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Hereje por necesidad (y rencor)

Gerardo Morales milita la causa oficialista y avisó en JxC que hasta las elecciones habrá gestos a la Rosada, donde lo tratan “mejor que Marcos Peña”. El enojo con Fernández.

Las necesidades financieras de Jujuy, la cálida recepción de la Casa Rosada albertista en contraste con el destrato que sufría en la era Marcos Peña y su pragmatismo como herramienta fundamental para el ejercicio de la política conforman el cóctel que le permite a Gerardo Morales ser, hoy, una especie de oveja negra en Juntos por el Cambio. El último botón de muestra fue el apoyo de sus legisladores al impuesto a las grandes fortunas, que la alianza que integra repudió casi desde un enfoque clasista. No le importó, como tampoco le había importado el acompañamiento al Presupuesto 2021. “Gerardo es así”, dicen desde las cumbres del gobierno jujeño.

Basta con revisar su actividad en Twitter para ver su sintonía con el gobierno de Alberto Fernández. Solo en los últimos días, estuvo con los ministros Martín Guzmán (Economía), Matías Kulfas (Desarrollo Productivo), Daniel Arroyo (Desarrollo Social) y Mario Meoni (Transporte), con el secretario de Energía, Darío Martínez, y también con Santiago Cafiero. Todo, en lo que va de noviembre.

El jefe de Gabinete lleva los vínculos de gestión con Jujuy, a la par del ministro del Interior, Eduardo de Pedro. En Jujuy celebran el funcionamiento de este triángulo. “Nos llevamos mejor con ellos que con Marcos Peña”, admite un hombre muy cercano a Morales, que recuerda lo gélida que se ponía la casa de Gobierno cuando los gobernadores radicales tenían audiencia con el jefe de ministros del macrismo.

Pese a lo aceitado del vínculo con el gabinete nacional, sufrió un gran daño la relación de Morales con el Presidente. El viaje de Fernández y varios dirigentes del Frente de Todos al norte para acompañar el retorno a Bolivia de Evo Morales terminó en una pelea con el gobernador de Jujuy, quien pidió una audiencia con el jefe de Estado que fue denegada. Así, el costo para el Presidente de ese banquete en La Quiaca fue doble: se volvió con aislamiento obligatorio –él y el resto de la delegación- por el contacto estrecho con el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz –positivo de covid 19- y con su puente más confiable con Juntos por el Cambio ofendido por el ninguneo. Win-win, pero al revés.

Más allá de la bronca coyuntural, que tanto en Buenos Aires como en Jujuy creen que pasará más temprano que tarde, Morales tiene hasta aprecio por Fernández, con quien entabló una relación cuando el hoy Presidente era jefe de Gabinete y el hoy gobernador era jefe de la bancada de senadoras y senadores de la UCR. Un operador de extrema confianza del jujeño expone el panorama sin medias tintas. “El problema de él es con Cristina (Fernández de Kirchner), no con Alberto –detalla-. Suele decir que el Gobierno tiene la oposición adentro”.

REBELDE CON AVISO. Gerardo Morales le avisó hace meses a la mesa nacional de Juntos por el Cambio que este año iba a tener que diferenciarse muchas veces y de forma notoria del ala ultra por necesidades políticas y financieras; en 2021, año electoral, tal vez la gestualidad sufra un reacomodamiento. No recibió reproches.

El gobernador de Jujuy ordenó a su tropa desmarcarse del rechazo masivo al aporte extraordinario de las grandes fortunas y la diputada Gabriela Burgos y su par Jorge Rizzotti votaron a favor, junto al bloque oficialista. Desde Jujuy, sostienen que el gobernador tiene una convicción personal en ese sentido; en la alianza opositora, dudan. “Me cuesta creer que Morales esté a favor, porque nunca expresó nada al respecto. Tal vez de repente de convirtió en Robin Hood, pero lo dudo”, deslizó un suspicaz e influyente diputado cambiemista.

En una de esas tantas fotos con el Gobierno, este miércoles, Morales participó de un acto por streaming con Arroyo. Juntos, lanzaron el plan “Potenciar Trabajo” en Jujuy. El gobernador aprovechó el evento no solo para hacer público su respaldo al impuesto que sus compañeros y compañeras de Juntos por el Cambio consideran confiscatorio y anticonstitucional, sino que ya avisó que sus representantes en el Senado también votarán a favor.

En las bancadas de Juntos por el Cambio, entendieron el apoyo de Morales al Presupuesto. De hecho, los legisladores de Corrientes hicieron lo mismo. “El Presupuesto es básicamente negociación. Gerardo estuvo una semana en Buenos Aires negociando y le dieron casi todo lo que pidió. No podía después votar en contra”, aclaró un funcionario jujeño que va a donde va Morales. Ahora, lo del apoyo al proyecto para gravar por única vez la riqueza cayó un poco más pesado. “Lo de ayer (por la sesión del martes y la votación en la madrugada del miércoles) ya fue un poco mucho”, dijo uno de los inquilinos de las 115 bancas de Juntos por el Cambio en la Cámara baja.

En el gobierno de Jujuy, marcan una diferencia con las otras dos provincias radicales. Mientras Morales puede definir los votos en el Congreso con un mensaje de WhatsApp, ni el correntino Gustavo Valdés ni el mendocino Rodolfo Suárez controlan las bancas de Corrientes y Mendoza en ninguna de las dos cámaras. Peor aún: en algunos casos, son víctimas de los verdaderos jefes de esos votos, los mismos que en algún momento los designaron a dedo como sus sucesores: los exgobernadores Alfredo Cornejo (Mendoza) y Ricardo Colombi (Corrientes). “Los pusieron y ahora los liman”, sostienen en el moralismo.

SALVADO DE JUJUY. Según el último relevamiento del Ministerio del Interior, Jujuy recibió 2.500 millones de pesos del Fondo Fiduciario creado para atender urgencias financieras de las provincias. No es un aporte desmedido (es la mitad de Río Negro o Mendoza, dos provincias que sudaron frío por la expansión del coronavirus del AMBA al resto del país), pero tampoco despreciable. Morales recibió lo mismo que Chaco, cinco veces más que La Rioja, el doble que Misiones, 400 millones más que Salta y apenas un poco menos que Santa Cruz.

Pero lo que más y mejor facturan en Buenos Aires es el rescate sanitario que se ejecutó sobre Jujuy, la provincia que conoció los dos extremos de la pandemia: pasó de evaluar la habilitación del turismo interno y las clases presenciales a ver cómo su sistema de salud orillaba el colapso. Si no fuera por el envío de una enorme cantidad de respiradores, terapistas y recursos desde el Ministerio de Salud de la Nación, tal vez el destino de la provincia hubiese sido otro.

Ese salvataje sanitario, que se traduce en uno político, es reconocido al día de hoy en Jujuy casi como un milagro. No alcanzó con eso, igualmente, para conseguir la firma de Morales en la solicitada que suscribieron 19 gobernadores, todos menos los cuatro de Juntos por el Cambio y el cordobés Juan Schiaretti, pidiendo que la cuota de coparticipación de la Ciudad se defina en el Congreso y no en la Corte. Tampoco, hasta ahora, para que el mandatario jujeño exprese públicamente su apoyo a la estrategia de Elisa Carri de salir a respaldar la designación como procurador de Daniel Rafecas, algo que ya hizo en la intimidad de la alianza que, a veces, lo mira como un foráneo.

Nicolás Fiorentino – Letra P

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