Baires Para Todos

El crimen de Da Bouza, el exmilitante peronista que se convirtió en millonario y fue asesinado por sus hijos

Del socialismo a codearse con los integrantes de los bancos más poderosos del mundo. “El Gordo”, como lo llamaban, dio un rumbo total en su carrera y se llenó de plata. Fue funcionario de Alfonsín y negociador de la deuda externa pero detrás de esa máscara se escondía un monstruoso padre y esposo.

La libreta era negra. Contenía todo el plan criminal. Quién lo había escrito tenía faltas de ortografía. No importaba. Tenía un cómplice casi de su misma edad. Iban a cumplirlo, con algunas pequeñas modificaciones, el 25 de marzo de 1998 a la noche, en el propio departamento de la víctima. Su objetivo era un hombrón de 115 kilos, alcohólico, depresivo, culposo, soberbio, inteligente, autoritario, maltratador, sibarita, millonario, exintegrante de la Juventud Peronista, exdetenido por la dictadura militar, exfuncionario del equipo económico de Raúl Alfonsín, exrepresentante argentino en muchos acuerdos comerciales internacionales, exnegociador de la deuda externa, exdirector de Techint, brillante economista.Su padre.

Ramón Da Bouza nació pobre. Su destacada capacidad para entender cómo se combinaban los números lo llevó a la Facultad de Ciencias Económicas. Era el fin de los años ‘60. El general Juan Carlos Onganía, a cargo de la presidencia del país por la fuerza de la llamada Revolución Argentina, había cosechado el descontento de la mayoría y había protestas en varias provincias pero en Córdoba hubo un estallido. Ramón hubiese querido estar ahí, en la calle, tirándole. Los obreros de la industria automotriz (SMATA) y los de Luz y Fuerza llamaron a un paro y movilización para el 29 de mayo de 1969. Junto con los estudiantes coparon la ciudad de Córdoba durante 20 horas y fueron reprimidos con inusitada violencia.

Ramón se comía las uñas. Quería, como la mayoría, que se aumentaran los salarios un 40 por ciento, que se pudiera elegir presidente como dice la Constitución, la creación de puestos de trabajo, que descendiera la desocupación y, sobre todo, libertad, es decir, un país diferente al que había pensado Onganía. Sus compañeros de la facultad lo cargaban, lo atacaban, le hacían sentir que sus ideas iban bien con la clase a la que pertenecía y que por lo tanto en esa casa de estudios era un sapo de otro pozo.

Por otra parte, en el ambiente de convulsión política que vivía el país se sintió a gusto en la Juventud Universitaria Peronista. Participó en la construcción de un peronismo universitario y democrático ¿Y Montoneros? Hay lugar para todos en este socialismo. Había creado tales lazos de unión con la JUP que sentía pertenecer a una familia.

Se convirtió en un estudiante destacado y, además, miembro de la JUP. Trabajaba, a la vez, como agente de bolsa y ganaba buen dinero en “Cordera Benedit y Cia”. Amaba desaforadamente a Patricia Polo Devoto, excompañera del secundario. La amaba sin saber por qué. Él quiso tener hijos sin planificar el futuro, sin estar preparados. Se casaron. Tal vez porque él pensaba que debía estar casado. Al final tuvieron dos hijos: Emanuel, que nació en 1974, y cuando el bebé no había cumplido un año su madre quedó embarazada de Santiago, que nació en 1975. Todo así, de golpe, rápido y furioso. Bueno, ese asunto ya estaba listo. Podría presentarse como casado y con hijos aunque no supiera bien para qué. Ahora debía terminar la carrera. Su vida y la de su mujer era un torbellino. Patricia llevaba el peso de la crianza de las criaturas, una chica que no tenía la menor idea de qué hacer con esos bebés cuando lloraban, cuando se hacían caca, cuando tenían fiebre. La vorágine se la devoró. El Gordo Ramón, como lo llamaban, estaba cada vez más en la suya y menos en la de su familia. Los hijos lo empezaban a molestar, como su matrimonio.

Santiago y Emanuel Da Bouza.
Santiago y Emanuel Da Bouza.

