Baires Para Todos

La carrera presidencial ya empezó

Hay dos ya decididos a competir en 2027. Hay otros cuyas chances de hacerlo están atadas al futuro de Milei y a lo que les indiquen las encuestas.

La política huele tiempos de cambio. Probablemente, a partir de las encuestas que vienen registrando una caída de imagen de Javier Milei y un rechazo a su gestión en torno al 60%. De ahí que en estas semanas se hayan sumado más nombres a la lista de potenciales precandidatos presidenciales. Entre ellos, están los convencidos 100 % de que competirán, los que están “casi” decididos y los que lo están en un 50%: son los que esperan a medir sus posibilidades y las del resto antes de lanzarse.

Candidatos 100%. Hoy, aun con crisis y escándalos, el Gobierno todavía muestra potencia electoral. Con los más de 30 puntos de adhesión que los sondeos le atribuyen, aparece compitiendo cabeza a cabeza con Axel Kicillof, la opción peronista mejor posicionada. De hecho, son los dos políticos cuya decisión de competir está tomada. Milei, como otros líderes hegemónicos como Menem o los Kirchner, no promoverá el surgimiento de nuevos liderazgos. Si no es él (y su hermana), no será nadie.

La candidatura de Kicillof aparece como su única opción superadora al no poder reelegir. Algunos estudios lo dan arriba de Milei y otros debajo, en una relación que –si las elecciones fueran hoy– llevaría a ambos al balotaje. Si eso sucediera en 2027, lo que terminaría definiendo al ganador será el nivel en sangre de antimileísmo y antiperonismo existente en la sociedad.

El primer nivel seguirá creciendo en la medida en que el descontento con el Gobierno se transforme en intolerancia activa. El segundo crecerá si el candidato peronista no logra separar sus propuestas a futuro del pasado al que un sector social identifica como “riesgo kuka”. Milei no puede despegarse del mileísmo. La duda es si Kicillof podrá despegarse del cristinismo, quedándose con lo bueno de esa cercanía (el 20% o el 25% del electorado que reivindica a la expresidenta) y separándose de lo malo (en especial, del tema corrupción).

Por eso, la estrategia del Gobierno será azuzar el fantasma de “Cristina libre” y de asociar al “soviético” gobernador con el extremismo ideológico. Mientras que la de Kicillof será, como viene siendo, no mostrarse cerca de Cristina, protestar por su prisión sin aceptar la opción del indulto y generar un relato lo suficientemente moderado como para no espantar al voto independiente.

En La Plata lo llaman “transformar a Axel en el peronista permitido” del electorado no peronista, “pero tampoco gorila” (considerado votante imposible). Creen que el gobernador cumple con las premisas de honestidad y capacidad de gestión que ese votante valora.

Candidata 75%. Entre ambos, comienza a aparecer otra postulante que, según quien haya hablado con ella, es una candidata 100% –ya decidida a competir cualquiera fuera el escenario– o una 75 %, con fuerte expectativa de serlo, aunque esperando las condiciones ideales para postularse. Unos dicen que Patricia Bullrich ya decidió encabezar una de las boletas y que simplemente está analizando si se despega ahora de su jefe o si aguardará a que Milei caiga más en las encuestas. Otros sostienen que, si bien su deseo es competir por el máximo cargo, eso dependerá de cómo le siga yendo al Gobierno. Y están los que aseguran que, en realidad, lo que ella hace es amenazar con la Presidencia para después negociar con Karina la candidatura por la jefatura de Gobierno porteño.

En el universo del PRO y de lo que alguna vez fue Cambiemos, están quienes la consideran una buena opción para representar al votante que apoya los lineamientos de esta administración, pero no sus formas (los “ñoños republicanos”, los llamaría Milei). Aunque para el macrismo, ella sería el plan B. Intuye que una alianza con Bullrich les garantizará conflictos similares a los que enfrenta con Milei. Por eso su plan A es que Mauricio Macri “vuelva a cantar”, como él mismo dijo esta semana.

Candidatos 50% al 75%. Pero, en porcentaje, la chance de Macri candidato por ahora fluctuaría entre un 50% y un 75%, según la semana y según a quien se consulte. Cerca de él, cuentan que el expresidente pasó de un apoyo amplio a Milei a sentirse ofendido por el destrato recibido. “Le apareció el calabrés”, sintetizan los que le asignan más posibilidades a su postulación.

En ese mismo rango de probabilidades comienza a aparecer cada vez con más insistencia el nombre de quien lidera el principal banco privado del país, el Macro. Jorge Brito es impulsado por sectores del círculo rojo que ven en él a un outsider que, a diferencia de Milei, les resulta moderado, predecible, con una exitosa experiencia de gestión empresarial y una empatía social de la que carecen los libertarios. Lo único seguro por ahora es que nada sucedería hasta después del Mundial (aunque allí pueden aparecer señales aprovechando su perfil futbolero) y que nada hará dentro de los partidos tradicionales.

Hay otro outsider que dice: “Sí, pero…”: Dante Gebel. Lo expresó en público y en privado en su reciente visita al país (vive en los Estados Unidos). Lo rodea un incipiente grupo de sindicalistas, exlibertarios y peronistas no kirchneristas. Esperará a lo que digan las encuestas para ver qué hace.

Y después está Sergio Massa. El hombre que estuvo a tres puntos de triunfar en 2023, a pesar de ser el ministro de la inflación de dos dígitos. El mismo que alentó la creación del mileísmo para competirle al PRO, el que mantiene relaciones con Cristina y Kicillof, el que comparte con Brito el afecto que tenía con su fallecido padre y el que ya colocó a un exdirigente del Frente Renovador al lado de Gebel. Massa, el que muchos imaginan detrás de estos y otros precandidatos (como el exgobernador Sergio Uñac, rango de chance 50% – 75%), no descarta ser él mismo quien se postule. Pero como no quiere volver a perder, las posibilidades de que lo haga también dependerán de los futuros sondeos.

Candidato final. Macri y Bullrich comparten con Milei una porción del electorado, pero hay otro 24% (los puntos que ella obtuvo en 2023) que votó a Milei en el balotaje y que no es seguro que lo vuelva a hacer en 2027. Kicillof, u otro peronista, podría partir de un porcentaje similar al que votó a Massa en aquella elección, un 37%, suficiente para llegar a un balotaje. Siempre que no aparezca otra opción que le saque votantes del peronismo clásico.

Candidatos outsiders como Brito o Gebel deberán sumar, además de voto independiente, el de quienes alguna vez eligieron peronismo, radicalismo o variantes liberales. Su suerte dependerá del fracaso de Milei y de si habrá una mayoría que, después de un outsider, apostará por otro u optará por volver a un político “profesional”. El nombre del futuro presidente se está empezando a construir en este delicado presente.

Contendrá una parte del fracaso o éxito de este gobierno, otra cuota del hastío que la sociedad del espectáculo perciba frente a la reiteración del show libertario y algo de la nostalgia de quienes añoran tiempos mejores. Además de dosis de miedos y esperanzas con las que los diferentes sectores sociales cargan a sus candidatos, simbolizando sus angustias e intereses.

No falta tanto para saber quién será. Quizá sea alguien que exprese una nueva rebeldía social. La de una mayoría harta de este destructivo juego de la polarización y la desconfianza colectiva que impide cualquier desarrollo serio y sustentable.

Postulantes. La caída en la imagen de Milei acelera los tiempos electorales. | cedoc

Por Gustavo González – Perfil