Manuel Adorni, que tajeó la confianza de los fans de Milei. “Hace 60 días, nadie dudaba de la reelección de Javier. Ahora, muy pocos se animan a darla por hecho”, describe un libertario. Ciertos movimientos y comentarios sugieren que hasta Karina está en esa sintonía.

El perdón de la hermanísima a Patricia Bullrich y el arrime de la senadora al PRO, coreografía que incluyó el saludo a Mauricio Macri en la gala de la Fundación Libertad, prefiguran un mapa. Karina contempla variantes y pactos políticos desde una postura de fragilidad que podría forzarla a hacer concesiones para sostener el objetivo mayor: la reelección de Milei.

Un invierno político

El Congreso es el termómetro que registra el frío político. En marzo, luego del raid de victorias de las extraordinarias, el Gobierno esperaba un paseo legislativo para aprobar un pack de reformas. Ya no. Martín Menem pausó Diputados. Bullrich, en el Senado, tuvo que gestionar una visita de Luis Caputo a pedido de los aliados que forman parte de los 44, el megabloque pan oficialista. Antes se proyectaba un lapso hasta septiembre, hoy mismo la Casa Rosada necesita negociar cada ley.

Caputo tiene que sacar una ley para pagarles U$S 171 millones a dos fondos buitre. Los senadores, en nombre de sus gobernadores, están dispuestos a levantar la mano pero quieren garantías de que se cumplirán las obras que acordaron en la negociación por la Ley de Presupuesto. Caputo repite la poesía de que en marzo la economía empezó a rebotar. Los senadores no lo refutan, pero piden que les gire los fondos prometidos y que, además, modifique el esquema de los anticipos de Coparticipación para que se puedan devolver en 6 u 8 cuotas, y no en 4 como se firmó.

El ministro faltó, el lunes, a la reunión de la mesa política libertaria. Se excusó con que a esa hora recibía a Fernando Herrmann, sucesor del olvidadizo Carlos María Frugoni –que no declaró ni en su declaración jurada ni en ARCA propiedades y sociedades en el exterior– en la mega-Secretaría que abarca Vivienda, Obras Públicas y Transporte. La razón es otra: está molesto porque se filtraron, textuales, sus comentarios en un encuentro anterior de la mesa chica.

La desconfianza de Toto

“Toto va a decir que no, pero siente que se rompió la confianza”, lo traduce un funcionario. Sobre todo, Caputo se molestó porque la filtración lo hace aparecer como un ventrílocuo de Santiago Caputo y, en paralelo, trafica una advertencia de que en La Libertad Avanza no se aceptan planteos o sugerencias sobre el manejo de la política. Sonó, en estas horas, el rumor de una tensión con Karina.

Al día siguiente, la hermanísima hizo circular una foto donde saluda, sonriente y efusiva, al ministro. Karina ordenó apagar rápido el bisbiseo. Asoma, detrás, un gran interrogante: ¿en medio de la tormenta, está en condiciones Milei de soportar un cambio de ministro de Economía? La relación entre ambos tiene vaivenes lógicos. El ministro no va a Olivos. Hablan mucho por teléfono y se reúnen en Casa Rosada.

Bien mirado, en la cumbre reservada Caputo hizo un planteo similar al que hizo en la Argentina Week respecto de que hay un acuerdo implícito de la política sobre parámetros macroeconómicos. Mencionó, por caso, que en Nueva York había diez gobernadores. El ministro señala algo obvio: entre septiembre de 2025 y febrero de 2026 hubo una versión de Milei menos agresiva y más proclive a la negociación.

Pero en el discurso del 1° de marzo ante el Congreso reapareció el Javier original: se enfrascó en una pelea con los legisladores de UxP y ya no pudo salir –nervioso por las malas noticias– de ese show endemoniado. Caputo, que esta semana cuantificó en cero el “riesgo kuka”, parece nostálgico del Milei que estaba dispuesto a negociar, y se mostraba pragmático y dispuesto a lograr acuerdos.

El vórtice de todos los errores

Hay puntos donde todas las diagonales críticas se cruzan. El jueves, Sandra Pettovello reunió en su despacho a los primos Martín y Lule Menem y a Diego Santilli. Es habitual que la visite José Luis Daza, vice de Caputo. La foto sembró intrigas porque Pettovello, que tiene diálogo directo con Milei y –quizá por eso– chispazos con Karina, sonó en el club de potenciales sucesores de Adorni en la jefatura de Gabinete.

La especulación seguirá aunque Pettovello repita, como dijo en la antesala de la exposición de Adorni en el Congreso, que no tiene ningún interés en suceder al jefe de Gabinete, que perdura en el cargo pero sin poder ni oficio. La obsesión de Pettovello marida con una obsesión de Caputo: el fallo judicial que obliga al Gobierno a poner en vigencia parte de la Ley de Financiamiento Universitario que, según estiman en Economía, tendría un costo de más de 2 billones de pesos, gasto que hiere de muerte el superávit.

