Baires Para Todos

La trampa de la seguridad

Cuando el parlamento busca ser utilizado como reducto de tratamiento de una ley que aislada no es más que una trampa con efecto mediático 

Bajar la edad de imputabilidad, sí. Reformar el Régimen Penal Juvenil también. Eso sí, no perder de vista que estas acciones representan un fracaso político/social.

Ambas cosas deben hacerse entendiendo que ya perdimos a una generación en el delito. Delito amarrado a la droga como eslabón y con el agravante de haber comenzado a perder a una nueva generación por la falta sostenida de políticas públicas y de políticas de estado.

La prevención es la anticipación del delito. Pero es también la estrategia que necesita de las variables educación, salud y trabajo en el marco de un tejido social roto frente a un tejido delictivo empoderado.

Sucede que no se puede pensar, analizar e implementar una baja de edad de imputabilidad sin contemplar la inescrupulosidad de los adultos criminales que se aprovechan de una ecuación de base: “A menor edad, menor percepción de riesgo y peligro”. 

Bajo esa ecuación muchos mayores inducen a menores al delito no necesariamente con derramamiento de sangre. Sin embargo, sabemos que la escalada en la cadena delictiva es cada vez más acelerada porque la droga, como instrumento de despegue, quita el nivel de “represión” necesario para la vida en sociedad.

Consideraciones cualitativas y de campo para que la baja y el régimen no sean una trampa

1- En Argentina el régimen penal juvenil no está ni a la altura del estado del tejido social ni a la altura del tejido delictivo.

2- Los centros de menores son escuelas del delito donde los continentes educativos y emocionales son un concepto límite. La antítesis de la concientización con proyección de reinserción.

3- El avance y la consagración del Narcotráfico determinaron de forma sustancial la movilidad criminal. Con el Narcomenudeo en los barrios cambiaron las perspectivas y la droga devino en el eslabón de la cadena delictiva.

4- La droga, bajo el mando narcomenudista, habilita cantidad delitos conexos que necesitan de menores para garantizar la impunidad.

5- Los menores de edad son el escudo proteccionista de los adultos criminales.

6- Hasta el momento, tal cómo está configurada la Ley, el menor que delinque no tiene una pena. La justicia no actúa de forma homogénea en el país. Hay jueces que liberan y otros que buscan el marco legal para evitar la impunidad reproductiva.

7- La certeza de la impunidad reproduce menores delincuentes y acelera la temprana edad a la incursión en el delito.

8- Bajar la edad de imputabilidad debe ser una decisión política sustentada en el conocimiento del estado de situación. No debe ser una medida de efecto. Tampoco aislada.

9- Bajar la edad de imputabilidad es reconocer, al mismo tiempo, el fracaso en materia de seguridad de todos los gobiernos nacionales. Y dar una respuesta consciente y contundente a una sociedad que reclama justicia.

10- Bajar la edad de imputabilidad no es ir en contra de los derechos humanos. Es una forma legal de prevenir la emergencia de nuevos delincuentes y de darles un continente a los que ya delinquieron si es que la mirada es proyectar de forma positiva.

11- La baja debe darse en el marco de un programa integral que contenga las dimensiones claves del desarrollo humano integral.

12- El menor delincuente es primero víctima. Y luego deviene en victimario. La línea de paso es ultra delgada. Imperceptible.

13- Saberse impune en contextos de anomia y con Estados ausentes habilita más delincuentes, más delitos, más violencia y más muertes.

14- Una generación perdida en la droga por consumo y delito. Una próxima generación a perder si no se llevan adelante políticas públicas.

15- Bajar la edad de imputabilidad solo tiene sentido bajo la estrategia de la prevención entendida como seguridad.

16- La prevención debe darse en todas las áreas y la escuela no es la excepción. El tema familiar es complejo porque hay familias que se convirtieron en organizaciones criminales. Los hijos de la droga. Generaciones 2.0.

17- Las medidas aisladas no son medidas. 

18- Bajar la edad de imputabilidad requiere de espacios acordes a la edad, dado que de lo contrario niño se distorsionará aún más. Espacios con continentes.

19- Una sociedad no puede resignarse a perder generaciones en el delito y en la cárcel. Tampoco hundidas en el consumo de drogas. 

20- Creer que bajar la edad de imputabilidad limitará el accionar criminal de los mayores de edad es desconocer el lado inescrupuloso de los mismos.

21- Hay niños de entre 6 y 8 años que actúan de “mirillas” y algunos fuman marihuana. Los “padres” les administran, en su proyecto de muerte que es la droga, el consumo de algunas sustancias psicoativas.

22- Pensar que esos mismos “padres” o integrantes de organizaciones no van estimular el salto de esos niños a la comisión de delitos, es desconocer que dentro del universo delictivo los códigos ya no existen.

Síntesis con una placa y una frase

“DIOS TE DA LA VIDA Y YO TE LA SACO”. Un arma, un menor, y un grabado de barbarie.

Bajar la edad de imputabilidad es una medida legal necesaria pero siempre dentro de un programa integral y no como acción aislada.

Si no hay integralidad la exposición de los menores al delito será aún más temprana, ya que existe una estructura criminal acomodada sin escrúpulos y en donde la droga aparece como un eslabón delictivo. Un medio para algunos. Un fin para otros.

Pero bajar la edad de imputabilidad no es un logro. Es un doble fracaso. Político y Social.

Es no haber atendido debidamente al delito conforme al estadío en el que se encontraba y no haber puesto a la prevención como eje esencial y fundamental en los ámbitos de la seguridad, la educación y la salud.

Es la tergiversación, al mismo tiempo, de la familia.

Bajar la edad de imputabilidad se impone frente al empoderamiento delictivo y la desintegración del tejido social. No obstante, dicha baja no puede ni debe ser selectiva. Tampoco acomodaticia.

Hay una tendencia a criminalizar por color de piel y vestimenta. También la nacionalidad. Algo que se ve, en exceso, en los controles. Pero el criminal es como la droga. El espanto es el mismo, solo cambian los escenarios de la denigración y la barbarie.

Otra de las cosas fundamentales para bajar la edad de imputabilidad es tener en cuenta, precisamente, el tratamiento que se le da al menor.

Para no darle a un menor de 14/16 años -por poner una edad estimada de la baja- un tratamiento igual al de un mayor de edad es indispensable no mezclarlos. 

El menor delincuente no debe estar alojado con delincuentes mayores. Éstos ya tienen otros valores agregados y un desarrollo acabado de la percepción de riesgo, peligro, daño y muerte.

La baja de edad de imputabilidad en el marco de un programa integral debe forjar herramientas a largo plazo en donde justamente, el menor, además de cumplir su pena, desarrolle continentes intelectuales que le permitan tomar plena conciencia del daño ocasionado. Algo que debe contemplarse, a su vez, es si ese menor es usuario consumidor de sustancias psicoactivas. Esas que quitan el nivel del represión necesario para la vida en sociedad.

No se trata de reducción de daños en un menor, se trata de no fomentar su inclinación al crimen junto a otros avanzados. Por eso la ley de salud mental también juega un rol para encarar una baja efectiva.

Apresurar el tratamiento de estos temas no es en beneficio de la seguridad. Es, sin duda, un mecanismo de apego al show con simulación de profundidad.

Por Laura Etcharren-https://soclauraetcharren.blogspot.com/

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