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Quién es Walter Perazzo, el histórico DT que dio el batacazo ante River en la Copa Argentina 2024

Debutó en San Lorenzo y allí fue ídolo hasta que decidió irse al Xeneize, por lo que quedó marcado por los hinchas. Por qué venera a Carlos Bilardo pese a que el Narigón lo dejó fuera de la Copa del Mundo y su etapa como formador de juveniles de Selección.

Walter Perazzo (61), aquel que en la década del 80 llegó a ser considerado el mejor jugador del fútbol nacional, sumó otro hito en su carrera profesional este martes, esta vez como DT. Al frente de Temperley, dio el gran batacazo y eliminó a River en los 16avos de final de la Copa Argentina.

Perazzo es colombiano. Nació el 2 de agosto de 1962 en Bogotá. Luego de San Lorenzo tuvo un paso por el Estudiantes campeón del ‘82, también de la mano de Bilardo. Formado por el obsesivo Carlos Salvador Bilardo, debutó como profesional en San Lorenzo, donde tuvo que ganarse un lugar dentro de un equipo que contaba con jugadores de calidad, como “Toti” Iglesias, Mario Husillos y Jorge Rinaldi.

Tras cosechar experiencia en Independiente Santa Fe, regresó al club de sus amores donde vivió una época sensacional. Aquellos goles en un “Ciclón” golpeado desde lo institucional, lo convirtieron en la gran figura del “San Lorenzo de los milagros”.

En 1988 llegó para formar parte de un Boca súper renovado que con la presencia del “Pato” Pastoriza y que se armó para pelearle el campeonato al River del “Flaco” Menotti. Y Walter fue esencial para ganarle al “Millonario” en el Monumental con un gol suyo.

Inició su carrera como técnico en el modesto El Porvenir. La dedicación lo llevó a formar juveniles en la selección Argentina, donde logró ser deslumbrado por Manuel Lanzini y Leandro Paredes. Tuvo también un paso por Olimpo de Bahía Blanca, donde le tocó dirigir a un incipiente Miguel Borja, que ayer defendió los colores del Millonario: “Estoy contento por su carrera. Lo traje a los 21 años a Olimpo, cuando solo era una promesa. Tengo la satisfacción de no haberme equivocado cuando lo recomendé”. Como hincha y hombre de fútbol, San Lorenzo lo tiene muy pendiente. Hoy, sin embargo, toda su atención está puesta en Temperley, club en el que asumió hace tan solo 15 días.

Walter Perazzo está ahora al frente de Temperley (REUTERS, Henry Romero).
Walter Perazzo está ahora al frente de Temperley (REUTERS, Henry Romero).

¿Qué valor le das a tu paso por la Selección argentina?

-Mucha. Carlos Bilardo fue un técnico muy importante en mi carrera porque me hizo debutar con 17 años en la primera de San Lorenzo. Después me hizo salir campeón con Estudiantes en el año 1982 y luego me convocó a la Selección argentina. Y cuando yo dirigía juveniles, él era director deportivo de Selecciones. Tuve chances de ir al Mundial de México 86 pero a último momento quedé afuera. Me quedé con las ganas, pero estoy orgulloso porque me hayan tenido en cuenta para el proyecto.

¿Como era Bilardo?

-Era muy exigente. Mi preparación para saltar de juvenil a profesional, me lo dio Bilardo. Principalmente cuando me llevó a Estudiantes. Ahí aprendí cómo debe ser un profesional, como se debe comportar. Saber diferenciar los momentos. Me dejó una enseñanza que me permitió más adelante tener el pico máximo de mi rendimiento. Pegué el salto y me recibí de profesional.

¿Sos consciente de que en la actualidad serías uno de los mejores de Sudamérica?

-Me fui poniendo metas. Primero ser titular, luego buscar ser goleador, salir campeón y ser capitán.

¿Cómo te potenciabas para ser figura?

-Siempre elegí buenos ejemplos. Como hincha de San Lorenzo miraba en la sede los cuadros de los grandes equipos. Eso fue alimentando mis ganas de crecer. Yo quería jugar en San Lorenzo y lo logré. Pero me quedó pendiente la de campeón. Me tocó una etapa muy difícil donde al haber perdido la cancha, el club estaba muy herido. A pesar de eso salimos dos veces subcampeones y ganamos dos liguillas.

