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Beatriz Sarlo: “A los políticos los juzgo viendo cómo les fue en su territorio”

En esta entrega de “Pensar Distinto”, el economista Levy Yeyati conversa con la escritora y ensayista, Beatriz Sarlo.

“Uno debería pensar qué pasa en la Argentina con la crisis de la segunda enseñanza”, plantea Beatriz Sarlo. La ensayista argentina conversa a fondo con el economista Eduardo Levy Yeyati sobre la política actual del país, el deterioro educacional, y los cambios importantes que estamos atravesando como sociedad.

Se trata de una nueva entrega del ciclo “Pensar Distinto” en el que el reconocido economista charla con especialistas, académicos, referentes sociales y culturales. Las entrevistas están disponibles todos los jueves por la tarde en el sitio de TN y en nuestro canal de Youtube.

Cuando yo era más joven la imagen bastante estereotipada que tenia del intelectual era de Walter Benjamín, hijo doctor de judíos que habían sido exitosos comercialmente que pensaba sobre todas las cosas financiado por sus padres. Yo siendo judío me identificaba con esa imagen del intelectual que miraba como un observador, y básicamente diversificaba, podía hablar de cualquier cosa. Parte de ese esquema, yo creo, que se reprodujo en el sistema universitario anglosajón y en otros países. Pero esas dos características ahora, en la etapa moderna, creo que se han diluido un poco. El intelectual escribe en el diario, y analiza lo que se hace pero no lo hace. O sea, el intelectual no se vuelve político, no va a un ministerio, no milita en un sindicato.

-En buena parte del siglo XX no fue un funcionario del Estado. Hoy más bien, uno pudiera hacer una investigación y encontrar que una parte importante de los intelectuales, una proporción importante de los intelectuales, son funcionarios del estado. Comenzando por los universitarios que somos, o yo he sido, funcionarios del estado. El estado es el que nos paga por la actividad que nos ha encomendado después de un proceso de selección. A comienzo del siglo XX el intelectual funcionario del estado no era una figura que en efecto existía. La descripción que vos haces yo creo que podría datarla hasta la segunda guerra, hasta ahí.

La participación en política ahí ya es más variado. Hay quien tiene vocación de participación fuerte, yo misma la he tenido durante varias décadas y en diferentes espacios políticos, cosa que se me recuerda permanentemente. Yo estuve en política y nunca quise aceptar un cargo electivo. Es decir, en el frepaso donde yo estuve en la década del 90 Chacho Álvarez me ofreció varias veces estar en las listas para cargos electivos, en lugares donde en Buenos Aires podía salir sexto, quinto, podía salir como diputada, y nunca quise un cargo electivo. Quizás porque me mantenía anclada en la primera imagen de que el intelectual piensa en su casa a la mañana sin interrupciones, y después sale a la tarde y habla.

En realidad podríamos invertir esa imagen y decir “el intelectual que es funcionario pierde en parte su esencia de intelectual”. Mi pregunta era un poco justamente eso: ¿el intelectual debería tomar participación?¿Existe tal cosa como un intelectual de Estado, un intelectual que hace políticas públicas o si eso desvirtúa el rol, o sea cuál sería la función hoy más útil para la sociedad para el debate público, para el bienestar?

-Tenés toda la razón del mundo, porque hay una dimensión que es casi definitoria del intelectual, que es el carácter crítico, permanente. Crítico no quiere decir destructivo. En algunos casos, la crítica puede ser incluso una crítica de aceptación pero con la visión de los detalles, de lo que se acepta. Bueno, el carácter crítico de las intervenciones intelectuales en alguien que está en el aparato del estado es casi imposible. Y eso hace que algunos de los grandes intelectuales, para hablar del pasado argentino, por ejemplo los de Forja, no ocuparan posiciones en el aparato del Estado. Los políticos no se las ofrecían, aunque me consta casi que por datos familiares que Perón le ofreció una o dos veces lugares en el aparato del Estado a la gente que venía de Forja, Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina para los que son jóvenes y no han leído todavía ese capítulo.

-Está muy bien aclarar. A mi me da la sensación de que un lugar común en la discusión que puede o no ser cierto, es que el debate en la cosa pública por cuestiones que tiene que ver con la tecnología, déficit de atención, el rating, el desplazamiento de cierta audiencia por fuera de los medios tradicionales, se ha ido volviendo más rudimentario o banal, en algún sentido. Y el rol del intelectual, muchas veces, es reemplazado por el mediático, el opinador mediático que no siempre tiene las mismas características. Estoy diciendo esto sin hacer ningún juicio de valor, pero claramente hay un cambio en el contenido, un cambio en el enfoque, en las demandas. En ese contexto, ¿el intelectual está perdiendo la pulseada? ¿Cuál sería el rol? ¿Debería entrar a reclamar su rol o debería buscar otras formas de comunicación con una población que paulatinamente se va corriendo de esos medios tradicionales?

-Yo estoy de acuerdo con que lo que se ha modificado enormemente es el universo de circulación de los discursos. En principio porque hay un vasto público que no solamente lee los discursos escritos, ya sean pedacitos o tomos grandes como la enciclopedia de Walter. No solamente lee esos pedacitos escritos sino que los escribe. Y muchas veces los intelectuales solemos tener posiciones aristocratizantes frente a eso. Cuando leo los comentarios de diarios, llenos de falta de ortografía, a los cuales no quiero responsabilizar a la crisis de la segunda enseñanza, pero también uno debería pensar qué pasa en la Argentina con la crisis de la segunda enseñanza. Digo para pensar esto, en serio, digamos qué pasa con la crisis de la segunda enseñanza. Yo te diría que murió el punto y coma. Y el punto y coma era ese signo de puntuación que te permitía articular diferentes pensamientos en un mismo párrafo. Eso murió y fue reemplazado por una versión mucho más de consigna de nuestro discurso. Estoy diciendo del de todos.

