No llegás a fin de mes, pero la plata está ahí, a tu alcance, a un tiro de descarga de app, de que se te ocurra una buena idea. No llegamos a fin de mes, pero si nos esforzamos y le sumamos horas al día, por ahí sí, o por ahí no, pero lo intentamos. El esfuerzo no se negocia, pero no llegamos.
Con las horas cátedra que me quedaron, más el monoambiente que me quedó de mi vieja y las desgrabaciones que le hago a los mexicanos, llego a casi 1.300 dólares.
Nada interfiere entre la guita y nosotros, salvo el esfuerzo, la suerte, la cantidad breve de horas que tiene el día, nuestra capacidad de adaptabilidad, el ingenio, los otros. Más allá de eso, la guita está ahí, sin intermediarios, a tiro de tomar una decisión, con solo entrar al Play Store; con solo armar una story, con solo poner un chulengo.
Si hacés un buen billete nadie te molesta. Aunque Mercadopago te retiene un algo, aunque a Brubank le tenés que explicar cómo hiciste esa plata que es tuya. A veces es difícil, aunque antes era imposible. Hoy de alguna manera se cumple la involuntaria máxima duhaldista: si cobro en dólares un trabajo de diseño que hago para afuera, recibo dólares.
Guita ganada con mi esfuerzo, aunque no es solo mi esfuerzo; es otra cosa más compleja que me hace creer que es mi esfuerzo, pero en el fondo es mi esfuerzo. Cuando cae la noche, estoy reventado y no puedo dormir, es mi esfuerzo
No me va bien, pero es así. La vida del obrero no es así, es otra cosa. El capitalismo con rostro humano es así: cansado, ansioso, scrolleado, con esperanza y barba de días. Un capitalismo con un rostro ajado, fundido, humano, demasiado humano. Un rostro quemado por el sol, con patas de gallo, ojeras, manija. Con una mueca de lo imposible
De 8 a 12 en la muni, sanguchito en la plaza con mis hijos, los dejo en lo de la abuela; desde las 13 hago repartos para MercadoLibre. Después maquinar o mirar el teléfono, o maquinar mirando el teléfono. ¿Y si salgo de Didi? ¿Y si salgo a la noche? ¿Y si me voy a Vaca Muerta a manejar un camión?
Me paso todo el día hablando con la IA a ver qué se me ocurre para hacer unos pesos más. El Cyberpunk ya fue, hoy es Cyberbusca. Bitcoin, mentorías, perfumes árabes, programador, influencers, Rappi, modelos de OnlyFans, taller de escritura, streamers, otro taller de escritura pero ahora desde los márgenes; devenir busca.
Transa solo en fiestas, real estate de Century 21, vende termos Stanley originalmente chinos, secretaria de su abuela jubilada, CM de un showroom que trae ropa de Flores. Siempre es el mismo, puede ser cualquiera. Todos somos, vamos a ser o fuimos buscas.
Siempre fue así, ahora más. Nunca nos alcanza, ahora menos. Siempre hubo buscas, ahora todos. Nunca fue tan simple.
Hoy de alguna manera se cumple la involuntaria máxima duhaldista: si cobro en dólares un trabajo de diseño que hago para afuera, recibo dólares
El otro día vi un reel de una pareja de médicos que trabajan en el Hospital del Cruce y los fines de semana hacen subastas de plantas en su casa en un barrio de Hudson. Van a un vivero en Villa Elisa en la camioneta, compran cierta variedad, hacen un vivo de Instagram, un TikTok Live y subastan. Vos vas, charlás con ellos, por ahí tomás unos mates o un Aperol Spritz y te llevás la que compraste. Sábado y domingo hacen eso. Les va bien, parece. Se los ve sonrientes.
Nadie regula mi posibilidad de salvarme, de hacer billete, de tener una vida mejor, de comprar cosas en cualquier lugar del mundo. Nadie nos dice “no, no se puede”. No hay intermediarios ni barreras. Yo no puedo, nadie me dice nada, pero no puedo.
No quiero intermediarios que me digan qué hacer y qué no hacer, no quiero que me cuiden, quiero guita. Guita ganada con mi esfuerzo, aunque no es solo mi esfuerzo; es otra cosa más compleja que me hace creer que es mi esfuerzo, pero en el fondo es mi esfuerzo. Cuando cae la noche, estoy reventado y no puedo dormir, es mi esfuerzo.
Estoy contento porque fue mi decisión y ahora, en lugar de quedarme en casa quejándome cuando llegaba del laburo, agarro el auto y salgo. Conozco gente, escucho podcasts y, al final del día, tengo una moneda en el bolsillo. No es gran cosa, pero a fin de mes siento una paz que antes no sentía.
Ser pobre es un estado mental, no tener dinero es algo temporal, se dicen, se mienten, se alientan, se acompañan dos que se hicieron compas de tanto cruzarse en el dark store de Pedidos Ya.
Hubo otra época en que la guita alcanzaba un poco más, pero había demasiadas intermediaciones, demasiados trámites; había billete, pero valía poco, el de 100 no llegaba al piso. Era un capitalismo con otro rostro, menos humano que el de ahora.
Había que pedir permiso, hacer revoleos demasiado complejos, saber de regulaciones, tener conocidos. Ese tiempo es recordado como imposibilidad de desarrollarse para hacer plata.
Hoy la guita está ahí; no alcanza, no llega, no puedo; pero está ahí.

Por Diego Valeriano-Panamá Revista