Walter Perazzo brilló en San Lorenzo. (Foto: gentileza Walter Perazzo)
Walter Perazzo brilló en San Lorenzo. (Foto: gentileza Walter Perazzo)

¿Es verdad que se bañaban con agua mineral?

-Sí, es verdad. El hincha de San Lorenzo recuerda a los Carasucias, a los Matadores y también a los Camboyanos. Ese equipo sin ganar un título llevó por todas las canchas los valores, el orgullo y el amor propio. Nosotros vivíamos de adversidad en adversidad. Sin estadio, sin cobrar y con problemas para entrenar.

¿Cómo se sobreponían?

-Un día llegamos a la ciudad deportiva y el portón estaba cerrado porque los empleados habían hecho huelga. Entonces nos teníamos que ir a la cancha de Deportivo Español para entrenar. Y nos dejaban entrenar en la playa de estacionamiento para hacer un poco de trabajo físico. Los Camboyanos no se daban por vencidos.

¿Lllegaron a una situación límite?

-El técnico, Nito Veiga, le dijo a la dirigencia que si no le pagaban al plantel, renunciaba. Y se terminó yendo. Al partido siguiente jugábamos contra Independiente, que peleaba arriba de la mano de Ricardo Bochini y le ganamos en Avellaneda sin técnico. Nos alimentábamos de la energía que nos daba el hincha. Ellos no se daban cuenta, pero eran nuestro principal sostén anímico.

¿Por qué un árbitro te felicitó después de un gol?

-Son las cosas lindas que uno disfruta cuando deja la carrera. En ese momento era una situación normal, pero con el paso del tiempo entiende que lo enaltece. Ese gesto que tuvo Juan Carlos Loustau hizo que ese gol siga en la memoria de la gente. El saludo convirtió el gol en algo imborrable. Fue un gesto de grandeza de un juez internacional a un jugador. Fue algo espontáneo. Era un árbitro de primerísimo nivel. Era el número uno en ese momento. Y la nobleza de los jugadores de Argentinos que entendieron el gesto del árbitro. Esos jugadores no salieron a embarrar la cancha. La gente quizás no sabe a quién se lo hice, pero me recuerda de ese saludo del árbitro.

¿Por qué decidiste pegarle al arco?

-Íbamos ganando 1 a 0. Yo al arquero lo venía mirando. Argentinos venía de jugar contra la Juventus, era el mejor del fútbol argentino. Además teníamos la pica del descenso en la cancha de Ferro y la gente también. Salieron a buscar el empate y la realidad es que nos estaban dominando. Yo bajaba hasta mitad de cancha y tanto Marchi como Giunta me decían que me quedé arriba porque alguna me iba a quedar. Yo estaba pendiente de Vidalle, que era el arquero. El tema es que no podíamos salir del área.

¿Estabas impaciente?

-Sí, porque era un dominio absoluto de Argentinos. Pero hay que tener presente que los Camboyanos tenían todos los recursos para defenderse. Pero a medida que pasaba el tiempo, Vidalle se iba adelantando. Lo miré y ya estaba parado en el borde del área, más adelante. “Cuando la agarro, le pego”, me dije interiormente. La recibí de un lateral, eludí al Checho Batista, seguía gambeteando pero no me quedaba para sacar el remate. Y cuando me quedó, la pegué desde la mitad de cancha y la clavé en un ángulo. La pelota no salió llovida, fue recta hacía el ángulo.

¿Que pasó en el festejo?

-Levanto las manos para festejar y siento que me tocan. Y cuando giro era Loustau, que estaba al lado mío y me dio la mano. Festejé con todos los jugadores y con él.

¿Hablabas por teléfono antes del pitazo inicial?

-Tengo como cinco caricaturas de Ordoñez en “Todos los Goles”. Eso es uno de los regalos más lindos que tengo, porque siempre invitaban al mejor jugador de la fecha. Cuando empezamos a recordar, mis amigos me cargan por dos cosas: Yo hablando por teléfono en la mitad de la cancha diciendo “muevo yo Mauro, Walter Perazzo”, y viendo cómo ese aparato salía de la cancha tirado por un hilo. Y el otro, cuando me pusieron un gorro mexicano que era en alusión al inicio del Mundial 1986. Fueron situaciones simpáticas que quedaron en el recuerdo.