-Nos volvimos minimalistas en el registro.

-Nos volvimos más minimalistas pero no nos convertimos en Azorín, ese escritor español que ya no se lee, que tenía frases muy cortas y siempre antecedidas o precedidas por un punto.

-Minimalistas de Twitter.

-Minimalistas de Twitter. Yo no uso Twitter, y creo que no lo uso porque no tengo tanta confianza en mi escritura.

-Necesitas más espacio.

-No, lo que quiero decir es que si uno hace gimnasia con una pesa de un kilo desarrolla cierto tipo de musculatura. Si hace gimnasia con una pesa de 5 kilos desarrolla otra musculatura y más rápidamente. Y Twitter no me hace desarrollar lo que yo quiero desarrollar en esa escritura.

-En los últimos años, con mayor o menor intensidad, opinaste de la política y de los políticos. No te voy a preguntar a quién vas a votar, pero a quién preferís o mejor dicho ¿ves a alguien, una luz en nuestra clase política, que te genere algún tipo de optimismo?

-Yo, como vos a los políticos, los juzgo viendo cómo les fue en su territorio. Así, los juzgamos en la práctica, como juzgás a un futbolista viendo cómo le va después de verlo en 10 partidos. Entonces, yo digo, bueno no lo he visto a Larreta cometer torpezas extremas, ni casi moderadas yo diría. Tiene un territorio que uno podría decir que es fácil, porque es una ciudad rica la Ciudad de Buenos Aires, pero que está relativa y ordenadamente gobernada. Entonces vos decís: bueno, si le toca un territorio más grande, es posible que pueda, y quien no está basado solamente en sonreírle a los jubilados, a los viejitos y visitarlos en sus casa, como puede ser el caso de María Eugenia Vidal. Sino que está basado en una eficiencia que yo como ciudadana de esta sociedad puedo comprobar. De nuevo, aceptó que se diga que Buenos Aires es más fácil que otro territorio.

Pero te genera cierta ilusión.

-Lo que digo es que este tipo sabe hacer su trabajo. Y lo más probable es que sepa hacer su trabajo porque no se improvisó después de grabarse en la universidad. Lo más probable es que sepa hacer su trabajo porque así como un hijo de almaceneros sabe atender un almacén porque la vio atender desde chico, Larreta tuvo la suerte de nacer en una familia política.

-Vos recién mencionabas a Larreta que dice explícitamente que la pelota es por el centro, que el camino es por el centro. ¿Pensás que en Argentina vamos a poder evitar esa centrifugación política que está haciendo tan difícil a la política en un país como Chile, por ejemplo, que venía más o menos bien?

-Es una pregunta difícil de contestar, porque si yo me guio por la calle… Vos sabés que yo paro a la gente por la calle y le hago preguntas como si fuese encuestadora. No les digo que soy encuestadora pero…

-Como quien habla con el taxista

-Como quien habla con el taxista, pero como no tomo taxi, lo hago caminando. Mucha de esa gente, o una mayoría casi alarmante de esa gente repite sin saber muy bien quién es Milei, y sin mencionarlo, sino que viene a ser su salida espontánea, su respuesta espontánea. Dicen que están todos para llenarse, todos quieren ser ricos, son todos unos chorros. Entonces vos les decís que no todos son chorros, quehay gente que estuvo 50 años en la política y no dejó ninguna herencia material, sino una herencia política. Y te responden que no, y no se escucha. A veces porque no les gusta lo que yo digo, otras veces porque saben quién se los dice. Pero no se escucha, es decir, hay un sentido común de descrédito de la política, que si yo me guio por la calle es espantoso. Y coincide con que la gente no lee los diarios, es decir no lee las noticias.

Pensás que todos estos nuevos sucesos, en muchos países latinoamericanos, Ecuador, Colombia, Brasil hace 10 años, Chile, mismo Argentina… ¿Van en última instancia a poner en jaque nuestro concepto de la democracia liberal? ¿Va a cambiar en algo menos la economía que la política, o la democracia es suficientemente fuerte en nuestra región como para bancarse este test?

-Uno podría decir que Brasil avanzó hacia la consideración, y desde la incorporación desde Fernando Henrique Cardoso en adelante, avanzó a la incorporación de costumbres que pertenecen a la democracia liberal. Y yo valoro mucho como un sistema político, y las correspondientes ideologías de un sistema político, pueden traducirse en costumbres. En un país de América Latina, que no voy a nombrar, pero cuento una brevísima anécdota. Me sucedió lo siguiente: iba en un auto con una intelectual, que desde el punto de vista ideológico abstracto, a la izquierda tenía una pared, es decir estaba colocada a la izquierda, izquierda, izquierda. Paramos en una estación de servicio para cargar nafta, y ella sacó una chequera y pagó con un cheque. Cuando salimos de la estación de servicio yo le dije: te aceptan el cheque sin pedirte el documento de identidad. Yo acostumbrada a que en Argentina te pidan el certificado anti variólico. Y me dijo: cómo me va a pedir el documento de identidad ese negro. Esa frase no se puede pronunciar en la Argentina. Entonces yo creo que la Argentina hizo cambios en ese sentido, culturales y simbólicos. Y alguno de esos países, Brasil, con Lula en adelante, y Fernando Enrique también, están haciendo esos cambios. Y creo que esos cambios son importantes también, no son solo cambios de cuánto es el PBI, sino cambios importantes en la vida de la gente. Que no se puede decir , ya no, “ese negro no me puede hablar así”.

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