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¿Habrá 2023?

Cristina ya tachó la reelección del Presidente y se acerca a Massa, pero cocinan una cumbre para armar una paz transitoria. Quiénes negocian de un lado y del otro.

Los más optimistas dicen que Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner podrían volver a verse en un plazo no mayor a dos semanas. Que el Presidente bajó sus niveles de enojo y que estaría dispuesto a negociar la paz, siempre y cuando la prenda de consenso no sea el armado de un gobierno colegiado ni la entrega de su equipo económico, con Martín Guzmán a la cabeza. La vicepresidenta ya envió su mensaje: las decisiones medulares de la gestión las deben tomar los socios principales del Frente de Todos (FdT), de forma conjunta.  

El encargado de ponerlo en palabras esta semana fue el delegado cristinista en la Casa Rosada, el ministro Eduardo de Pedro, que hasta ahora cumplía el rol de componedor público, mientras la tarea de confrontar quedaba en manos del secretario general de La Cámpora, Andrés Larroque. En diálogo con El Destape, De Pedro dijo que hay diferencias hacia el interior del FdT sobre la forma de combatir la inflación y apuntó contra el equipo económico.

La declaración no fue azarosa. A través del ministro del Interior, Cristina buscó dejar en claro que, como antes el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), temas como la receta para discutir la inflación deben discutirse en una mesa de decisiones sobre la gestión, a la que deben sentarse el Presidente, Sergio Massa y ella misma.

Fernández se resiste. El Presidente entiende que armar dispositivo conjunto para la tomar de decisiones sería sinónimo de tener un gobierno colegiado. Está cansado de que el cristinismo y Massa limen a Guzmán y al resto del equipo económico. En el sector que habita La Cámpora corrió el rumor esta semana de que el ministro presentó la renuncia dos veces en los últimos días, harto del desgaste. En el Palacio de Hacienda lo niegan de manera contundente. El entorno de Fernández explica, además, que no tolera las filtraciones que indican que Cristina le daría “un ultimátum” para rearmar el gabinete. Esas versiones se las atribuyen al camporismo.

Cerca de la vicepresidenta aseguran que la discusión no pasa por los nombres del gabinete, sino por la forma de encarar las decisiones de gobierno. Insisten en que hay que generar un “dispositivo” que pueda hacer más eficiente la gestión y que la diversidad del FdT debe ser capaz de elaborar políticas que se ajusten al contrato electoral de 2019. Hasta ahora, entienden, el Presidente lo hizo solo. Las elecciones de 2021, la inflación y el malestar social indican que ese sistema salió mal.

Como ejemplos a seguir citan el impulso al aporte solidario extraordinario de las grandes fortunas, de Máximo Kirchner, el alivio fiscal, de Massa, y el proyecto que busca recuperar bienes producto de la evasión para pagarle al FMI. Los tres temas tuvieron detrás el armado de una estrategia comunicacional y política que abroqueló a todo el FdT. Ninguno tuvo origen en el albertismo. “Cada vez que salimos a defender una política pública todos juntos, ganamos”, dice el cristinismo.

La generación del “dispositivo” depende de la reunión personal que deberán tener, en última instancia, el Presidente y la vice, para la cual trabajan con bajísimo perfil emisarios de uno y otro lado. Cristina encomendó el diálogo a De Pedro y a Larroque. Por el lado de la Casa Rosada trabajan el canciller Santiago Cafiero – “el nieto”, según La Cámpora – y el secretario de Relaciones Parlamentarias, Fernando “Chino” Navarro. En el entramado de negociaciones y diálogos también aparecen el exministro de Defensa Agustín Rossi, la senadora cristinista Juliana Di Tullio, el diputado frentetodista Eduardo Valdés y el albertista de amistades camporistas Leandro Santoro. En ON y en OFF, la mayoría de los involucrados niega su intervención directa en el armado de una bilateral que se construye con un celo asombroso, pero que está “bastante avanzado”.