¿Cómo se tomó el hincha de San Lorenzo tu paso a Boca?

-No le gustó. Pero hacía dos años que no renovaba contrato y a los tres meses quedaba libre. A pesar de las ofertas que llegaban del exterior, el club nunca terminaba de cerrar. De San Lorenzo me quería ir bien, apareció una oferta de Boca y eso al club le iba a permitir recibir una plata. No se sabían los pormenores y no les cayó bien. Cuando me tocó enfrentar a San Lorenzo me tiraban radios y monedas. Fue la mejor salida a pesar de que el hincha no lo comprendió.

Fuiste testigo de la salida de Hugo Gatti. ¿Cómo se vivió?

-Yo recién había llegado a Boca. En la primera fecha jugamos contra Armenio y yo era un espectador. Era muy nuevo. Habíamos llegado Simón, Marangoni, Barberón, Navarro Montoya y yo. Estábamos viendo donde pisábamos, conociendo el mundo Boca. Gatti era un prócer, un ídolo. A mí me sorprendió la decisión, no por las condiciones del Mono, sino por lo que significaba Gatti.

¿Era cuestión de tiempo?

-Tarde o temprano, Navarro Montoya iba a atajar. Hubo muchas repercusiones. Le tocó a Pastoriza tomar esa decisión, pero insisto, a nosotros al ser nuevos no nos afectó la situación. Con un arquero nuevo fuimos a jugar contra River, que era el Dream Team. Estaba Menotti y había llevado a los mejores del medio. Ese día en Boca debutó Juan Simón. Ganamos el clásico, hice un gol y tuvimos un muy buen torneo que peleamos hasta el final contra Independiente. Nos quedamos sin gasolina al final porque nos desgastó la Copa Libertadores.

Walter Perazzo en Boca. (Foto: gentileza Walter Perazzo)
Walter Perazzo en Boca. (Foto: gentileza Walter Perazzo)

¿Por qué no fuiste el de San Lorenzo?

-El primer año fue bueno. El 9 necesita ser asistido y yo tenía a mi lado a goleadores y no a asistidores. Graciani y Comas terminaban la jugada. Ese campeonato terminamos con Graciani 10, yo con 11 y Comas con 12 goles. Es un buen número, pero yo no tenía ningún gol con pase de ellos dos. En San Lorenzo las terminaba yo.

¿Cuánto cambió la cabeza del jugador?

-Fuimos más sufridos, nos arreglábamos con menos cosas. Para nosotros, nuestro mejor juguete era la pelota. Estábamos mucho tiempo jugando.

¿Pensaban en la plata?

-Nosotros queríamos jugar en el equipo que eras hincha. Salir campeón con tu equipo. Europa no era algo inmediato. Yo miraba a Sanfilppo, al Ratón Ayala, al Lobo Fischer. Yo quería seguir ese camino. El jugador de hoy tiene otra vida. Tiene muchos entretenimientos. Además tiene mucho apoyo.

Dirigiste a juveniles que juegan en el primer nivel mundial. ¿Es complicado relacionarse con ellos?

-Se les hace difícil mantener los pies sobre la tierra porque hay muchas tentaciones. Me tocó dirigir a un equipo Sub 15 y tienen siete pares de botines. Viajan con un celular en una mano y la Play en otra. Con 16 o 17 años sostienen a la familia. Empiezan a ganar más que el padre y la madre. Eso cambia los roles dentro de una casa. Tienen un escenario distinto al nuestro. A pesar de tener menos potrero, el jugador de élite tiene el fuego sagrado de querer ser el mejor, de querer perfeccionarse y si pasa al lado del palo se lamenta. La técnica ha dejado de ser prioridad como en nuestra época. Hoy predomina lo físico.

Walter Perazzo tuvo un paso por las juveniles de la Selección argentina  (AP Foto, Ricardo Mazalan).
Walter Perazzo tuvo un paso por las juveniles de la Selección argentina (AP Foto, Ricardo Mazalan).