Con números en rojo, Caputo tiene motivos para pensar que la cuestión universitaria es un problema que pudo resolverse. Es el vórtice de todos los errores que LLA cometió en los últimos meses. Post elecciones, con el gobierno empoderado por el 26-O, hubo un diálogo con los rectores para buscar un acuerdo. Nunca avanzó del todo pero pudo, y no se hizo, discutir un proyecto oficial que desactivaba la ley anterior.

El tropiezo judicial fue, a su vez, una derivada del ruido que un sector del Poder Judicial, con epicentro en Comodoro Py, tiene con la Casa Rosada y que se aceleró desde la designación, en marzo pasado, de Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia. Desde su jura, Mahiques está cruzado por un claroscuro: aceleró como nadie las designaciones de magistrados mientras avanzaron, como nunca antes, las causas incómodas para los Milei.

Mensajes vía Twitter

El continente judicial es pura hostilidad. En los últimos días, Santiago Caputo salió dos veces en X a exponer la cuestión, primero con una referencia a Silvio Robles y, como no fue suficiente, luego le lanzó un misil teledirigido a Horacio Rosatti, el presidente de la Corte. La tesis que Caputo expone en su tuit sugiere que la mayoría Rosatti-Rosenkrantz, que gobernó el máximo tribunal desde 2018, se rompió y Rosatti está, ahora, en minoría.

Si efectivamente fuese así, Caputo parece intentar avisarle vía Twitter a Milei que su Gobierno pactó con el sector minoritario del máximo tribunal y que repite, un año después, el mismo error que cuando compró a libro cerrado el plan que le acercó Ricardo Lorenzetti, por entonces un lobo solitario, para designar dos integrantes. Fue, como se sabe, una aventura fallida. La leyenda dice que Lorenzetti llegó hasta Milei por la intermediación de un conductor de prime time de un canal de noticias.

A simple vista, los Milei delegaron el vínculo y la administración de ese poder permanente. El dato fáctico es que el presidente nombró ministro de Justicia a una persona que conoció el día que le tomó juramento y al que Karina solo había visto dos veces a instancias de Santiago Viola. Es un síndrome del poder político que olvida, casi siempre, que su tiempo es efímero respecto de los largos plazos de la Justicia.

Como Argentina es una galaxia donde reinan las casualidades, la Corte dictó esta semana un fallo que declara inconstitucionales algunos artículos de la Ley de Protección de Datos. Coincide con la visita de Peter Thiel, dueño de Palantir, y el plan del Gobierno de tratar de generar “comunicación directa” con los habitantes mediante mails. Al margen del espadeo con los medios, el formato del mail puede parecer obsoleto –para la comunicación masiva, al menos– pero anticipa una intención: la de usar datos personales para fines publicitarios y, por qué no, de campaña electoral.

El Tribunal falló ante una vieja causa que se inició cuando Marcos Peña, como jefe de Gabinete de Mauricio Macri, quiso usar la base de datos de ANSeS para un fin similar. En teoría, ahora se usaron los datos de la app Mi Argentina, pero algunos expertos especulan con que también se habrían usado datos personales de ARCA y ANSeS. El programa está bajo la órbita de la Secretaría Ejecutiva de la Jefatura de Gabinete, a cargo de Ian Vignale.

La nota de Milei

Este jueves, la comisión de Acuerdos del Senado, que preside el riojano Juan Carlos Pagotto –vinculado a los Menem–, dictaminó sobre quince pliegos. Seguirá, por tandas, con los otros 90 que hay mientras el Consejo de la Magistratura avanza con nuevos concursos y ternas. Ante eso, no está claro el conocimiento –o, mejor dicho, el manejo– que el presidente y su hermana tienen de un proceso que diseñará el mapa judicial de las próximas tres décadas.

El peronismo mira absorto. Victoria Villarruel redujo la representación y, a modo de protesta, el bloque que preside José Mayans decidió no cubrir las vacantes. Parece inminente que haya una denuncia judicial contra la vice. La extrañeza del caso Milei es que los gobiernos suelen meterse en la interna de las familias judiciales. Ahora es al revés: la interna judicial se coló en la vida doméstica de la Casa Rosada.

Detrás del escándalo Adorni, y de la obstinación de los Milei por sostener al jefe de Gabinete, asoma la crisis económica que hundió al Gobierno en su peor nivel de apoyo público. En su último estudio, #OpinaArgentina propuso calificar la gestión libertaria de 1 a 10 y más del 50% le puso 1. Solo el 31% la califica de 7 a 10. El doble click ofrece otro dato preocupante: 30% de los votantes de LLA reprueba, con entre 1 y 4, la gestión del presidente.

