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Una brújula para la política argentina

Se propone actualizar aquí el trabajo del politólogo canadiense Pierre Ostiguy: Peronismo y antiperonismo: Bases socioculturales de la identidad política en la Argentina, texto publicado en 1997. 

Invariante. La razón de la persistencia de este trabajo es que, si bien cambiaron la gran mayoría de los actores políticos, hay un núcleo invariante en la política argentina que permanece y que se relaciona con las categorías sociopolíticas y su dinámica, tal como lo planteó Ostiguy 25 años atrás. En aquel momento Carlos Menem tenía un dominio casi total de la política argentina, había logrado la reforma de la Constitución y disfrutaba de su segundo mandato sin mayores sobresaltos, salvo por las denuncias sobre la corrupción, y una tibia oposición surgida de las propias filas con la ruptura de los diputados encabezados por Carlos Chacho Álvarez. 

Yendo al núcleo teórico del canadiense para analizar la política argentina, el autor explica que no alcanza el tradicional eje derecha-izquierda. A este eje, todavía pertinente, se lo debe cruzar por la identidad sociopolítica. El eje Arriba – Abajo es una cartografía de dos formaciones socioculturales antagónicas, no sólo por las posiciones de los agentes en el mapa económico, sino porque implican prácticas, valores y lecturas de la realidad completamente diferentes. La persistencia de este eje podría constituirse como uno de los pocos puentes entre el siglo XX y el actual. 

¿Quiénes somos? La clasificación que realiza Ostiguy mantiene la frescura del investigador que puede mirar la realidad argentina sin estar emotiva e ideológicamente implicado, por lo que se “atreve” a generar categorías políticas y a explicarlas con precisión. Las identidades socioculturales Alta y Baja no necesariamente se relacionan con el nivel económico de los agentes (aunque se asocian). Por ejemplo, muchos jóvenes universitarios de buen pasar puede adherir al “Bajo” aún en sus modos y valores. Al contrario, buena parte de los sectores medios, siempre enigmáticos, suelen adherir a las valoraciones del Alto, aunque a veces sean ajenas a su realidad económica. 

Por eso, los espacios Bajo y Alto son modos de reconocimiento marcados por la distinción entre lo (culturalmente) popular y la elite cultural (lo bien educado) respectivamente. Estas lógicas en Argentina se han politizado, se han vuelto marcas de identidades políticas que a partir del surgimiento del peronismo se vinculan como modos de apelaciones desde la esfera política. Para que sea claro, no interesa si el político comparte en mayor o menor medida esa posición sociocultural (no funciona así) sino que comparten cierto código comunicacional que lo habilita a la representación política.  

Oposiciones. El código al que se hace referencia es complejo, multidimensional y cambiante, pero se vincula a una serie de posiciones claramente reconocibles. Como ejemplos se suele asociar el espacio alto como de “buenos modales”, ciertamente formal, de expectativa cosmopolita, admirador de la modernidad, los valores institucionales, la división de poderes, las formas impersonales de autoridad, la valoración de jerarquías más marcadas, la meritocracia como movilizador social, etc.  En cambio, el espacio bajo, popular, asume un término curioso (polémico y un tanto antiguo) que usa Ostiguy: es “arrabalero” adecuado en el sentido que rara vez los integrantes de este espacio alcanza lugares prominentes en la política. Luego al Bajo se lo asocia con el localismo (contrario al cosmopolitismo) y que puede adquirir carácter nacionalista o su versión “malvinera”. Si la preferencia por el liderazgo impersonal (anti populista) era propio del Alto, en el Bajo se valora la autoridad personal, el líder macho o maternal (el autor califica de “cariñosa” pensando en Eva Perón). Este liderazgo fuerte es bien reconocible y entre los sectores más desposeídos es visto como su única posibilidad real de inclusión social. En cambio, en la autoridad racional en términos weberianos no encuentran su espacio de representación en el bajo, y esto explica el malentendido general entre quienes argumentan por ejemplo en la prioridad de la división de poderes republicanos y para los que esto no significa más una formalidad que esconde las fuerzas que intentan limitar al líder. 

Mapas. Sentido, se puede observar en la interpretación del gráfico que la Argentina de hoy se ha corrido a la derecha, donde habita buena parte de su dirigencia. Cristina Kirchner, tiene dos características que no comparte no ningún otro dirigente político, que su apelación simbólica de dirige principalmente al Bajo, a pesar de capturar a algunos sectores de la intelectualidad de la clase media, pero además tiene la versatilidad de moverse en el eje horizontal de derecha – izquierda, pudiendo apelar tanto a valores nacionalistas como a los de la izquierda anticapitalista. 

Luego, solo un dirigente de la oposición pudo moverse en el eje vertical y fue Mauricio Macri que interpeló a la base Baja desde la apelación futbolística, sin embargo, a partir de 2017 Macri se abraza a la apelación Alta y prepara su derrota electoral de 2019. Las otras dos dirigente dentro de JxC que tienen algunas habilidades para apelar al Bajo son María Eugenia Vidal y Patricia Bullrich, la primera por no pertenecer a la élite fundante del PRO y la segunda por su pasado peronista, sus modos verbales y por tomar la seguridad como eje discursivo. Pero en su conjunto, JxC pertenece y apela a los valores altos. Quizás el mejor exponente se ubicarse en el extremo superior derecho es Ricardo López Murphy, pero paradójicamente otro economista con quien comparte posicionamientos el Carlos Melconián hace apelaciones hacia el Bajo, rara avis entre los economistas. 

Luego el caso que tiende a ser la excepción a la regla se Javier Milei, su fondo ideológico se ubica en la derecha extrema pero su arco de apelación es amplio, lo que explica su popularidad. Como se observa en la izquierda política aparece el FIT o el Socialismo santafesino pero la apelación a lo Alto los limita electoralmente. Finalmente, una situación curiosa es la del peronismo cordobés que funciona con la lógica del encapsulamiento territorial (como pasa con el Movimiento Popular Neuquino), y que no logran conectar con el Bajo.

Probablemente el modelo planteado por Ostiguy pueda ser corregido o actualizado, sin embargo, sigue generando pistas para la comprensión sociopolítica argentina. 

Por Carlos De Angelis – Perfil