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El mecanismo – Baires Para Todos
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El mecanismo

Los arrepentidos se aferran a la coartada del aporte. 驴Cristina tiene una bomba?

Apasionante la novela del hiperrealismo argentino: se supera cada d铆a con cap铆tulos nuevos, aparici贸n de testimonios impensados y presuntos arrepentimientos de personajes hasta ahora probos y que dictaban clases de moral. Todos los d铆as surge una corruptela desconocida, despiertan incluso causas y delitos no comunes. Por ejemplo, la evasi贸n de millones de d贸lares de las empresas por no incluir sus contribuciones en los asientos contables, tr谩fico de facturas falsas y documentaci贸n adulterada, tambi茅n lavado de dinero. Se agiganta la imaginaci贸n jur铆dica 鈥搇a palabra 鈥渁portes鈥 reemplaza a las 鈥渄谩divas鈥 de los 90 como recurso para ocultar el concepto 鈥渃oimas鈥濃, hasta el Presidente se anticipa a los acontecimientos y parece saber de inminentes episodios a transcurrir esta semana (驴ser谩 una confesi贸n grabada de Mu帽oz, ex secretario de Cristina y N茅stor, antes de morir?, como escribi贸 ayer el periodista Marcelo Bonelli). Sorprende que una sola persona, un chofer de apellido Centeno, haya sido el elemento provocador del mayor esc谩ndalo del siglo por incluir recorridos, paradas y delivery de bolsos en unos memoriosos cuadernos (al parecer, tambi茅n registr贸 videos comprometedores).

Asimismo, sorprende que el mundo econ贸mico internacional, siempre en reclamo de mayor transparencia en una Argentina dudosa, huya de los valores del pa铆s 鈥cae la bolsa, vuela el d贸lar, se desploman los patrimonios鈥 cuando el robo pasado, en apariencia, comienza a despejarse. Un castigo impensado, desolador, con antecedentes semejantes en Brasil e Italia, que multiplica la crisis sobre la crisis, irreparable hasta por el Fondo Monetario Internacional.

Fen贸meno casi ignorado por los habitantes pegados al televisor mirando escenas del tenebroso culebr贸n mientras su riqueza, poca o mucha, se escurre por el fregadero. Una siniestra combinaci贸n: perdieron antes, vuelven a perder ahora.

Salvo un milagro, nadie sabe el destino de los fondos aportados o pagados en comisi贸n, tampoco su cuantioso volumen, generado por empresarios que financiaron el lado m谩s oscuro del kirchnerismo con la graciosa excusa de ser apretados por una administraci贸n de matones. No hay paradero ni devoluci贸n en consecuencia, se extravi贸 el f铆sico guardado en tumbas o dep贸sitos, seg煤n la ilustraci贸n popular que sabe de los recorridos a茅reos Buenos Aires-Santa Cruz, las termoselladoras y los contadores de dinero que alguna vez demand贸 N茅stor Kirchner.

Si se observa, salvo uno de la docena de empresarios detenidos ahora por el juez Bonadio, dispone de expertise en esa materia. Lo que no quiere decir que el mundo financiero estuviese exento de buena parte de estos tr谩mites. Tampoco, claro, habr谩 devoluci贸n o compensaci贸n por medio de multas 鈥揷omo en Brasil, con el caso Odebrecht鈥 al beneficio extra que obtuvieron las empresas en su felon铆a delictiva de sobreprecios: la ley no lo contempla. Al ser descubiertos, hoy solo padecen cierta humillaci贸n social, de la cual creen desligarse al confesar su arrepentimiento y quedar en libertad para un juicio dentro de varios a帽os. S铆, ocurre.

Tanto que, por ejemplo, Angelo Calcaterra 鈥揳lguien que rompi贸 las puertas de Comodoro Py para que su segundo, S谩nchez Caballero, detenido, no declarase en su contra鈥 decidi贸 promover su bondad e inocencia en reportajes ad hoc que retrotraen la memoria a los films norteamericanos sobre los juicios gangsteriles. Nadie entiende esa repentina vocaci贸n verborr谩gica del primo de Macri, reservarse en un discreto silencio en lugar de predicar su alivio por haber confesado obligadamente cuando pudo hacerlo durante tres a帽os, sin que nadie lo atosigara. M谩s compleja resulta su actitud al se帽alar que los verdaderos ladrones de la obra p煤blica son los miembros de la C谩mara de la Construcci贸n, instituto al cual 茅l no asist铆a porque era una empresa menor frente a otros emporios. Por supuesto, el familiar presidencial confes贸 los aportes a las campa帽as de los Kirchner hasta en los a帽os en que no hab铆a campa帽as 鈥揳unque jura no recordar a qui茅n le dio la plata鈥, neg贸 que fueran mordidas por obras concedidas y que, en todo caso, el dinero que dijo ceder no eran los millones invocados por Baratta sino apenas unos miles que entregaron en bolsitas de papel. 鈥淣o era f谩cil para nosotros trabajar鈥, justific贸 al mejor estilo pla帽idero del ex juez Oyarbide.

Del primo al ex jefe de ministros K. Por suerte, luego un decreto presidencial (firmado, eso s铆, por la vice Michetti) le otorg贸 un cr茅dito de 4.500 millones para trabajar con menos dificultad y trasladar de un papirotazo la compa帽铆a a su colega Mindlin. Casi ofensiva a la raz贸n de cualquiera esa expansi贸n de la lengua.

Flaco favor, en todo caso, le hizo Calcaterra a su querido primo en las expresiones 鈥揾asta mencion贸, con contradicciones, una conversaci贸n telef贸nica con el mandatario鈥, pulsi贸n que por otra parte arrastra desde hace meses y lo hac铆a prometer una factibilidad de irse a vivir a otro lado. Pero no fue el 煤nico en deslices: el ex jefe de Gabinete Abal Medina, escritor de modelos transparentes de la pol铆tica, ahora confes贸 haber recibido fondos non sanctos en la funci贸n; Josecito L贸pez alert贸 sobre complicidad respecto de sus famosos bolsos y amenaza con la ruta que lleva a conspicuos socios no nombrados hasta ahora. Hablan hasta los que no han sido citados (Rattazzi), otros que en apariencia no hicieron aportes sino que pagaron comisiones por reparaciones venezolanas, y una sensaci贸n colectiva de que la matriz de la corrupci贸n fue impuesta por el matrimonio sure帽o y no una exageraci贸n brutal del d煤o sobre un sistema ya instalado en el pa铆s desde hace d茅cadas.

Lo cierto es que el mecanismo hasta ahora muestra a empresarios enlodados; no aparecen sindicalistas, tampoco banqueros ni industriales, los cl谩sicos del universo turbio argentino. Ni siquiera lo de Baratta involucra a toda el 谩rea dependiente de Julio De Vido. Es un retazo del latrocinio atroz cuya continuidad esta semana tendr谩 nuevos picos de audiencia: dicen que Cristina, en el juzgado, pasado ma帽ana lanzar谩 una bomba que 鈥搒e supone鈥 tendr谩 un estr茅pito semejante a la otra que Macri ha susurrado que va a explotar. El valor del pa铆s, entre tanto, se derrumba.

Por Roberto Garc铆a – Perfil

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