¿Te enorgullece que Hernán Crespo te tenga como espejo?

-Los jugadores tomamos referencia. Yo miraba a Fischer. Y que Crespo diga que fui parte de su inspiración me da felicidad. Ser referente de un jugador que llegó a la cima del fútbol me gusta mucho. Crespo era un nueve completo. Pateaba con las dos, sabía cabecear, asistía a un compañero.

¿Tanta hambre tenías que te comiste un pan en pleno partido?

-Fue una historia que me gusta recordar. Fue en 1983 en Córdoba. Jugamos contra Instituto y teníamos un equipazo con Toti Iglesias, Husillos y la Chancha Rinaldi. El partido empezó a las 19 y habíamos merendado a las 16. Pero para mí era muy importante la siesta y no bajé a merendar. Salíamos a la cancha y a medida que el partido avanzaba empecé a marearme. Mi primer tiempo fue espantoso. Estaba a punto de desmayarme.

¿Pensaste en salir del equipo?

-No. En el entretiempo le dije a Angelito Spadafore, famoso kinesiólogo, que me consiga algo para comer porque me sentía mal. En el vestuario no había ni una golosina. Le di plata y le dije que me traiga un pancho, un choripán, ¡algo para comer! Angelito aparece luego de la charla técnica del entretiempo y me dice que no consiguió nada. Me mojé la cara, tomé agua y salí a la cancha. Y cuando estaba haciendo el calentamiento para arrancar el segundo tiempo, del lado de la hinchada de Instituto empiezan a insultarnos. Y me pega algo en la espalda. Me doy vuelta ¡y era un pebete! Dije “esto me cayó del cielo”. Estaba impecable, no tenía hormigas, ni tierra, nada. Lo partí al medio y me lo empecé a comer.

¿Cómo siguió la historia?

-Los cordobeses con su humor me decían de todo. Encima nosotros teníamos fama de no tener agua, no cobrar, les cayó justo para la broma. Gritaban “porteño muerto de hambre, no les dan de comer”. Pero me empecé a sentir bien, ganamos 4 a 1, hice el primer gol, fui figura y le mande bendiciones al hincha que me tiró ese pan.

¿Cómo vivieron el ataque que lesionó a Claudio Zacarías?

-Estamos listos para salir a la cancha, donde uno se arregla las medias, se acomoda la ropa. Me acuerdo de que estaba en una pileta lavándome la cara y veo por el espejo como un relámpago y posteriormente la explosión. Atiné a agacharme y a cubrirme. Cuando me doy vuelta vi los vidrios de varias ventanas todos rotos y a Claudio sentado en un banco y empezó a gritar. Luego Zacarías sale corriendo y pasa por delante mío. De frente no pude ver nada pero cuando él me dio la espalda vi que tenía algo parecido a un saco roto cuando uno extiende la mano. Estaba todo cortado y con mucha sangre. Una situación muy dura para ver. Gritos, sangre y mucha incertidumbre.

¿Qué pasó después?

-Lo agarraron el Negro Mendoza y Hogo Lobbe (el médico) para hacerle los primeros auxilios y se lo llevaron en ambulancia.

¿En la previa el clima estaba complicado?

-No. Estábamos sorprendidos porque no había una gran rivalidad. Instituto no se jugaba nada. Fue un acto inaceptable. Terminamos todos en un hotel y a la noche nos contaron que Zacarías estaba delicado pero que de a poco lo iban a sacar adelante. Claudio se quedó un tiempito largo en Córdoba.

¿Como fueron los días posteriores?

-Perdimos la alegría. El plantel de Los Camboyanos se sobreponían a todo. Pero había muchas dificultades desde lo económico e institucional. El dolor de Claudio nos tocó y ya las semanas no eran iguales. Estábamos peleando el campeonato a falta de dos fechas pero en el partido siguiente River nos ganó 4 a 2.

¿Lo volviste a ver a Zacarías?

-Sí, lo enfrenté cuando yo estaba en Boca. Me puso muy contento volver a verlo en una cancha. Compartimos plateas mirando diferentes partidos por nuestro trabajo. Su situación es una cuenta pendiente que tiene el fútbol argentino.


Por Sergio Chiarito-TN