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Sociales

¿Volvieron los saludos con besos y el mate compartido?

De a poco, los argentinos retomamos hábitos cotidianos como el beso para saludarnos y una ronda de mate compartida que se habían visto interrumpidos abruptamente por la pandemia. Para los expertos el equilibrio está en el medio

Adiós a los abrazos, a los besos y al mate compartido, demanada la pandemia de Coronavirus que aún sigue aquejando al mundo. El distanciamiento social recomendado por las autoridades sanitarias en todo el mundo hizo que algunas costumbres argentinas caigan en desuso.

Últimamente, con la flexibilización de la mayoría de las restricciones sociales -que incluye entre otras, no usar barbijos en lugares cerrados y escuelas, eliminar el distanciamiento social incluso en situaciones de aglomeración de personas, la reapertura de locales culturales, bares y restaurantes, y la vuelta plena al trabajo y al estudio, eliminando la propuesta full remota y solo dejando la híbrida-, no es raro escuchar decir a familias, amigos y compañeros cuando se encuentran con grupo: “¡Yo ahora saludo con un beso!” o “¿Y si compartimos un mate?

Tan duraderas como las costumbres son las advertencias de las autoridades sanitarias que instan a la suspensión de estas exhibiciones en tiempos de brotes de enfermedades. La costumbre del beso, la bise, fue prohibida en Inglaterra y Francia en el siglo XIV para combatir la plaga y realmente no regresó durante varios siglos. También se suspendió en 2009 por la gripe porcina. A medida que el nuevo coronavirus, SARS-CoV-2, se afianzaba, los funcionarios de salud de todo el mundo instaron a las personas a poner una pausa a los apretones de manos y los besos sociales.

El beso en la mejilla para saludarse forma parte de la cultura nacional. En Argentina, este saludo no sólo se produce durante los encuentros entre familiares o amigos, sino también a la llegada al trabajo o a las escuelas y universidades, entre colegas. 

¿Desde cuándo los hombres se saludan con beso en Argentina?

En Internet proliferan los foros en los que miles de extranjeros se preguntan por qué los hombres argentinos se besan tanto. Los especialistas dicen que no siempre los hombres se saludaron con besos en gran parte del país y que más bien es una costumbre que se instaló tímidamente en los 70 y a partir de los 90 se generalizó. Incluso, se hizo costumbre enviar besos por teléfono, e-mails y más adelante mensajes de texto al finalizar una conversación.

“La realidad pandémica nos obligó a ceder obligatoriamente a muchas situaciones de la vida cotidiana, que en parte son singularidades de la cultura local de cada grupo comunitario, pero a la vez parte del lazo social en que está constituido el ser humano, más allá de las características de su entorno cultural y su época”, aseveró en diálogo con este medio el psicólogo Jorge Catelli (MN 19868), miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Y agregó: “Recibir del otro su proximidad, su afecto físico y su contacto, pasó a ser repentinamente una amenaza para la propia salud y la posibilidad de transformarse en un multiplicador de esos riesgos. Los besos, evocando aquella incorporación inicial del ser humano indefenso y necesitado, pasaron a ser el escándalo del riesgo asegurado al contagio”.

Está claro que los saludos son un aspecto esencial de la interacción humana. Andy Scott, autor de ¿Un beso o dos? En busca del saludo perfecto, explica en su libro cómo los saludos nos unen, mantienen los vínculos sociales, señalan la aceptación y “nos incorporan a un entorno social”. Sin embargo, como dijo el experto en una entrevista con National Geographic, para muchos el distanciamiento social puede haber sido una bendición disfrazada. “Era la excusa perfecta para no dar la mano, besar o abrazar. La pandemia nos dio una certeza. Para algunas personas fue un alivio porque se eliminó la intimidad física de los saludos, y eso es algo con lo que muchos luchan, sobre todo cuando se enfrentan a alguien con quien la relación no está completamente desarrollada”, explicó.

Para Scott, la historia sugiere que gradualmente volveremos a nuestras viejas costumbres. De hecho, después de las plagas de la Edad Media y de la pandemia de 1918, los humanos aprendieron gradualmente a besarse y abrazarse de nuevo. “Mi intuición es que, con el tiempo, con la familia y los amigos cercanos existe ese instinto de reunirse con abrazos y besos. Hasta cierto punto, esto se debe a nuestra confianza en la eliminación del coronavirus. Pero habrá incertidumbre e incomodidad al respecto durante algún tiempo”, añadió.

Y en esto, el doctor Ricardo Teijeiro, médico infectólogo y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), coincide. En diálogo con Infobae, el especialista manifestó: “Hay que manejarse con el sentido común y es lógico que a medida que los casos bajan retomemos la vida que teníamos antes y con ella nuestros viejos hábitos”. Pero también advirtió: “Sin embargo, todavía tenemos circulación viral y en los últimos días esta empezó a incrementarse. Creemos que va a seguir aumentando aunque sin riesgos porque no hay grandes complicaciones en los pacientes. Sí están circulando otros virus respiratorios, además del SARS-CoV-2, y mantener la distancia y no estar besándonos por ahí previene el contagio de la mayoría”.

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