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El fracaso de Macri me obliga a votar al kirchnerismo Por Julio Bárbaro

Nadie en su sano juicio ignora que ni Mauricio Macri ni Cristina Kirchner son merecedores de admiración y lealtad, mucho menos, por qué dudarlo, de cualquier variante del fanatismo. Tiempos de mediocridades. De exagerar defectos ajenos como manera de asumir la carencia de virtudes propias. Se impone el miedo al futuro en tierras que ayer estuvieron sembradas de esperanza. La corrupción de los cuadernos como alternativa al hambre del mejor equipo de los últimos años, ni brotes verdes ni luz al final del túnel ni herencia que justifique todo. Estamos peor que nunca, tanto que el pasado con sus miedos se ha vuelto promesa de futuro. El capitalismo improductivo, el de los intermediarios que parasitan lo que tocan, el de los grandes grupos buscando sacarle todo lo rentable a la agonizante clase media, ese capitalismo incrementa en soledad la ganancia de los pocos imponiendo la miseria a las mayorías.

Llevamos 45 años de concentración. Con solo observar el nuevo mapa de la distribución de la riqueza, queda al desnudo que nadie o casi nadie produjo nada y que los grandes se fueron apropiando de todo y destruyendo a su paso al resto de los habitantes. Primero les sacaron el almacén, luego la farmacia, la tienda, el bar, el local y el taxi. Todo fue pasando a pocas manos con el cuento de que esto era la manera de ingresar en la modernidad. Dicen 70 para desorientar, pero saben bien de qué hablan. Primero mataron a mansalva para “achicar el Estado y agrandar la Nación” y luego, a pura coima, degradaron y enriquecieron a una dirigencia política que ascendió de clase a cambio de hundir a sus representados. Todas las ideologías fueron transitadas por la corrupción: peronistas, radicales y liberales. El capitalismo necesita de la competencia, pero antes que nada del patriotismo. Los líderes del mundo defienden sus naciones, los nuestros la venden o alquilan al mejor postor. No tenemos dirigentes de envergadura, tampoco jóvenes, no digo sublevados, ni siquiera desobedientes. La justicia social exige patriotismo, la miseria de millones no juega en los derechos humanos del pasado ni en el feminismo del presente: nos venden distracciones mientras completan su tarea de destruirnos como sociedad. Nos roban la nación y nos convencen de que es culpa del machismo y del aborto, nos dan como todo conquistador distracciones para adormecer la conciencia. Desde ya que no tengo nada que ver con Trump, pero su discurso en defensa de su patria podría haber sido el nuestro. Necesitamos patriotas: nos han vendido por pedazos, nos siguen vendiendo y endeudando, se quedan con todo, los grandes no dejan nada rentable en manos que no sean las de ellos. Macri elimino el crédito, dejó morir a las pymes, si son rentables las compran, si no les sirven importan. Y dicen que “va a estar linda Buenos Aires”. Negocian con la oposición y la asocian, venden espacios verdes, ni se dan por enterados de que algo les corresponde hacer con los cortes de calles. Reparten publicidades por doquier a cambio de silenciar las críticas. La ciudad es la matriz del proyecto político de degradación, el huevo de la serpiente, el dato administrativo que arregla las veredas sin mirar el hambre de los caídos que las ocupan.

Ensayaron regalar viviendas a cambio del voto de los necesitados, como si alteraran su supuesta admiración por el esfuerzo y la cambiaran por una excepción populista. No funcionó. Son necesitados, no extraviados. De tanto deformar la relación de los humildes con el peronismo, creyeron que todo era tan solo por plata. Hay una pertenencia cultural, una idea de dignidad en los necesitados que ellos no entienden y en consecuencia no podrían ni siquiera corromper.

Votaremos como jamás lo hicimos, con escepticismo la mayoría, con cinismo demasiados, sabiendo que hay intereses y negocios en ambos bandos, solo eligiendo a los que imaginamos menos dañinos, y evitando a Macri, el mayor fracaso de la historia, que supo generar deuda y miseria desde la soberbia e ignorancia de los que nunca sufrieron necesidades, convencido que todavía les quedaba margen para llevarse algo más.

Voy a votar al kirchnerismo, ese peronismo de medio pelo con veleidades izquierdistas que tanto nos lastimó a sus creyentes pero que sigue siendo infinitamente mejor que los que no pueden ni quieren dejar de ser gorilas.

Voto en la esperanza de que los negocios se vuelvan menos importantes que la política, de que el sueño colectivo se logre imponer al egoísmo y la codicia. En la espera de que quieran, intenten, se ilusionen con el desafío de trascender, de entrar en la historia por la puerta grande, que asuman de una vez por todas que ser respetado es la única riqueza que uno se puede llevar de esta vida.

La política engendró miles de ricos y millones de pobres, en todas sus variantes. La viveza se impuso al talento y al esfuerzo. “Los inmorales nos han igualado”, nos supo anunciar el viejo maestro peronista Discepolín. Ni el juego es una “industria” ni los que cobran el peaje hicieron las rutas, digo esto por denunciar tan solo aquellos que ocupan la prioridad de mis odios personales. Los dineros que pedimos prestado son tan solo para facilitar la fuga de ganancias que jamás generaron. Todavía intentan imponer el miedo al “mercado” como si hubiera algún supuesto inversor con riesgo de ofenderse, cuando solo vinieron los que parasitan las rentas.

Voto al único que me deja un margen de esperanza, con la fe de los escépticos, de aquellos que fueron defraudados y se protegen. En la anterior lo voté a Macri, pero no creo haberme equivocado: los otros podrían haber sido peores. O quizás me equivoque y deba asumirlo: Macri fue lo más atroz que conoció nuestra historia.

Estamos peor que hace ocho años, y mucho peor que hace cuatro. Si sigue Macri, hay riesgo de estallido social. Se acabó el sueño de las deudas convertidas en “inversiones”, queda claro que vaciando sociedades estos muchachos dejan a los de los cuadernos como simples rateros barriales. Entre la corrupción populista y el saqueo de los elegantes no me queda duda. Alberto Fernández guarda un dejo de esperanza, a Mauricio Macri solo le queda una destrucción por completar. Ya condené a “los cuadernos”, aquellos robaban mucho, estos empobrecen demasiado. Estos son más dañinos, no me dejan ni espacio para dudar. Los fanáticos siempre supieron a quién votar. Los otros, los que dudamos como yo, esos vamos a votar a Alberto Fernández. Macri nos obligó, Duran Barba y Marcos Peña lo acompañaron, demasiada soberbia para semejante escasez de talento, Lo demás son solo detalles.

Por Julio Bárbaro

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