El 1º de julio de 1974 murió Perón. Las cosas para todos cambiaron. Los orgullosos militantes de la izquierda peronista quedaron más expuestos que nunca frente a la derecha dominante representada por la Triple A y José López Rega. “El Gordo” se divorció de Patricia el mismo día del golpe de Estado de las Fuerzas Armadas, el 24 de marzo de 1976. Con la misma velocidad que le dijo adiós a Patricia le dio la bienvenida a Carmen Polo, que a pesar de la coincidencia del apellido no tenía nada que ver con su primera mujer. A Carmen la conoció el mismo año que nació su hijo Santiago. A diferencia de su ex, Carmen era estudiante de Ciencias Económicas y militante de la JUP. Convivieron desde 1978 hasta 1989. Fue ella la que soportó la desaparición de Ramón cuando fue secuestrado por policías de Coordinación Federal y alojado en un calabozo de la calle Moreno 1417. ¿Qué pasó durante su cautiverio? ¿Habló cuando fue torturado? La mayoría de sus compañeros fueron asesinados o desaparecidos. ¿Por qué él estaba vivo y lo dejaron libre? ¿Por qué no estaba muerto? Estas preguntas lo perseguirán como aguijones que se clavaban en su mente durante toda su vida. Carmen y su amigo, el radical Jesús Rodríguez, lo ayudaron. Retomó sus estudios y continuó con sus calificaciones brillantes.

El profesor Adolfo Canitrot, un ingeniero civil que se doctoró en Economía en la Universidad de Stanford, lo sumó al equipo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Canitrot sería con los años funcionario del gobierno de Raúl Alfonsín en el área económica. “El Gordo”, por su parte, se recibió e hizo un posgrado en Desarrollo Económico y Social. Su vida era un continuo precipitar. Enfatizó los rasgos más perversos de su personalidad, especialmente hacia su primera familia. Se convirtió en un hombre grosero, canalla, violento. A Patricia, cada vez que iba a verlo para que le diera la cuota alimentaria de Emanuel y Santiago, la llevaba al baño a los empujones y la manoseaba. Igual de ruin era con sus hijos, a quienes no quería ver pero que cuando lo hacía los sometía a torturas inexplicables como, por ejemplo, a los cinco años tirarlos de cabeza a una pileta de dos metros de profundidad para que aprendieran a nadar.

Con Carmen Polo todo era distinto. Su comportamiento estaba lejos de ser brutal. Juntos pasaron los siete años de terror de la dictadura y convivieron con los fantasmas de Ramón, aquellos que aparecieron cuando lo liberaron de Coordinación Federal, el centro de la represión política en el Área Metropolitana durante la dictadura. Ya con el gobierno de Alfonsín ocupó un cargo en la Subsecretaría General de Planificación de la Presidencia. Por esos años Carmen tuvo dos hijos, Rafael, en 1985, y Alejo, en 1987. Ramón tenía pues cuatro hijos, pero a los dos primeros no los soportaba, solo a estos últimos le daba su cariño.

Ramón Da Bouza fue asesinado por sus hijos.
Ramón Da Bouza fue asesinado por sus hijos.

Juan Vital Sourrouille, el ministro de Economía alfonsinista, lo nombró Director Nacional de Política Económica y Financiera Externa. Participó de la negociación de la deuda externa y era un negociador muy eficiente.También representó a la Argentina en las tratativas para el otorgamiento de créditos del Banco Mundial y del BID.

Semejante ascenso laboral y económico, es decir, tanto dinero, le hizo ver a las codas y a la vida con otra perspectiva. Ya no tenía ideales políticos ni sociales sino ansias por acumular dinero.Plata, plata y más plata, vivir bien, darse gustos, mirar a los demás por arriba el hombro no por su cargo o sus conocimientos (como había sido en otras épocas) sino porque tenía los bolsillos forrados. Participó de Acuerdos Bilaterales con Italia, Brasil, URSS, España. Estaba en la cima del mundo. Cómo se iba a ocupar de esa mujer ¿Patricia, no? Y de esos dos pibes revoltosos que para colmo, estaba convencido, le habían salido medio idiotas.

