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Estadistas de gambeta corta

Lula, La Doctora, Castillo, Boric. El regreso de la alegría popular. Por Jorge Asís.

Estadistas de gambeta corta

¿Y si la melancolía por el “paraíso perdido” se transforma en la ilusión del «paraíso recobrado»?
Pudo habérselo preguntado Marcel Proust. O Alberto Girri. O Roberto Juarroz. O cualquier cronista latinoamericano.

Con 76 años, frente a la plaza eufórica de muchachos de La (Agencia de Colocaciones) Cámpora, Luiz Inácio Lula da Silva evocaba aquel proceso idílico, fatalmente desperdiciado.
La coincidencia de los “grandes líderes progresistas” (de gambeta corta).
“Yo fui presidente de Brasil con Néstor y Cristina en Argentina, con Hugo Chávez en Venezuela, con Lugo en Paraguay, Evo en Bolivia, Michelle Bachellet en Chile, Correa en Ecuador, Tabaré y Mujica en Uruguay”.
Momento único: ¿Irrepetible? La América Latina del poeta Armando Tejada Gómez en alza. “Canta conmigo canta”.
“Libera tu esperanza con un grito en la piel”.

Satán olía a azufre

Por entonces Bush -el “representante del Imperio”- necesitaba un éxito diplomático.
Pero el Satán que olía a azufre -según el infantilismo de Chávez en el show de Naciones Unidas- quería imponer el ALCA como «una herramienta del Imperio para someter y dominar nuestros países”.
La irrelevancia estratégica de los líderes despierta, 16 años después, la melancolía utilitaria de Lula.
Desperdiciaron el mejor momento del subcontinente. Los productos volaban. Había soja y petróleo para avasallar y conquistar. Sobraba liderazgo pero faltaba visión.
Pero la inocencia táctica impregnó de ridículo la ceguera estratégica.

Aún celebran como hazaña lo que fue un catastrófico error que demolió la penúltima posibilidad de integración americana.
En vez de persuadir al Satán del azufre en la mesa de negociaciones, los estadistas de gambeta corta prefirieron la retórica de rechazar la integración.
E identificar semánticamente al ALCA con la descalificación del carajo. ALCA al… Cuánto ingenio.
En uno de los tramos más abyectos y escandalosos de la diplomacia argentina, Mar del Plata sirvió de marco para festejar la contracumbre de Mar del Plata.
Con Evo y el genial Maradona. Financiada con los 700 mil dólares que puso, en efectivo, PDVSA.
La petrolera poderosamente filántropa. Chávez, El Benefactor, tenía instalada una cadena de la felicidad en el subcontinente…
Había que cuidar los traseros sensibles de los industriales de San Pablo. Como los traseros de los valientes prebendarios de Buenos Aires.
Había que ajustarse al proteccionismo de los estadistas de gambeta corta que desconocían el alcance del poder que habían acumulado.
Cuando América Latina tenía la necesaria legitimidad política para negociar las reivindicaciones y el ensanchamiento de sus mercados, los giles optaron por la facilidad del cántico.
Por la omnipotencia estética del barrabrava. En adelante transcurre el turno del error como acto de patriotismo.

En el mapa equivocado

La Argentina inviable se encuentra estancada por el aburrimiento suplicante de las negociaciones por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
Dos años de sistemática franela por un crédito de 44 mil millones de dólares.
Patología estructural del país que tuvo mala suerte. Le tocó figurar en el mapa equivocado.
El país debió haber tenido la suerte geográfica de ser europeo.
Para sobrevivir, debió haber jugado en otra Liga.
Consta que la Unión Europea auxilió a Grecia con más de 300 mil millones de euros.
Y los astutos griegos prosiguen tranquilos con el interminable commodity del sol.
Con sol e islas le basta a Grecia para no sucumbir mientras Argentina, por figurar en el mapa equivocado, queda comparativamente estancada.
En permanente riesgo de default y por una miserable propina.

Vuelve la alegría

Pero ánimo porque la fiesta popular puede volver.
Nicolás Maduro no es Chávez, pero Venezuela está, aunque también desperdiciada y fundida.
Hay otros como Alex Saab en el horizonte. Y Antoninis en cantidad.
La Doctora no es El Furia, pero Argentina también está, puede apuntarse. Aunque tenga medio cuerpo en el cadalso.
El paraguayo Lugo y el ecuatoriano Correa diluyen sus respectivas fragilidades en la Estudiantina de Puebla.
Es el conjunto de líderes (de gambeta corta) jubilados que coordina el presidente Alberto Fernández, El Poeta Impopular. Paréntesis de transición.

Para horror de Mario Vargas Llosa, emerge el Populismo Andino.
Brota la izquierda del profesor Pedro Castillo Terrones, en Perú, con chambergo y todo.
Aunque asediado por la extrema derecha de la señora Keiko Fujimori.
Luis Arce, desde Bolivia, incorpora el relativo progresismo racional.
Es altamente posible que el eje andino se fortalezca en Chile. El joven revolucionario Gabriel Boric debería triunfar ante el extremo derechista José Antonio Kast.
El péndulo lleva a países como Chile, Bolivia y Perú a oscilar entre los extremos antagónicos.
Es lo que permite valorar el movimiento extraño del peronismo. Un commodity que Argentina debería exportar.
El desafío de ser la derecha de la izquierda y en simultáneo ser la izquierda de la derecha.
Fenomenología que cuesta -aceptémoslo- admitir.

El viento progresista de los Andes le brinda un contexto favorable al retorno de Lula como presidente de Brasil en 2022.
Coronaría gloriosamente la campaña iniciada en Buenos Aires, que repugna al yacente Bolsonaro.
Lula vuelve con 77 años. Épica de resistencia y experiencia en persecuciones.
Es el gran estadista con futuro. Para coincidir y compartir con Joe Biden, El Abuelito Dulce, de 79.
Y en Argentina Lula es una prolongación de La Doctora. Unificados por la fábula del Lawfare.
Solidificados por las difamaciones de los grandes medios de comunicación.
A los que La Doctora, en el desparramo oral, identifica como el peor enemigo. El único.
“Ya no voltean las botas» desparrama, «hoy voltean los micrófonos”.

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