Juan Negri, director de la Carrera de Ciencias Políticas y Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, explora el último Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que publica la UTDT sobre datos de Poliarquía, que en abril mostró una caída de 12 puntos respecto de marzo, en la que fue la cuarta caída consecutiva. Negri pone el foco en dos ejes: el deterioro entre hombres y jóvenes, los segmentos donde Milei siempre midió bien, y la pendiente negativa en el indicador “eficiencia” del Gobierno, un elemento que vincula con el rebrote inflacionario. Negri deja abierto el escenario de una recuperación de los indicadores de Milei, pero teoriza que si la elección fuese este fin de semana el oficialismo enfrentaría un escenario muy complicado.

La crisis no opera sola: potenció, además, la incertidumbre política de un espacio que no tiene un interlocutor válido con el poder territorial. Los Caputo, por separado, parecen advertir a su modo, cada uno con su método, sobre algo que observa gran parte del ecosistema libertario: la necesidad de reaccionar para salir de la encerrona. El presidente ignora los pronósticos de tormenta.

Peor que la pandemia

Unos con enojo, otros con resignación, algunos con súplicas para vender el stock que les queda. Las pantallas de los celulares se inundaron de mensajes de despedida de comerciantes que cierran. Adios y gracias. No es un challenge, es una pandemia y ocurre –sobre todo– en Instagram, la red emblema de los emprendedores. La postal de locales vacíos y persianas bajas ya se mudó al territorio virtual.

Los mensajes rompen la estadística. Entre noviembre de 2023 y enero de 2026 cerraron 24.180 empresas. El Monitor Mensual de Empresas que elabora Fundar registra, en base a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), que solo en enero de este año cerraron 1985 empresas. 64 por día. Es el peor registro de la era Milei. Algo más: la destrucción de empresas es más profunda que por la pandemia de COVID.

Hay otro dato que remite a aquellos días: según el Centro de Estudios para la Recuperación de Argentina (RA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, la morosidad de las familias tocó en el 2026 niveles peores que los del 2020.

Es probable, además, que los cierres de comercios puedan conformar una cifra negra, que no figura en los datos de la SRT. En muchos casos se trata de emprendimientos chicos, familiares, monotributistas o directamente no registrados. Otros, como Ona Sáez o DFAC –la firma de la familia Karagozian de amplia publicidad en Instagram– tienen otro impacto y visibilidad. Detrás de las marcas grandes, hay una micro masacre de muchas pequeñas firmas y comercios.

Milei activa al peronismo

Milei lo sabe y lo anota como un daño colateral. Cuantifica, incluso, la pérdida de empleos del sector textil, que considera una “industria ineficiente”. El presidente pronostica que se perderán “unos 80 mil empleos más” del sector, según relataron fuentes oficiales a Cenital. Entre el último trimestre de 2023 y el mismo periodo de 2025, el complejo textil –producción y confección– perdió 10% de los puestos de trabajo. El sector que Milei está dispuesto a sacrificar emplea todavía a 94.927 personas.

La ola de despidos y despedidas (cierres) de estos meses proyecta que, si no se aceleró, al menos la caída no se frenó. Aplica una doble navaja: las primeras víctimas del sector eran por la apertura indiscriminada de las importaciones, la segunda tanda parece responder a un fenómeno más estructural vinculado con el derrumbe del consumo y del poder adquisitivo de las familias. El uso de ahorros para cubrir los gastos es un indicador claro.

La velocidad y profundidad de la crisis opera sobre el ánimo del peronismo, que recuperó vitalidad y voracidad. Aplica, quizá, una tesis de Emmanuel Alvarez Agis sobre los precios y el trabajo. ¿En qué momento alguien puede aceptar más caro un producto fabricado en la Argentina, respecto de uno importado de China, si lo primero implica que haya empleo o lo segundo que se pierdan? La tentación de parte del peronismo es creer que el deterioro de la economía de Milei permitirá cambiar la mirada sobre la Economía durante el Frente de Todos.

Este viernes, en Parque Norte, se reunieron más de 2000 dirigentes de todo el país. No hubo, adrede, gobernadores, para que no parezca el armado para alguien en particular. Todo espacio tiene, siempre, un plan. Alternativa Nacional, que tiene como ordenadores más visibles a Juan Manuel Olmos, Victoria Tolosa Paz y Guillermo Michel, replica en la dimensión política lo que otros espacios –como la coordinadora de economistas Futuros Mejores– discuten en ámbitos más chicos.

Aplican tres “w” de las cinco de la crónica periodística (what, who, when, traducidas como qué, quién, cuándo). El peronismo debe, primero, discutir el qué, y después de eso entrar en la discusión sobre el quién y el cuándo. “Primero las ideas”, reza el documento de la cumbre de Parque Norte. Se arma, en paralelo, un scrum para evitar que el oficialismo logre avanzar con la reforma política y elimine, o suspenda, las PASO.


Por Pablo Ibáñez-Cenital