Ramón no los trataba como hijos. No le gustaba que anduvieran de aquí para allá en su casa. En “su casa” no podían tocar nada ni andar por ningún lado que él no autorizara. ¡Qué lo diga Emanuel, a quien sorprendió tocando su equipo de música! ¡Para qué! Le pegó una trompada en el estómago como si fuese un hombre adulto y lo dejó desmayado. Su hijo tenía seis años.

Al asumir el presidente Carlos Menem y poner en práctica su política de privatizaciones, Ramón, con semejantes antecedentes, salió del Estado y se fue a trabajar en la actividad privada, nada menos que al Grupo Techint. Gerente destacado, se dedicó a emplear las capacidades que había adquirido en la función pública, es decir, paciencia, agudeza y el atributo de detectar las debilidades del contrincante, para obtener contratos en las mejores condiciones. Todas estas características, valiosas en los negocios, las llevaba a su casa y Carmen las sufría. Era cínico, irónico, paciente, agudo y conocía las debilidades de los suyos. Era el amo. El Rey Sol. La relación con Carmen Polo terminó en 1989.

El plan de los hermanos fue descubierto por la Policía.
El plan de los hermanos fue descubierto por la Policía.

De 1990 a 1993 salió con Lilian Castro. Había un problema en la pareja: ella quería tener hijos y él no. Ella lo abandonó. Da Bouza la fue a buscar y dio un paso adelante, es decir le pidió matrimonio. Lilian dudó al principio pero terminó aceptando. Entonces para celebrarlo prepararon “una noche en familia”. No estaban sus hijos mayores, Emanuel y Santiago, sino los dos más chicos. Lilian llegó con unas compras que había hecho y dijo que quería cocinar. Pero se había olvidado la manteca. Entonces la fue a buscar a la heladera y la agarró. ¡Para qué! Ramónreaccionó como si hubiera recibido el peor insulto: no le había dado permiso.

De golpe con su enorme mano Ramón la agarró del cuello y comenzó a asfixiarla, apretaba y apretaba.Lilian iba cerrando los ojos, se iba, perdía la conciencia y aflojó todos sus músculos. Ramón se dio cuenta que había llegado demasiado lejos y dejó de apretar justo a tiempo. La soltó con un: “Perdoname…”

Lilian se fue de la casa y nunca más volvió.

En la empresa le tenían estima a Ramón y no dejaba de reconocer lo bien que trabajaba. Le permitieron viajar por el mundo buscando oportunidades, explorando posibilidades comerciales o cerrando tratos. Ramón amplió y profundizó su experiencia, su cultura, sus sentidos. Se convirtió en un hombre de gustos refinados, apreciaba el lujo, adiestró su paladar, se transformó en un gourmet.

A medida que sus hijos mayores iban creciendo continuaron siendo para él dos desperdicios, chicos sin rumbo. Nunca les reconoció ningún mérito y vivía recriminándoles fracasos.

Por otro lado, Ramón Antonio Da Bouza transformó el hábito de beber socialmente en el hábito de beber siempre. Se transformó en un alcohólico.

Santiago y Emanuel, los hijos de Ramón Da Bouza.
Santiago y Emanuel, los hijos de Ramón Da Bouza.

A pesar de todo, Da Bouza sintió por primera vez la necesidad de ver a sus hijos mayores con más frecuencia. Emanuel y Santiago fueron más seguido a lo de su papá, en la casa de la calle Chacabuco 584, 5º piso Departamento “O”, San Telmo.

Hacia 1998 Emanuel ya había cumplido 24 años y Santiago 23. Sabían de la depresión de su padre los 24 de marzo y por eso acordaron ir a cenar con él la noche del 25. Rafael y Alejo, no irían. Los más chicos tenían de 11 y 13 años.

Santiago y Emanuel llegaron antes a Chacabuco 584. No fueron al piso 5º, departamento “O” sino a la terraza del edificio donde dejaron colgada una soga de cáñamo de 30 metros atada a un pasante metálico para colgar la ropa. Llevaban una pistola semiautomática Bersa modelo Thunder, calibre 22, número 367.914.

