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Crimen del delivery de dólares: identificaron a nuevos sospechosos y buscan el celular de la víctima

Germán Sallemi, de 25 años, fue estrangulado el viernes pasado en un departamento del country Hindú Club. Tras detener a un joven acusado de aportar el auto de la fuga, el fiscal Sebastián Fitipaldi apunta a los posibles asesinos, definidos como “picantes de nivel medio” por investigadores

El viernes pasado, Germán Sallemi, de 25 años, fue estrangulado con una toalla tras recibir una pequeña golpiza en un departamento de alquiler temporario del country Hindú Club en Don Torcuato. Sus manos estaban precintadas cuando la Policía Científica halló su cadáver, ubicado entre dos camas en el dormitorio. Sin embargo, no habían terminado de atarlo.

Los padres de Sallemi estaban de viaje en la Costa al momento del crimen. Su tío que declaró en la Justicia apenas sabía lo que su sobrino se dedicaba, un negocio de compra y venta de dólares en la zona norte del conurbano, un “delivery cuevero” de dólares de cara grande, por así decirlo, motorizado por las buenas relaciones que formaba en un movedizo grupo de Facebook donde ofrecía billetes crocantes y entrega a domicilio, a bordo del VW New Beetle que conducía. Precisamente, ese fue el auto que condujo a la última cita de su vida.

El último posteo de Germán Sallemi en el grupo donde hacía negociosEl último posteo de Germán Sallemi en el grupo donde hacía negocios

Los delincuentes que lo mataron -cinco, al menos cuatro- huyeron luego en un Ford Focus, cuya fuga fue seguida por cámaras de seguridad. Ese Focus, coinciden investigadores, fue la clave para comenzar a resolver el caso.

Así, el fiscal Sebastián Fitipaldi logró el arresto del joven que supuestamente conducía el Ford, Santino Mármol, de 18 años. Hoy, Fitipaldi logró identificar a varios sospechosos de cometer el crimen, a los que fuentes policiales definen como “picantes de nivel medio”. También, buscan el teléfono de Sallemi, que no fue hallado en la escena del crimen.

Video: Sallemi llega a su última cita

Todavía no se sabe por qué asesinaron a Sallemi, oriundo de San Miguel, registrado en la AFIP como empresario, parte del directorio de una pequeña inmobiliaria familiar, un chico que años atrás andaba en skate y jugaba al Counter Strike, Fitipaldi todavía no aventura una hipótesis, si lo mataron por una transa de dólares que salió mal, o por otra cosa. El teléfono de la víctima, o qué hay dentro de sus redes sociales, serán clave para esto. La sospecha de la Policía Bonaerense, por lo pronto, es que habría sido víctima de una banda especializada en atacar a arbolitos y cueveros.

Santino Mármol fue indagado el sábado, luego de que la Policía Bonaerense le llanara su casa en un country de Francisco Álvarez, donde le encontraron mil dólares y precintos similares a los usados para atar a la víctima en el crimen. Para el fiscal, Santino es un partícipe necesario, pero no un asesino. Su presencia en la escena está descartada tras un análisis de cámaras. Sin embargo, el fiscal lo ubica dentro de la fuga del Focus. Representado por el prestigioso abogado penalista Gastón Marano -el mismo que defendió en un momento a Ivo “El Croata” Rojnica, acusado de ser el máximo cuevero de la City porteña-, Santino no respondió preguntas, apenas se despegó de la escena del hecho.

Le encontraron material mucho más comprometedor, como una serie de mapas de Don Torcuato y las llaves del departamento del crimen, un pequeño dos ambientes.

Por otro lado, es probable que la última palabra de Santino no esté dicha.

Santino MármolSantino Mármol

El departamento fue alquilado a través del sitio Booking. Así, Fitipaldi fue por la pista del alquiler temporario. Le tomó declaración al dueño, que afirmó que un hombre -que no es Santino Mármol- alquiló la propiedad pero luego canceló el trato, para seguir la negociación por fuera de la plataforma y le envió un DNI.

Ese documento, hoy, se vuelve una clave para seguir en el expediente.

Mientras tanto, el grupo de Facebook donde Germán hacía negocios se convierte en un velatorio a red social abierta, entre advertencias para no caer. “Yo le compré, era un copado”, recuerda uno. “La mejor tasa”, rememora otro. “No se regalen”, advierte una voz, con gusto a final.

Por Federico Fahsbender-Infobae