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Carlos De Angelis: “El DNU es como si se hiciera la Constitución de nuevo”

El sociólogo afirmó que “están llegando capitales para especular”. Por otro lado, aseveró que “la política se construye con legalidad, pero también con prestigio”.

El analista político, Carlos De Angelis, remarcó que “hay una intención de imponer el DNU o exponer a los dirigentes que opositores”.  “El mecanismo institucional para negociar es la ley”, agregó en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) y Radio Amadeus (FM 91.1).

Carlos De Angelis es sociólogo, analista político y consultor. Además, es especialista en estadísticas aplicadas a las Ciencias Sociales e investigador en temas de opinión pública, autor de “Radiografía del voto porteño” y coautor de “Investigación social para análisis de la opinión pública y el comportamiento electoral”.

Alejandro Gomel: ¿Hay una bicicleta financiera en ciernes? 

Ya está anunciada con todo este programa que plantea Luis Caputo, con unos intereses, quizás, bajos para lo que venía siendo. Pero se anuncia un crawling peg (devaluar 2% por mes). Están llegando capitales para especular. Capitales especulativos que se pasan a pesos y en algún momento se van. Creo que es el mismo esquema con el cual arrancó Mauricio Macri su gobierno. ¿Qué objeción tiene esto? Que un día dicen “nos vamos”.

AG: Las famosas “golondrinas”.

Sí, porque te dicen “nos vamos en el medio de la fiesta, tiremos los dólares”, y esto provoca una crisis. Argentina termina yendo al Fondo Monetario Internacional. Macri finaliza yendo al Fondo para asegurar que estos capitales puedan retornar, y necesitó un prestamista de última instancia, que es el Fondo. El esquema inicial vuelve a ser el de Prat–Gay, algo parecido al de principios de Macri, con la excepción de que en su momento Mauricio bajó las retenciones y acá se repusieron.

AG: El cepo no lo sacó en su momento. 

El cepo se sacó completamente y después empezó a poner limitaciones. Estamos en un proceso donde no se está pudiendo, pero se acercó a la brecha porque la intención es sacar el cepo en algún momento. Está bien normalizar toda esa cuestión. Un gobierno tiene que ser pro-mercado en esto también, no puede subsidiar el dólar para que vengan a hacer negocios financieros, simplemente porque no se sostiene en el tiempo.

AG: Hay un consenso en cuanto a que hacía falta un cambio y que, evidentemente, las cosas no iban como estaba todo ahora. ¿Cómo ves este cambio que, en principio, aparece como radical, casi talibán, por derecha? ¿Lo ves tan así? ¿No es tanto como parece? ¿Se está tirando mucho para después negociar? ¿Qué analizás de lo que se ve?

El DNU es como si se hiciera la Constitución de nuevo, y lo señalo como para tener la dimensión de lo que se cambia. Se derogan leyes que no se reemplazan y, además, se arbitra potestades del Ejecutivo. Dice “se deroga tal artículo, tal otro. El Ejecutivo decidirá cómo se haga”. Esto lo que está pidiendo es una especie de cheque en blanco para que el Gobierno pueda decidir o continuar decidiendo un conjunto de cosas muy heterogéneas. Muy borgiano es el decreto. Desde eliminar la Ley de Tierras a limitar severamente el derecho a huelga en un montón de sectores de la economía, o liberalizar cielos abiertos y regulaciones de viajes aéreos. Hay tantas cosas diferentes. Está lo de las Sociedades Anónimas en el fútbol. No pasará, además, por el formato el debate. Hay cuestiones que son de, por ejemplo, eliminar la promoción industrial, que roza lo tributario, porque esto se basa de que determinadas zonas del país no pagan impuestos o ciertos impuestos.

Además, está la discusión de algo muy extraño que no se puso en las extraordinarias. Con lo cual, ahí aparece una contradicción, porque se supone que en las extraordinarias solo se pueden elegir o votar los proyectos del Ejecutivo. Hay una intención de imponer el DNU o exponer a los dirigentes que opositores.

AG: La idea de “yo tengo la potestad porque tengo los votos. Si no lo aprueban, la culpa de ustedes”. Eso es un poco lo que está diciendo Milei, ¿no?

En un sistema democrático con complejidades, porque cuando se empieza a ver el mecanismo que se hace en el gobierno de Néstor Kirchner, por el cual se aprueban los DNU, es más fácil gobernar por decretos que gobernar por leyes, porque necesitás lo que apruebe una sola Cámara. Pero hay problemas profundos, estructurales e institucionales que se ponen a las claras cuando alguien propone una cuestión tan extensa y profunda.

Fernando Meaños: ¿Ves una estrategia o un orden caótico en este tema de tratar de pedir 100 cosas a la vez, mezclando temas de los más diversos, en algunos casos con la atribución que tiene el Ejecutivo y en otros casos no? Detrás de eso, ¿ves el famoso “pido 100 cosas para tratar de que me den 20, que son las que realmente me interesan”?