Con todo, el armisticio solamente garantizaría una paz transitoria. “El kirchnerismo ya rompió con Alberto. Cristina ya decidió que no lo quiere de candidato en 2023. El periodismo está esperando un crack, un quiebre formal y eso no va a pasar”. La frase pertenece a un dirigente de peso en la provincia de Buenos Aires que tiene diálogo con la vicepresidenta y asegura que la ruptura no tiene marcha atrás. Entiende, de todas formas, que Fernández proclame que va por la reelección para no entrar en el camino del pato rengo. Un leal del Presidente admite la situación y dice que “pareciera que Alberto ya tiene el boleto picado” y que resta acompañar hasta que finalice su mandato. 

Unos y otros reparten responsabilidades. Los dirigentes que militan en el cristinismo disparan contra el jefe de Estado por haberse pretendido independizar de la vicepresidenta “desde el primer día” y no tenerla en cuenta a la hora de tomar decisiones, cuando fue ella quien impulsó su candidatura. Los reproches también alcanzan a Cristina por haber “pensado que Alberto podía ser presidente”. Algo abroquela a todos: la dirigencia recibe quejas en el territorio de parte de su propia militancia y de la ciudadanía que sigue las peleas internas por televisión mientras padece problemas cotidianos. Ya lo dijo el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis cuando advirtió que los votantes propios los “va a cagar a palos” si no le ponen un fin a la novela. “Ojo, porque el capital político de Cristina y Máximo también se consume”, advierte un dirigente cristinista del conurbano.

La gira que llevó a De Pedro por España tuvo algunas reuniones fuera de agenda. Una fue la conversación que el ministro del Interior tuvo con el diputado de Mas País, Iñigo Errejón, amigo ibérico del kirchnerismo. A oídos del Presidente llegó que, en esa conversación, el funcionario habló muy bien de Massa. Fernández entienden que juegan en tándem.

Como prueba de la buena sintonía, la cuenta La Remisería de la Rosada, que maneja el equipo de comunicación del Ministerio del Interior, publicó este viernes fotos en las que Massa y De Pedro se prodigan cariño y ríen juntos. El presidente de la Cámara de Diputados también es de los que intenta mediar en el conflicto, aunque en la división queda más cerca de los Kirchner que del Presidente. Es un hecho conocido por todos que el tigrense tiene el mismo encono con Guzmán que el cristinismo. Además, tiene sus propios candidatos para ocupar el Palacio de Hacienda en el tiempo de primaverita económica que cree que viene. Uno es Martín Redrado, que también charla con Cristina.

En plena tensión con Fernández, Cristina eligió mostrarse con Massa para el acto por los 40 años de la guerra de Malvinas. El encuentro entre los dos fue más que ameno. En su discurso, la vicepresidenta le tiró dardos al Presidente y a la vocera Gabriela Cerruti. El viernes, con acompañamiento del presidente de la Cámara baja, Kirchner presentó un proyecto de atención de la salud al veterano de Malvinas. Los siguieron en las firmas sus respectivas espadas parlamentarias, Paula Penacca y Cecilia Moreau. Las dos trabajaron juntas para pedir lugares en el reparto de comisiones. Lo hicieron apartadas de la mirada del jefe del bloque, Germán Martínez, alineado con la Rosada.

En privado, Massa se ilusiona con ser “el Alberto de 2023”, que podría abroquelar al peronismo, tener el visto bueno de Cristina – que le designaría un vice como escribano 24 horas-, y del establishment. En el cristinismo dicen, a lo José Luis Gioja, que para la definición de candidaturas todavía falta mucho y que no hay que desayunarse la cena.

Dirigentes que formaron parte del kirchnerismo desde sus albores pero que hoy quedaron del lado del Presidente en la interna ven nubarrones en el horizonte, también para Massa. En 2018, un funcionario que estuvo cerca de Néstor Kirchner mucho antes de que fuera presidente, se llevó tatuada la frase que Cristina le dedicó con motivo de una discusión sobre un armado territorial: “Los únicos leales son los chicos”.

Por Gabriela Pepe – Letra P

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