El represor reconoce que él provocó el asesinato de “Vicki” Walsh y otros cuatro militantes montoneros. Lo hace en un reclamo administrativo al que accedió Página/12.
Ernesto Guillermo “Nabo” Barreiro reconoció en un escrito presentado ante la jefatura del Ejército haber sido él quien provocó la caída de la casa de la calle Corro al 105, donde fueron asesinados cinco oficiales montoneros –entre los que se encontraba María Victoria “Vicki” Walsh– en septiembre de 1976. El documento al que accedió Página/12 confirma lo que han testimoniado sobrevivientes de La Perla, quienes señalaron que el operativo que terminó con la masacre de Villa Luro se inició en las salas de tortura de Córdoba.
El 30 de abril de 1977 se reunía un grupo de madres de desaparecidos en la Plaza de Mayo. Iban a conformar el movimiento de resistencia más emblemático de las últimas décadas.
Barreiro no lo sabía, pero ese mismo día acumulaba en un escrito todos los antecedentes que, según su opinión, lo hacían merecedor de un ascenso. En 1976, Barreiro integraba la Sección de Operaciones Especiales (SOE) del Destacamento 141 “General Iribarren” de la provincia de Córdoba. Para 1977, ya lideraba la Sección Primera o Política a la que se subordinaban los otros sectores.
El Destacamento 141 era responsable de La Perla, el campo de concentración que funcionó entre 1976 y 1978 y por el que se estima que pasaron entre 2200 y 2500 personas –que, en su mayoría, se encuentran desaparecidas.
El “Nabo” se jactaba de haber hecho 697 operaciones –mayores y menores– entre marzo y diciembre de 1976. Todas ellas relacionadas con lo que denominaba la “lucha contra la subversión”.
Pero había un hecho que especialmente quería destacar para forzar a sus superiores a ascenderlo. “En la actividad intelectual surge un hecho que por sus características fuera remarcado por el señor jefe de Operaciones del Estado Mayor del Ejército, en la exposición efectuada el 19 de abril de 1977 (se agrega como Anexo 1a), referido a la destrucción de la secretaría política nacional de ‘Montoneros’, el que tiene su inicio a raíz de un trabajo de investigación personal del suscripto, iniciado en esta jurisdicción, para posteriormente trasladarse a Buenos Aires, donde con personal de dicha guarnición participó en la operación realizada en la finca de Yerbal y Corro de la Capital Federal, en la que se aniquila dicha secretaría”, escribió Barreiro.
Al entonces teniente primero, el procedimiento le había dejado algo más que su satisfacción ideológica. “Es a través de esta operación en que es felicitado por escrito por el jefe del Batallón de Inteligencia 601, según consta en el Anexo 2 de este reclamo”, consignó Barreiro entonces.

El documento se condice con lo que se logró reconstruir a partir del testimonio de Teresa Meschiati, sobreviviente de La Perla. Meschiati contó que Barreiro azotaba a sus víctimas con un bate mientras reclamaba datos de “casas, casas, casas”.
En Corro 105 vivía la familia Mainer. Lucy Gómez de Mainer se había mudado semanas antes con algunos de sus hijos. Venían de La Plata. Con ella vivían Pablo, Juan Cristóbal y Milagros Mainer –que, por entonces, desconocía que no era hija de Lucy sino de María Magdalena Mainer. Para septiembre de 1976, estaban de visita Maricel Mainer y su marido, Ramón Baravalle.
La casa de Corro 105 solía usarse para reuniones de la secretaría política de Montoneros. Lucy Gómez de Mainer tenía trato asiduo con Alberto Molinas Benuzzi, dirigente de esa organización.
La conexión con Córdoba
María Magdalena Mainer –Malena para la familia y Lucrecia para la militancia– era médica y militante montonera. Sus compañeros habían decidido que viajara a Córdoba para cubrir el ámbito de Sanidad, que estaba vacante tras una serie de caídas. Pero todo salió mal. A ella la secuestraron a poco de llegar. Estaba en San Juan cuando se la llevaron. En La Perla fue torturada con saña por Barreiro.
El 29 de septiembre de 1976, el Ejército con apoyo de otras fuerzas rodeó la manzana donde estaba la casa de Corro 105. Tras un brutal ataque, murieron Molinas Benuzzi, “Vicki” Walsh, Ignacio José Bertrán, Ismael Salame y José Carlos Coronel. Lucy Gómez fue secuestrada junto a dos de sus hijos –Maricel y Juan Cristóbal– y su yerno, Ramón Baravalle. Pablo Mainer se había incorporado para cumplir el Servicio Militar Obligatorio (SMO) y también fue privado de su libertad. Tanto Pablo como María Magdalena fueron asesinados meses después.
En la casa estaba Victoria María Costa, la hijita de “Vicki” Walsh. Victoria y Milagros –que se enteró del tiroteo mientras estaba en la escuela– terminaron en una comisaría hasta que fueron entregadas a una hermana de Lucy Gómez, que vivía en Los Polvorines. El abuelo paterno de Victoria, que era un militar retirado, consiguió autorización para llevarse a su nieta.
Barreiro volvió exultante a La Perla, declaró días atrás Meschiati. A fuerza de golpes, la levantó de la colchoneta en la que pasaba sus días para hablarle del operativo con el objetivo de minar sus fuerzas.
Si bien en su legajo no aparece la comisión a Buenos Aires de septiembre de 1976, sí se encuentra el descargo por el cual pedía un ascenso. En esa presentación, el “Nabo” deja en claro que él había provocado la caída de la casa de la calle Corro 105 y que, además, había estado presente en el operativo.
En el libro Yo fui Vargas, el represor Héctor Pedro Vergez –que acababa de migrar desde La Perla hacia el Batallón de Inteligencia 601– también reconoce que el dato llegó desde Córdoba. Él también se jacta de su accionar. Escribió que había desplegado los “consabidos controles de observación y vigilancia” sobre la casa: que hacía escuchas telefónicas y que había montado un puesto de observación en una obra en construcción.
La querella del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (Ceprodh) –que representa a Patricia Walsh y Lucía Coronel– pidió que se extrajera testimonio después de la declaración de Meschiati para que se investigara el rol de Barreiro. El presidente del Tribunal Oral Federal (TOF) 7, Fernando Canero –que juzga la masacre de la calle Corro–, dijo que el tema será abordado a la hora de dictar sentencia.
Un especialista en torturas
Barreiro era el jefe del grupo torturador de La Perla. De esa forma lo definió en su alegato en la megacausa el fiscal Facundo Trotta. Barreiro, si bien se presentaba como un experto en inteligencia y en análisis político, en realidad había desarrollado una especialización en cómo atormentar a sus víctimas.
Era, además, uno de los militares que decidían quiénes iban al “pozo” –eufemismo para referirse a ser asesinados y enterrados en fosas clandestinas en los terrenos lindantes al campo de concentración.
En 1987, la resistencia de Barreiro a presentarse ante los tribunales civiles que lo querían juzgar por sus crímenes disparó el alzamiento de Semana Santa, que terminó con la sanción de la ley de Obediencia Debida. Permaneció impune durante muchos años. El “Nabo” se escapó con su esposa, Ana Maggi, a Estados Unidos en 2004 –cuando se estaban reanudando las investigaciones por delitos de lesa humanidad. Tres años después fue extraditado. Está condenado a prisión perpetua, pero es uno de los tantos represores que gozan del arresto domiciliario.

Por Luciana Bertoia – P/12

