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Tablas en Beijing

La cumbre de Xi y Trump reafirmó la decisión principal de las dos grandes potencias de mantener una “estabilidad estratégica constructiva” mientras calibran sus disputas sobre comercio, tecnología yTaiwán, una “línea roja” para Beijing. La partida continuará en la cumbre de septiembre.

Los presidentes Xi Jinping y Donald Trump sostuvieron una cumbre de dos días en Beijing con una agenda que incluyó Taiwán, Irán, el comercio y la competencia tecnológica, y no dejó casi resultados salvo la voluntad china de mantener una “relación constructiva de estabilidad estratégica”.

“Estados Unidos y China deben ser socios, no rivales. Es la relación más importante del mundo y debemos hacer que funcione y nunca estropearla. Ambos se benefician de la cooperación y pierden con la confrontación”, dijo Xi para sentar el tono del encuentro, pero enseguida dejó en claro: Taiwán -cuya independencia Washington nunca reconoció- es el asunto “más importante” de la relación.

La relación va a ser mejor que nunca”, replicó Trump a su “amigo” Xi. “Hemos tenido una relación fantástica, nos hemos llevado bien y, cuando ha habido dificultades, las hemos solucionado. Vamos a tener un futuro fantástico juntos”, comentó sobre las dos economías que concentran más del 40% del PIB global.

Después de la cumbre,Trump reveló a Fox News un consenso no explicitado oficialmente pero el más importante de la cumbre, sobre el estatus actual de Taiwán: “No tengo ganas de que alguien declare la independencia. Ya saben, después se supone que tenemos que hacer 15 mil km para ir a la guerra. Somos neutrales, lo hemos sido por años. Nada ha cambiado”.

En esta segunda Administración Trump, la guerra comercial, el ataque directo a proveedores de petróleo a China como Venezuela  e Irán, la prohibición de venta de chips de EEUU y su contrapartida de tierras raras de parte de Beijing, alteraron seriamente el vínculo más importante del planeta por más de un año.

Pero por primera vez en la historia, las dos mayores potencias rivales están tan interconectadas para seguir funcionando que han elegido, sin romper totalmente, combinar ataques puntuales con acuerdos parciales. Ante la dificultad de desacoplarse (decoupling), al menos por ahora, eligieron limitar el riesgo (derisking).

Bajo la segunda Administración Trump, mientras EEUU alejaba a históricos aliados económicos y de seguridad occidentales, desde el vecino Canadá hasta la Unión Europea (UE), y se acercaba a la Rusia de Vladimir Putin, la China de Xi se erigía como un socio más confiable y garante de un mínimo orden multilateral.

En 2025 y 2026, pasaron por Beijing los líderes de Australia, Francia, Georgia, Nueva Zelanda, Portugal, Serbia, Eslovaquia, España, la UE, Finlandia, Irlanda, Corea del Sur, Reino Unido, Uruguay, Alemania y España.

“¿Podrán China y EEUU -se preguntó Xi ante Trump- superar la ‘trampa de Tucídides’y abrir un nuevo paradigma de relaciones entre grandes potencias? ¿Podrán unir esfuerzos para hacer frente a los desafíos globales e inyectar más estabilidad al mundo?”. Es la primera vez que China se asume públicamente como potencia desafiante.

La mirada de largo plazo que caracteriza a China se apoya en cuatro elementos, según el grupo de medios estatal chino CGTN: “estabilidad positiva con la cooperación como pilar”; “estabilidad sólida con competencia moderada”; “estabilidad constante con diferencias manejables”; y “estabilidad duradera con promesas de paz”

Las dos potencias “postergarán las batallas más difíciles -sobre tierras raras, controles de exportación de tecnología, acuerdos de inversión- hasta lo que todos esperan que sea una cumbre más sustancial” en Estados Unidos, a la que Trump invitó a Xi formalmente para el 24 de septiembre, estimó el analista Ian Bremmer. 

En efecto, ambas partes discutieron “las formas de fortalecer la cooperación económica”, incluyendo la ampliación del acceso al mercado chino para las empresas estadounidenses y el aumento de la inversión china en nuestros sectores”, resumió la Casa Blanca. Pero el propio Trump aclaró: “De aranceles no hablamos” con Xi.