Eran cerca de las 23. Cenaron unas papas al horno con carne, tomaron vino, gaseosa y cerveza. A eso de las 23.30 Santiago le dijo al padre que iría al kiosco a comprar chocolates y cigarrillos. Cuando regresó se encontró con una escena conocida, su papá estaba insultando a Emanuel. Santiago no se metió en la pelea. Dejó los chocolates arriba de la mesa y se fue a un cuarto mientras su hermano y su padre seguían la pelea. Cuando salió de la habitación seguía callado. Ramón lo vió a Santiago y casi gritando le ordenó que le sirviera más vino. Ramón estaba ya alcoholizado, en su etapa verborrágica. Santiago fue por detrás de su padre. Tenía el arma en su mano derecha. Le pegó dos tiros en la parte posterior de la cabeza.Ramón cayó boca abajo. La silla a un costado, volcada. Los hermanos comenzaron a gritar como salvajes.

“¡Movete, movete!”, le gritaba Santiago a Emanuel. Este se levantó y le agarró el brazo a su hermano. Estaba aturdido. Una cosa es pensar un crimen y otra es ejecutarlo. Mientras su hermano lo tenía de un brazo para sostenerlo y darle ánimo, Santiago se pegó un tiro en su pierna izquierda. El balazo tenía orificio de entrada y de salida y no afectó el hueso. Era parte del plan. Emanuel le sacó los guantes de látex a su hermano, envolvió en una servilleta el arma que había utilizado y llevó todo hasta el baño: escondió el arma en los caños de desagüe, con un martillo encima y los guantes de látex. Pero en ese momento ocurrió algo que no tenían previsto, Ramón no estaba muerto. Comenzó a gemir, a quejarse. Emanuel volvió al comedor.

“¡Callate, callate… Basta, basta!”,le gritó Santiago a su padre. No podía moverse demasiado por el tiro que se había pegado en su pierna. Estaba en el piso, cerca de Ramón. Emanuel tomó un tarro de lechero, de metal, un adorno que tenía Ramón, grande, pesado, y le pegó varias veces en la cabeza. Ramón Antonio Da Bouza murió a los tres minutos desde el último golpe. En el tarro de lechero quedaron pelos y sangre de la víctima. No se pudo defender de ninguna agresión porque no vio venir ninguna de ellas. Santiago se colocó, arrastrándose cerca de Ramón de manera de quedar con la cabeza de su papá entre sus piernas. Todo era sangre. Emanuel abrió la puerta del palier para que los vecinos escucharan lo que ellos querían que escuchasen. Gritaban de dolor, decían. “¡Pará. Pará!”; “¡Nooo!”; “¡Basta!” Emanuel abrió la caja fuerte de su papá para hacer más verosímil la coartada, es decir que habían entrado ladrones a robar.

Al cadáver le pusieron pelos en las uñas, de color castaño oscuro y canosos para despistar a la Policía y hacerle creer que Da Bouza había luchado con los asaltantes y le había arrancado un mechón de cabello a uno de ellos. Guardaron las vainas servidas de los proyectiles disparados y Emanuel fue hasta el baño, se golpeó la cabeza y se quedó ahí tirado. Los vecinos escucharon lo que parecía ser un asalto violento, gritos, ruidos, golpes, balazos. También escucharon, en el momento de mayor alboroto, que llegaba al departamento una persona a quien de los hijos de Da Bouza le decían: “Pasá, mamá”. Fueron los vecinos quienes llamaron a la Policía y agentes de la comisaría 2º llegaron al rato. Apenas Santiago vio a los policías, gritó.

“¡Lo agarraron… Agárrenlo, agarren a ese hijo de puta!”. A los policías les llamó la atención. Era para ellos una evidente sobreactuación. Santiago les preguntaba si habían atrapado al asaltante e inmediatamente se dirigía a la cabeza de su papá que tenía entre las piernas y como si estuviese vivo le hablaba.

Los jóvenes fueron condenado a prisión perpetua.
Los jóvenes fueron condenado a prisión perpetua.

“Te dije, te dije que te tenías que quedar en Parque Chacabuco. Este barrio es una mierda. ¡Te lo dije!”. Trataron de calmarlo. Llamaron a una psicóloga policial. A Emanuel lo encontraron en el baño, golpeado.

