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Sociales

7 preguntas sobre las fantasías eróticas

Fantasear puede enriquecer la relación, aunque es importante mantener cierta intimidad sexual.

El mundo interior erótico de cada uno puede ser un gran aliado o un enemigo, dependiendo de lo que nos permitamos o no. Por ende, al conocernos un poco más y descubrir partes nuevas de nuestra sexualidad pueden surgir mil dudas al respecto. Algunas preguntas comunes cuando hablamos de las fantasías eróticas.

1. ¿Por qué tenemos fantasías eróticas?

Las fantasías son ideas o pensamientos que ponen en juego nuestra creatividad sexual. La capacidad de fantasear es muy saludable. Desde que nacemos, las personas adultas que nos rodean en la sociedad se encargan de señalarnos lo que está bien y lo que está mal. Así, casi sin darnos cuenta, empezamos a poner límites a ciertos deseos relacionados con el placer.

Todos los seres humanos alguna vez han tenido una fantasía y nueve de cada diez personas acostumbran a fantasear de un modo habitual. La fantasía sexual se empieza a despertar en la pubertad y nos acompaña el resto de nuestra vida. Nos permite escapar de la realidad, cumplir ciertos deseos en nuestra mente y, por eso, muchas veces parece que las fantasías que tenemos van en contra de nuestros valores y creencias. En el mundo de las fantasías no hay reglas.

2. ¿Cuál es la línea que separa el deseo de la fantasía?

Una cosa es el deseo erótico y otra, la fantasía sexual. La fantasía no está construida para que acontezca en la realidad; el deseo sí lo está. Esto es: una cosa es imaginarnos robando un banco y otra muy distinta es desear robarlo. En nuestro día a día y en aspectos más cotidianos diferenciamos con mucha facilidad lo que es imaginación o pensamiento de deseo. El problema es cuando le agregamos el concepto “sexualidad”, momento en el que entran en juego muchos prejuicios, tabúes y emociones que nos hacen dudar de la diferencia.

El deseo es algo más que fantasía. La fantasía se queda en nuestro pensamiento, nada en nuestra cabeza y fomenta nuestra mente sexual creativa. En el deseo hay un componente de acción, una intención.

3. ¿Cuáles son las fantasías eróticas más comunes?

Hay muchos estudios sobre las fantasías más típicas en hombres y mujeres, pero debemos partir de la idea de que las fantasías son muy personales y nunca podremos llegar a conocer la veracidad de los datos.

Si hablamos de los hombres, a ellos parece que les gustan más los aspectos visuales, la acción, y suelen adjudicarse papeles más activos. Las fantasías típicas son: – Recordar cosas que ya han hecho con su pareja o que les gustaría hacer con ella.

– Imaginarse un encuentro con una persona conocida o famosa.

– Hacerse la película haciendo un trío.

– Ver o ser visto teniendo sexo.

– Roles de agresión-dominación versus roles de sumisión.

– Tener sexo en lugares prohibidos.

– Juegos de rol.

Las mujeres tienden a ser más imaginativas, emotivas y romántica. Le dan más importancia al argumento y suelen elegir un papel más pasivo. Las fantasías típicas son: – Recordar escenas sexuales con la pareja.

– Imaginar un encuentro sexual con una persona conocida o famosa.

– Probar algo nuevo o prohibido como ser atada, sexo en un lugar público o sexualidad en grupo.

– Revivir una experiencia sexual pasada.

– Hacer el amor en plan romántico e idílico.

4. ¿Deberían las parejas compartir ese tipo de fantasías o sueños eróticos?

Las fantasías son un terreno muy delicado y personal que, por supuesto, pueden enriquecer y beneficiar la relación sexual en pareja: pueden aumentar la excitación, se pueden llegar a narrar durante el acto sexual escenificándolas e, incluso, alguna puede llegar a convertirse en realidad. Pero al mismo tiempo es importante tener nuestra intimidad sexual.

Para poder compartirlas primero de todo es preguntarnos si nos gusta. Si la respuesta es sí, conviene empezar con las fantasías más “ligeras”. No hace falta entrar en exceso de detalles. Y debemos tener en cuenta si nuestra pareja puede recibirla bien o le podemos despertar alguna inseguridad, malestar o rechazo.

Deben vivir las fantasías como algo natural, algo que es simplemente un erotismo de nuestra mente que no significa un deseo real.

5. ¿Son síntoma de una vida sexual sana?

Fantaseando se pueden vivir experiencias que puede que en la vida real no se puedan o no se quieran vivir. Cuanto más se practica el fantasear, más sencillo es desencadenar la respuesta sexual y, por tanto, conseguir placer y bienestar sexual.

Las fantasías son un aspecto más de la sexualidad; nos ayudan a conocernos, a saltarnos las prohibiciones, a desafiar a los tabúes y, sobre todo, mejoran nuestra vida sexual, nuestra autoestima y nuestro atractivo personal. Debemos recordar que el mejor afrodisíaco está en nuestra mente porque, como ya sabemos, el cerebro es el principal órgano sexual.

6. ¿Por qué se decide llevar a cabo una fantasía o no?

La conveniencia de hacer realidad las fantasías sexuales depende de cada persona, de su intimidad y de la forma en que lleva su vida sexual. Hacer realidad una fantasía puede tener resultados asombrosos, pero en algunos casos puede ser traumatizante, ya que una vez materializada puede perder cierto grado de intensidad en comparación a cuando sólo suceden en nuestra mente. Hay que tener en cuenta que dentro de nuestra mente tenemos el control y podemos idealizar todo.

Al mismo tiempo, si las expectativas no son muy altas y el deseo de vivir la fantasía es elevado probablemente haciendo realidad la fantasía se descubran nuevos aspectos de uno mismo y de la pareja. La vida sexual en pareja se suele beneficiar con una inyección extra de pasión.

7. Si esa fantasía es con otra persona que no es tu pareja, ¿debe considerarse engaño?

Esta no es una pregunta sencilla, ni mucho menos, ya que produce un debate muy interesante sobre los límites. Los expertos en la materia hablamos de infidelidad o engaño cuando existe una conducta. El pensamiento es libre y nuestra capacidad de fantasear también. Es muy diferente pensar que hacer. Además, pensamiento no significa deseo real.

Fuente: Núria Jorba, sexóloga, terapeuta de parejas y coach sexual, para La Vanguardia

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