“No hay que esperar un reseteo estructural. La relación geopolítica más importante del mundo sigue siendo fundamentalmente competitiva. Incluso mientras se dan la mano y cierran acuerdos, EEUU y China seguirán compitiendo para eliminar las dependencias que le dan ventaja al otro, preparándose para el momento en que ninguna de las partes tenga tanto que perder de un conflicto total”, evaluó Bremmer.

Esta cumbre es la última de una serie de encuentros sino-estadounidenses que en 1943  abrieron Chiang Kai-shek, el líder nacionalista en China que construyó la autonomía de Taiwán, y Franklin D. Roosevelt en El Cairo, y que tuvo su punto culminante cuando Richard Nixon visitó a Mao Zedong en 1972 (foto).

Señales y advertencias

Una de las primeras señales que envió EEUU en la dirección trazada por Xi fue autorizar a una decena de compañías chinas a adquirir el segundo chips avanzado más potente de la estadounidense Nvidia, cuyo CEO, Jensen Wang, acompañó a Trump en la gira, al igual que otros tecno-magnates como Elon Musk y Tim Cook

La disputa tecnológica adquiere una relevancia militar sensible, porque ya interviene en planes de ataques cibernéticos para afectar redes eléctricas y  suministros de agua en caso de conflicto, además de operaciones de espionaje y robo de patentes. 

Antes de viajar a Beijing, Trump explicó claramente: “Nosotros también somos una amenaza para ellos. Este es un mundo muy competitivo.Siempre nos vigilan y los vigilamos. En medio, nos llevábamos bien, podemos ser más fuertes trabajando con ellos en lugar de eliminarlos”. 

Si bien EEUU mantiene el liderazgo en semiconductores, en particular su diseño, los modelos de inteligencia artificial de China, más baratos y con menos regulaciones de desarrollo y derechos, terminarán por superar las capacidades estadounidenses, según el propio Huang. 

“Creo que, a diferencia de Europa, China se preparó para este segundo mandato de Trump. Con más autosuficiencia, pertrechándose más a todos los niveles, manteniendo o reforzando el control de ciertos sectores o ciertos puntos de estrangulamiento, como en las tierras raras”, comenta Miguel Otero, del Real Instituto Elcano sobre el otro asunto clave de la relación en este campo.

La cumbre terminó sin anuncios sobre tierras raras o inversiones en IA, aunque Trump aseguró que Xi había accedido a comprar 200 aviones Boeing.

Taiwán, siempre Taiwán

Taiwán, la isla que reivindica una soberanía no reconocida ni por China ni por EEUU, es justamente la sede del principal fabricante final (no del diseño ni del litografiado) de los semiconductores o chips que mueven la economía mundial: TSCM. Y Xi no dejó pasar un día de la cumbre antes de señalarla como una “línea roja” para su país.

La posición histórica de EEUU, desde Ronald Reagan, en 1982, es la de las “seis garantías”, y establece entre ellas que Washington no consultará con Beijing sus decisiones sobre la venta de armamento defensivo a Taiwán. Este año Trump programó una venta por 6.600 millones de dólares en obuses y lanzacohetes, pero sigue sin aprobarla.

“Si se maneja adecuadamente, las relaciones bilaterales podrán mantener una estabilidad general. Si se maneja mal, ambos países podrían entrar en fricción e incluso en conflicto y llevar el conjunto de las relaciones bilaterales a una situación extremadamente peligrosa”, advirtió China en un comunicado durante la visita.

Tanto lo aceptó Trump que reprochó a sus antecesores haber permitido que Taiwán haya concentrado la industria global de los chips que Washington pretende reinstalar en EEUU, en 40%- 50% de sus capacidades para empezar.

Analistas han vinculado los márgenes de acción que se dan las dos potencias en Taiwán con las intenciones de Trump de repetir en Cuba lo que ya acometió en Venezuela, como si una eventual intervención en una isla avalara otra en espejo de parte de Beijing, sin reacción de las partes.

Irán, problema común

La intervención militar estadounidense en Venezuela, a principios de año, afectó el abastecimiento de petróleo a China, pero el ataque a Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz lo agravó y terminó alterando a casi toda la economía mundial (la inflación trepó a 3,8% en EEUU).

China condenó el ataque a Irán -”el retorno a la ley de la selva”, dijo XI- y hasta defendió su derecho a un desarrollo nuclear pacífico, pero evitó inicialmente un protagonismo diplomático. Incluso, aceptó el pedido de Trump de postergar esta cumbre más de un mes, cuando Washington esperaba tener ganada la guerra y evitar más presión de cara a las elecciones de medio término en noviembre.