Me gustaría creer que sí. Porque si uno mira los 366 puntos, estoy seguro de que en 50 estamos todos de acuerdo, que estamos de acuerdo que hay que cambiar cosas, que Argentina no puede seguir con estos niveles de regulación, donde todo está regulado en una legislación que ya se puso en algún momento y quedó contradictoria.  Ahora, el mecanismo institucional para negociar es la ley. El decreto se rechaza o se acepta. Es un “ahora ganamos nosotros, vamos a hacer lo que queremos porque sacamos el 55%”, y en realidad vos sacaste el 30%.

FM: ¿No hay una legitimación particular de Milei? O sea, él es particular en todos los sentidos. Llega sin una estructura política detrás, sin nada con lo que llegaron el resto de los presidentes de la historia de Argentina y, al mismo tiempo, avisando que ajustará ” más fuerte que el propio FMI”. Además de su metáfora del poder y “motosierra”. ¿Eso, en términos políticos, no le da una legitimidad que no tuvieron otros presidentes antes?

Es un cambio de régimen político lo que estás comentando. Es un “no va más la democracia, vamos a hacer otra cosa. Voy a hacer una Constitución diferente donde gobierne el Ejecutivo y tenga potestad para decidir”. Es un cambio de régimen político eso.

Los senadores se van renovando en terceras partes, cada dos años se renueva la tercera parte, por eso están seis años. El sistema político está organizado para moderar estos impulsos refundacionales porque, de lo contrario, es cierto que Cristina Kirchner podría haber hecho cambios así en la Constitución del 2011 cuando ganó con el 54%, y no pudo porque el sistema liberal que tiene Argentina modera estas intervenciones refundacionales. 

Por lo tanto, ¿tiene legitimidad? Sí, tiene. Ganó en el balotaje sacando el 55%, es un personaje popular, carismático. Pero no se puede gobernar en base a la revancha. Para él es: “Ahora me toca a mí y hago lo que quiero”. Esto lleva a una situación extrema, que no quisiera verla en la calle.

AG: Qué cosa son los presidentes y su Twitter. Nos pasó con Alberto Fernández y ahora con Milei, que empiezan a tuitear a la noche y es complicado a veces.

Porque cada mensaje que un presidente o un vicepresidente manda (no hay que olvidar las cosas que escribió Cristina), no es un desvelado sino que causa efectos políticos y hay que hacer muy cuidadoso. Por ejemplo, vi que el vocero pone chistes como su época de tuitero y ya no lo es. Si yo fuera ministro de Economía y pusiera que “se viene la bicicleta financiera” sería un escándalo internacional.

La rebeldía tiene que ser como Modo Fontevecchia (“La rebeldía de la moderación”), hay que ser moderados. Hay que sentarse a negociar y no decir “esto es todo o nada” o “tómalo o déjalo”. No estoy de acuerdo con el discurso inaugural de espaldas al Congreso, se podrían haber hecho las dos cosas. Es decir, vamos a un conflicto fuerte en donde una sociedad está tan tensa y dividida. Hay que aflojar y no duplicar las apuestas.

FM: ¿Qué estás viendo con el tema del sindicalismo y la CGT? La semana pasada algunos decían “si los gordos de la CGT arman un paro contra Milei, debe estar festejando”. Nada mejor que los que se enfrenten a tu plan sea uno de los sectores más desprestigiados de la sociedad. ¿Cómo ves ese punto?

Totalmente de acuerdo. Al Gobierno lo afecta más que haya cuatro caceroleros espontáneos que una movilización de izquierda. Porque todos estos sectores, incluidos el kirchnerismo, el peronismo y la CGT, quedaron muy desprestigiados en este tiempo. La política se construye con legalidad, pero también con prestigio.

Será más efectiva porque ahí una de las cuestiones que se modifica es la ultra actividad, pero también se modifica la cuestión del derecho a huelga. Hay cosas que se vinieron discutiendo, con el derecho a huelga en el sector de la salud y el educativo por los paros en las escuelas, hubo mucho debate sobre esto. Esto lo limita y casi que lo prohíbe porque hay que asegurar el 75% de la presencialidad.

Tendrá más impacto en temas judiciales. La Corte Suprema tendrá mucho más trabajo que nunca ahora que se toma el receso. Además, esto no para, porque dicen “teníamos anunciado mucho”. Un periodista dijo que iban a derogar la Ley de Divorcio, por ejemplo. Viene fuerte la cuestión. Hace falta cambiar cosas, sí, pero no tenemos claro cómo se cambian las cosas en Argentina porque tampoco la experiencia mostró que se pueda cambiar de prepo.

Me acuerdo del 54% de Cristina porque fue un momento en el que había mayoría en ambas cámaras, estaba con posibilidades de hacer una reforma constitucional y no se pudo porque había una parte importante de la sociedad que no quería eso. Siempre uno espera tirar la carta para luego sentarse a negociar.