Jair Bolsonaro, no pudo ser electo ayer, pero recibió millones de votos, y eso sin duda complicará el futuro de Brasil, y también de la región. Cualquiera sea el resultado el 28 de Octubre, y habrá continuidad en la disputa, tal vez como si existiera un tercer turno, como después del 2014. Él ganando, será un riesgo de que se torne práctico, y perdiendo, algo que asuste: Odio, machismo, misogina, homofobia, defensa de la dictadura y la tortura.
Pobres y ricos votaron por él, pero es preciso decir con claridad que en éste domingo que pasó, las elites brasileñas, lo adoptaron, y le darán toda la base de apoyo, teniendo perfecta noción de los peligros que sus ideas representan. La vergüenza inicial pasó, el apoyo ahora es descarnado, con la disculpa de evitar el “otro extremo”, como si el PT hubiera gobernado 13 años golpeando los privilegios de estas elites, para destinar un tiempo en atender a los más pobres. La relación de clases fue eso; además de los errores, y de la corrupción que fueron cometidas en sociedad con esas elites.
Con muchísimo desprecio por la democracia, con el silencio por los disparates dichos y repetidos por el candidato, que defiende la dictadura y la tortura, con indulgencia y desprecio, se prepara quizás para gobernar, naturalizando lo que es grotesco, y colocando gotas de edulcorante en el amargo veneno, y las elites de Brasil asfaltarán el camino del candidato que fue el más votado ayer.
Cuantos dejaron de votar? Ésta es una incógnita que puede tener su peso sobre el resultado. De la misma forma, ninguno sabe que efecto que tuvo en el resultado final, especialmente por aquellos que no pudieron votar por el sistema de biometría implementado, que tuvo muchos problemas. Pero así todo, la tendencia más fuerte, es que la definición será en el segundo turno, y será sangrienta. En las simulaciones de ballotage, la diferencia entre Bolsonaro y Haddad, se habría reducido al 6%, pero con un gran número de indecisos, blancos, y nulos, que alimentan las incertidumbres. Ese es el cuadro aritmético. Pero los significados políticos de este domingo, quedaran en la historia.
Si Bolsonaro ganara, es preciso recordar que el poder militar podría estar comenzando a substituir al civil, como ya prometió. Si los libros comienzan a ser quemados, si el racismo pasa a ser visto como una ley de la vida, si los derechos de los trabajadores fueran suprimidos para que haya empleo, si la policía pasa a matar sin dar explicaciones, y si las mujeres fueran puestas en la segunda clase, el retroceso será enorme, en un país donde la democracia es joven, y el sentido republicano no tiene historia. Así fue como otras plagas similares pudieron desarrollarse en otros países donde el fascismo, y las idelogias congéneres vencieron inclusive desde la izquierda.
Igualmente si Bolsonaro no llegara a vencer el dia 28, Brasil habrá retrocedido, como civilización y como democracia, por haber llegado a este punto. Si tuviera cuatro años más, no será fácil reencontrar el camino de la democracia republicana y desenvolverla. Será durante mucho más tiempo una plantación de bananas, como gustaba decir, Paulo Francis. El autoritarismo nacido ayer, de las raíces coloniales que persisten, deberían ser profundamente estudiadas.
La mayoría electoral de ayer, contabiliza ricos, clases medias, pobres, negros y blancos, del norte pobre y del sur rico. Hasta cuenta con gays y lesbianas, que él abomina. Es preciso entender con generosidad que muchos lo votaron con la sincera esperanza de buscar solución para los muchos problemas que hoy castigan al Brasil. Pero muchos lo votaron, sin tener sentido palabras como democracia y dictadura, y la culpa es de quienes no le dieron educación general y política en particular, y eso excede al gobierno del PT.
Pero las elites, saben lo que hacen. Ellas lo despreciaban cuando su candidato tenía chances, pero ahora lo abrazan, sabiendo todo lo que puede acontecer. Si diera errado como sucedió con Collor, al que también habían adoptado, después se verá como se lo resuelve, total la cuenta será pagada por los que ayer hicieron fila para votar.