Pero al final, declarada una tregua muy frágil, y con Irán en posición más cómoda que al inicio de la guerra pero el Estrecho de Ormuz bloqueado, China se involucró directamente y recibió al canciller Abbas Araghachi (foto) antes que a Trump, quien le pidió ayuda para convencer al régimen iraní de reabrir ese paso, un problema que creó la guerra que él mismo lanzó.

Según Thierry Breton, al “legitimar a China como garante de la estabilidad en Medio Oriente” y devolverle un papel clave como mediador, Trump cometió uno de muchos errores, al que agrega el abandono de los aliados asiáticos de EEUU en el Pacífico. 

Para China, en juego está el tremendo impacto que el cierre del Estrecho (por donde pasa el 20% del petróleo y del gas natural del mundo) tuvo en las economías de Asia, mercados para los productos de una China con problemas de crecimiento. Significativamente, durante la cumbre Irán dejó pasar buques chinos por el paso.

Pero también la red de alianzas que incluye en primer plano a Rusia, socio en los BRICS y en la OSC, y uno de los principales valedores y abastecedores de Irán.

Según la Casa Blanca, Xi y Trump coincidieron en que el Estrecho de Ormuz debe permanecer abierto, desmilitarizado y se opusieron a “cualquier intento de cobrar un peaje por su uso”. 

Según Trump, su par Xi le ofreció toda la ayuda necesaria para encontrar una salida al conflicto, pero tras la cumbre la Cancillería china dejó sentada la posición oficial de Beijing: “Este conflicto, que nunca debería haber ocurrido, no tiene razón para continuar”, dijo.

“Lo que es notable es que no hay un compromiso chino para hacer nada específico con respecto a Irán“, dijo Patricia Kim, investigadora de la Brookings Institution.

China expresó “su interés en comprar más petróleo estadounidense para reducir la dependencia de China del estrecho en el futuro”, pero según Trump, al mismo tiempo, Xi le dijo que “compran gran parte de su petróleo en Irán y que le gustaría seguir haciéndolo”.

La otra guerra

Antes de la cumbre, los analistas tenían bajas expectativas sobre el resultado en general, y en materia comercial en particular. Incluían acuerdo a corto plazo, como la compra por China, como carne bovina y de soja, sorgo y maíz. La reunión dejó pocos avances, como el restablecimiento de las compras chinas de carne.

La cruzada arancelaria lanzada por Trump en 2025, que limitó con el tiempo y por un fallo adverso de la Corte Suprema (deberá devolver 165 mil millones) tuvo como blanco principal a China, que mereció tariffs de hasta 145% y que replicó airoso exportando más y con un severo control de la exportación de tierras raras, cuya producción domina y resulta un insumo clave de la cadena tecnológico-económica.  

EEUU recurrió a distintas sanciones y acuerdos comerciales para obligar a empresas y países a excluir a China de sus cadenas de suministro y prohibir la exportación de recursos críticos que China necesita, como los chips. China ya representa el 30% de la producción manufacturera mundial.

La capacidad de China para contraatacar “marcó un momento importante en la competencia estratégica destrozando la imagen de un EEUU omnipotente”, según Financial Times (en 2025 terminó con superávit comercial récord de 1,2 billones de dólares con EEUU). “Ciertamente no es el caso que EEUU, como gusta decir Trump, tenga todas las cartas. Esa era ha terminado, diría que para siempre”, opina Victor Shih, profesor de economía política china en la Universidad de California.

Como destaca New York Times, China lleva mucho tiempo preocupado por aislar al país de las crisis geopolíticas. Usa subsidios y apoyo estatal parapriorizar la autosuficiencia en energía, tecnología y cadenas de suministro cuando puede, y se asegura de que recursos críticos como el petróleo, la soja y los chips de última generación estén disponibles de forma fiable cuando no puede.

Ambas partes parecen interesadas ahora en extender la frágil tregua sobre las tierras raras de las que China acapara reservas, extracción y procesamiento y había reducido en 50% la entrega a EEUU. En octubre, la Casa Blanca anunció que Beijing eliminaría restricciones de exportación, a cambio de reducción de aranceles.