Los dos coincidieron en el relato. Aseguraron que después de cenar Santiago había ido a comprar cigarrillos y al regresar, en el hall de entrada, dos hombres armados lo obligaron a llevarlos hasta el departamento.Querían plata y plata. Su padre se resistió y peleó con ellos. Todo se precipitó, hubo tiros y lo mataron. Huyeron hacia la terraza. A Emanuel le pegaron trompadas en el estómago y le dieron en la cabeza con algún objeto contundente que no pudieron ver, y perdió el conocimiento. Al momento de llegar la policía estaba como obnubilado. Los policías les preguntaron a los dos si podrían reconocer a los ladrones. Los jóvenes dudaron. ¿Cuántos eran, entonces? “Uno. No, dos. Bueno, este…”.

La Policía revisó el lugar, que era un desastre. Sangre, vino, comida tirada, vidrios rotos. Fueron a ver la terraza porque los hermanos habían dicho que escaparon hacia ese lugar. Encontraron una soga hacia la calle sujetada por un soporte metálico para tender la ropa. Al revisarla advirtieron que esa soga estaba sostenida en el soporte de metal pero que no estaba atada, apenas le pegaron un tirón, se cayó. Es decir que por ahí no se pudo escapar nadie. Sin estar atada, el que la usara debió haberse caído. Esta parte del relato de los hermanos no era verosímil. ¿Cómo alguien puede descolgarse si no ata la soga?

Al volver al departamento los rastros indicaban que Ramón no anduvo de aquí para allá peleando con los ladrones. Cayó en un lugar y ya no se movió de allí. El informe del médico decía que no tenía ningún signo de defensa, que lo tomaron por sorpresa.No peleó y mal podía haberlo hecho con la cantidad de alcohol que había ingerido. ¿De qué murió? Tenía dos tiros en la parte posterior del cráneo y 22 golpes dados con el tarro de leche.

Descubrieron también que tenía en la mano pelos pero no arrancados sino que se lo habían colocado en la mano. Otra puesta en escena para justificar una pelea que no existió. ¡Que ladrones más ordenados -pensaron los policías- que dejaron el tarro en el mismo lugar de la casa donde servía de adorno! Ladrones muy extraños, en fin, que escondieron el arma con las vainas servidas envueltas en una servilleta en el desagüe del baño. Allí los encontró la Policía. Al tener el arma, podrían rastrearla y así descubrieron que Santiago la había comprado no hacía mucho, al igual que la soga hallada en la terraza.

Enfrentados con estos descubrimientos los hermanos confesaron. La libreta tipo agenda, rectangular, con tapa de cartón y la inscripción “Oshkosh” con los detalles del plan fue hallada en Perú 1445, departamento “I”, donde vivía la mamá de los hermanos. Pertenecía a Emanuel y en ese departamento fue detenido. A los 17 días fue atrapado Santiago, que había huido a Mar del Plata y luego volvió a la Capital a la casa de un amigo, donde finalmente lo detuvieron. Se había teñido el pelo de rubio.

Patricia Polo Devoto, madre de Emanuel y de Santiago Da Bouza estuvo sospechada de ser la autora intelectual del homicidio de su exesposo. Vecinas del departamento del economista dijeron que la habían visto por la cuadra a las 22:30. Incluso, un testigo la habría visto salir de la casa de la calle Chacabuco 584, donde vivía la víctima, la misma noche en que se produjo el crimen. Pero otras fuentes sostenían que no existían pruebas en su contra.

El abogado Sergio Schoklender, el mismo que junto con su hermano había matado a sus padres hacía 17 años, se hizo cargo de la defensa de Patricia Polo Devoto, y demostró con otros testimonios que la mujer no estuvo ni cerca del departamento de su exmarido cuando lo mataron. Schoklender también fue el defensor de Emanuel.

En las audiencias, Santiago confesó y trató sin mayor suerte de eximir de culpas a Emanuel. El viernes 22 de diciembre de 2000 los hermanos fueron condenados a prisión perpetua por el asesinato de su padre, Ramón, que tenía 44 años.


Por Ricardo Canaletti-TN