Baires Para Todos

Un lobo suelto en la Justicia

El ministro Juan Bautista Mahiques –y otros miembros de su familia– tiene una pericia indiscutible para moverse en el mundo de los tribunales. Aun así, su gestión, de momento, incluye varios dolores de cabeza para el oficialismo.

Convendría evitar que el árbol tape el bosque. Aun con el costo político que paga por soslayar el ascenso a un tribunal oral de La Plata de una jueza por ser cuñada de un periodista, pareciera ser mínimo si se le diera dimensión al objetivo principal del Gobierno en esta área crucial: cubrir de acá a fin de año la totalidad de las vacantes en juzgados de todo el país, que llega al 40% de la estructura.

Va de nuevo. El plan oficial es que para 2027 cuatro de cada diez personas que impartan justicia en la Argentina hayan sido designadas por Javier Milei. Es la mayor cantidad de nombramientos en el Poder Judicial desde la reforma de Carlos Menem.

Formalmente, semejante movida cumpliría con los pasos institucionales. Concursos ante el Consejo de la Magistratura, elevación de ternas para que el Poder Ejecutivo elija, envío de postulaciones y aprobación del Senado, decreto presidencial para la asunción.

Sucede que el caso de la jueza María Verónica Michelli expone una de las opacidades del procedimiento. El Gobierno quiso retirar su pliego, ya aprobado en la Comisión de Acuerdos de la Cámara de Senadores, cuando se enteró de que era cuñada de Hugo Alconada Mon, que siempre investiga casos de corrupción. Hasta Patricia Bullrich, jefa del bloque LLA, avisó que no avalaba esa decisión.

El Senado finalmente respaldó el jueves con votos aliados y opositores el ascenso de Michelli como jueza del Tribunal Oral Federal 3 de La Plata. Y el viernes, el ministro de Justicia, Juan Mahiques, confirmó lo que era un secreto a voces: que Milei iba a cajonear el decreto para nombrarla.

“Cuando se considere el momento oportuno para garantizar el servicio de justicia, se firmará. El Senado habilitó al Presidente, pero no lo obligó”, explicó el funcionario.

El hábil ministro recurrió a otras excusas para tratar de tapar el sol con la mano. Una es que el tribunal para el que fue ungida Michelli aún no está habilitado. Otra, que ya hubo otros casos de candidaturas a magistrados que fueron retiradas en anteriores presidencias.

Citó el caso de su hermano, Ignacio Mahiques, cuyo pliego para ser juez federal de Mercedes fue sacado del Senado en la gestión de Alberto Fernández. Distinto al caso Michelli, en aquella oportunidad el ascenso todavía no había sido aprobado en el recinto.

Milei haría lo mismo que hizo Cristina Fernández de Kirchner, que en 2011 se rehusó a firmar el decreto para nombrar a Juan Yalj en la Cámara Federal de San Martín, quien en medio del proceso ordenó en una causa la detención del sindicalista ferroviario Rubén “el Pollo” Sobrero. El caso se resolvió cuando Yalj renunció al ascenso y su lugar lo ocupó Alberto Lugones.

CFK además frenó el acuerdo del Senado para promover a camarista federal de Chaco a la jueza Delfina Denogens, amiga personal de Elisa Carrió. Ocho años tuvo que esperar hasta que Mauricio Macri firmó el decreto. Daba ternura ver al bloque kirchnerista en la Cámara Alta esta semana dar clases de republicanismo y división de poderes. Suele pasar cuando se es oposición.

Volvamos al eje estructural de esta movida, que son los nombramientos en la justicia. Alguien se podrá preguntar por qué se acumularon tantas vacantes. Respuesta: Macri no tenía votos suficientes para que atravesaran el filtro del Senado (por eso “inventó” la controvertida figura de los traslados) y Alberto F nunca pudo zanjar la interna con el kirchnerismo, ni en este ni en ningún tema.

El asesor Santiago Caputo y su entonces alfil en el Ministerio de Justicia, Sebastián Amerio, vieron el filón de las designaciones. Pero apenas juntaban voluntades en el Senado. Cuando las legislativas de octubre cambiaron la paridad de fuerzas, ya era tarde: Karina Milei y los primos Menem (Eduardo y Martín) prevalecieron en la interna y decidieron encargarse de resolver “el problema judicial”.

La contrariedad libertaria iba en aumento ante el fiasco del caputismo en ese punto. Ya no sólo habían fracasado en ocupar las dos vacantes en la Corte Suprema con el académico Manuel García-Mansilla y el juez federal Ariel Lijo, sino los riesgos de que causas por corrupción se les fueran de las manos (Libra, Andis, etc.). La influencia del radical macrista Daniel Angelici y del peronista Juan Manuel Olmos debía ser superada. Ni hablar de la del exjefe de la SIDE, Antonio “Jaime” Stiuso.

Como en otros ámbitos, la solución que encontraron fue apelar a un hombre de la casta, judicial en este caso. De cómo llegó Mahiques desde la Fiscalía General porteña (en la que se pidió licencia) al Ministerio hay al menos dos versiones.

Una, que el nombre se lo acercó a los Menem y a Karina quien es su viceministro, Santiago Viola, apoderado de LLA y con fuertes conexiones con el mundo jurídico por parte de madre, la abogada penalista Claudia Balbín. Viola y Mahiques se conocen desde hace muchos años.

Otro hilo lleva a que Mahiques arriba al karinismo por sugerencia de alguna terminal en el Palacio de Tribunales, conocedora de lo que está en juego. “Es otro bandido, pero más controlable”, dicen que habría sido la descripción. Exagerada, seguramente. Caputo proponía al ex juez y exintendente PRO Guillermo Montenegro, aupado por la logia de Comodoro Py.

La aceleración de Lijo, el líder de ese club, en los expedientes por sobreprecios y coimas en la Andis y del súbito enriquecimiento de Manuel Adorni, aún jefe de Gabinete, llevaron a sospechar de un pase de facturas al karinismo por la elección de Mahiques.

¿Bastará con los ascensos aprobados en el Senado del ex secretario de Lijo, Javier Arzubi, y de Ana Juan, la esposa del juez Marcelo Martínez De Giorgi (que justo tiene la causa Libra) como prenda de paz de Mahiques con los federales de Py? ¿Se podría incluir otro guiño del ministro en la promoción del hijo de Horacio Rosatti, presidente de la Corte? Y un interrogante más inquietante: ¿Se notarán estos gestos en la desaceleración de los procesos activos o apenas son un reaseguro para que los Milei (y los Menem) corran menos peligros judiciales en el futuro?

Parafraseando al inmortal Indio Solari, la hermandad presidencial soltó a un lobo con expertise para tratar de ordenar el rebaño judicial. Sólo que allí nadie es un cordero atado. El revoleo de causas y la filtración de investigaciones, mal que le pese a papá Mahiques, exhibirá quién se come a quién. Ferozmente. ¿Y la Justicia? Bien, gracias.

‘Lobo suelto, cordero atado’. | Pablo Temes

Por Javier Calvo – Perfil