El espacio político latinoamericano se debate entre los partidos izquierdistas denominados “populistas” y los neoliberales de la derecha que ganaron una importante cuota de poder en estos últimos años.
América Latina es un espacio muy inestable políticamente. Y eso termina repercutiendo en la economía de sus países. Argentina giró hacia la derecha con la asunción de Mauricio Macri al poder, recomponiendo la buena relación con los EE.UU. y el poder financiero internacional, dejando atrás las ideas “populistas emancipadoras” de su antecesora Cristina Fernández de Kirchner. Igualmente, el mercado le dio la espalda al mandatario argentino, reclamándole un “ajuste ortodoxo” en la economía que el gobierno argentino no estaba llevando a cabo con la velocidad esperada por los inversores. Resultado: corrida cambiaria, fuga de dólares, endeudamiento imparable y pedido desesperado de ayuda al F.M.I. Como consecuencia de ello, la economía argentina comenzó a evidenciar signos de derrumbe y recesión.
Algunos Estados latinoamericanos logran mantener una coherencia en su planificación económica que va más allá de las tendencias ideológicas de sus gobiernos. Chile podría ser un ejemplo de ello, con la centroizquierda encarnada en Michelle Bachelet y la centroderecha del actual presidente Sebastián Piñera, que mantienen sus diferencias, pero con una madurez política envidiable para la Argentina. Las políticas de Estado a largo plazo no sufren sustanciales modificaciones y los chilenos gozan de una estabilidad económica que no se da en otros países latinoamericanos.
Uruguay es un caso similar al chileno, más allá que el Frente Amplio viene gobernando hace más de una década, pero con políticas moderadas que derrumban el prejuicio de que es un partido de “ex guerrilleros socialistas”. Los uruguayos también gozan de una para nada despreciable estabilidad política y económica.
El viraje más sorprendente fue el caso de México. El candidato de la izquierda, Manuel López Obrador logró romper el dominio histórico del PRI y sus alianzas con los demás partidos conservadores que se turnaban en el gobierno mexicano, relegando a la izquierda a un lugar secundario. Hoy, López Obrador no solo domina el Ejecutivo sino además el Congreso, con un apoyo importantísimo. Veremos qué políticas aplica. Por el momento se acercó a los EE.UU. firmando un acuerdo comercial que dejó al NAFTA herido de muerte (Canadá quedo relegado a un segundo plano en la relación comercial de los tres países norteamericanos).
En el caso de Bolivia, Evo Morales resiste con su “socialismo indigenista” en una Sudamérica que giró masivamente “a la derecha” en estos últimos años. Ecuador “despachó” a Rafael Correa y su sucesor Lenin Moreno no continuó con sus políticas “populistas antiimperialistas”.
Colombia continúa con sus gobiernos de centroderecha, un poco más o un poco menos moderados según quien presida el país cafetero, pero al trazo grueso de sus políticas no se le imprimen grandes cambios. Sí es variable la relación con los grupos paramilitares comparando al anterior gobierno de Santos con el actual de Iván Duque, más duro con las agrupaciones guerrilleras.
Perú borró del mapa al neoliberal Kuzynski pero su sucesor Vizcarra no varió demasiado en sus políticas “pro mercado”. Paraguay continúa con la hegemonía del conservador Partido Colorado, aunque el actual presidente, Mario Abdo, sorprendió con su reciente decisión de revocar la decisión de su antecesor Horacio Cartes y trasladar nuevamente la embajada paraguaya en Israel desde Jerusalén a Tel Aviv, lo que le valió un conflicto diplomático de proporciones con el gobierno israelí que planea como dura respuesta cerrar su embajada en Asunción.
Brasil está muy complicado, con una elite política-empresaria-judicial que busca mantener los privilegios recuperados durante el cuestionado mandato del impopular Michel Temer y con Lula preso e impedido de presentarse a elecciones (sería el casi seguro triunfador en los próximos comicios). El atentado contra el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro agrega un capitulo oscuro a la ya convulsionada campaña electoral brasileña. El futuro político del gigante sudamericano es realmente incierto y eso también repercute en el resto del subcontinente.
Por último, la Venezuela de Maduro que ya ni siquiera resiste análisis alguno. Inflación de 1.000.000 % proyectada para 2018, niveles récord de pobreza y desnutrición, emigración masiva de quienes pueden huir del país, una moneda sin valor de referencia, ahogo estatal de lo poco que queda en pie de la actividad privada, tiranía política, persecución a opositores, y un deterioro social y económico que solo puede sostenerse con el respaldo de las Fuerzas Armadas que aún le cuidan las espaldas al líder venezolano. Poco queda en pie de la Venezuela de Chávez.
En conclusión, Latinoamérica gira pendularmente de izquierda a derecha, provocando una discontinuidad en ciertas estructuras regionales que se levantan o se derrumban según quien gobierne. Actualmente, los gobiernos “antipopulistas” latinoamericanos, miran nuevamente hacia EE.UU. y la O.E.A. sentenciando a la casi desaparición de la UNASUR, bloque político que tuvo su auge en la década pasada y que les permitió a los países sudamericanos liberarse de la tutela norteamericana y tomar decisiones con una autonomía que hoy no existe. Los bloques regionales sufren una crisis de identidad y se regresó al paraguas de la Organización de los Estados Americanos liderada por Estados Unidos en detrimento de estructuras como la UNASUR o la CELAC, por ejemplo. Estados Unidos recuperó el control político sobre su “patio trasero”, o al menos, lo sigue más de cerca con la complicidad de la mayoría de los gobiernos sudamericanos de tendencia neoliberal.
Y así continúa nuestra región, girando de derecha a izquierda sin encontrar un rumbo claro que permita un entendimiento más allá de las ideologías políticas, al estilo Unión Europea. Una verdadera pena.
*Desde Córdoba

