Baires Para Todos

Alberto Fernández, Cristina Kirchner y un gobierno en off

Los trascendidos presidenciales que enojaron a CFK no son la excepción, sino una regla que se llevó puesto un secretario y un ministro. Otro se salvó por un pelo.

Off eran los de antes”. El irónico off the record salió del teléfono de un exfuncionario albertista apenas escuchó a Cristina Fernández de Kirchner chicanear, por elevación teledirigida, a Alberto Fernández por dichos que, en off the record, le atribuyen al Presidente en el portal El Destape.

“Vamos a una PASO, por ejemplo, con (Jorge) Coqui Capitanich. Si él le gana al Presidente, sale tan fortalecido que es un gr, an candidato para llegar a la presidencia. Si yo le gano, como Coqui será el candidato de Cristina, seré el que terminé con 20 años de kirchnerismo y puedo ganar las elecciones. Lo mismo si les gana (DanielScioli u otro candidato del espacio. Esa debe ser la estrategia. Es buena para ambos”, fue el textual sin disimulo atribuido a Fernández, contado en desPertar, el newsletter de Letra P de este martes.

¿Cuál fue la respuesta, irónica, de la vice, con un comentario que rompe la frágil tregua que se había sellado con la conformación de la demorada mesa del Frente de Todos? “En un off se dicen cosas también, barbaridades por ahí, que después se niegan; pero bueno. Ya sabemos como son estas cosas”.

A modo de prólogo, fue otra Fernández, la senadora cristinista Anabel Fernández Sagasti, la primera en contestarle al Presidente algo que, en teoría, dijo para que no fuera publicado en su boca. “Me pregunto qué significa para quienes murmuran en off con periodistas querer ‘terminar con 20 años de kirchnerismo’ ¿Privatizar YPF? ¿No trabajar para tener el salario en dólares más alto de Latinoamérica como en el 2015? Decirle no a las inclusiones jubilatorias?”, fue el primer tuit de un hilo con el que se despachó la mendocina.

El pronóstico del fin del kirchnerismo 2003-2023 no es un análisis nuevo que ronda el ecosistema presidencial, al punto que Gabriela Pepe ya lo escribió en LetraP en octubre del año pasado, cuando Luis Inácio Lula da Silva podía ser el ejemplo de que los ismos pueden superar la barrera de las dos décadas de permanencia. En el Instituto Patria saben que ese pensamiento lo difunde el propio Fernández en charlas privadas que terminan en letras de molde, como gusta decir a la exmandataria.

No es el primero ni probablemente sea el último off the record que agrieta al Frente de Todos. El Off the record, o “fuera de micrófono”, es una habitual herramienta periodística fundada en un pacto entre un cronista y una fuente: bajo el amparo del anonimato, se publica una información relevante que el interlocutor no puede, por ser plausible de algún tipo de sanción, decir en público. Es la honestidad intelectual de la prensa el filtro para que la protección de la identidad no sea un cheque en blanco para que cualquiera diga una barbaridad, el término que usó CFK.

En el albertismo no hay anonimato. Acostumbrado al off desde su época de jefe de Gabinete, al punto de ser penalizado por su relación con el Grupo Clarín al irse del Gobierno en 2008, en plena guerra con el campo y la prensa, no hay fusibles del pensamiento presidencial. Lo que dice el albertismo, afirman en el Patria, es lo que dice el mismo Alberto. El exjefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, desestimaba las opiniones anónimas de cualquier funcionario por debajo suyo, con la sentencia “El sciolismo somos Scioli y yo”. Para desautorizarlos, hablaban de “los machos del off”.

El off the record es uno de los karmas del Frente de Todos, un espacio que surgió con una sorpresa para todo el mundo: el spot que reveló que Fernández sería el candidato fue editado durante la madrugada bajo el hermetismo que caracteriza al cristinismo. Fue Cristina Kirchner la primera en ponerlo sobre el tapete, bajo otra de sus formas. En septiembre de 2021 le dedicó unas líneas al exsecretario de Comunicación, Juan Pablo Biondi, acusándolo de “operar” con trascendidos en su contra, cuando sus críticas a la Casa Rosada las hacía por carta. “Un vocero presidencial al que nadie le conoce la voz”, le achacó cuando a Miguel Núñez, vocero de Néstor Kirchner, se lo conocía como “el vocero mudo”.

El exvocero y sombra de Fernández le respondió, también por carta, al renunciar. “Me ofenden y lamento las malas interpretaciones que hiciera sobre mí la señora Vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, al considerarla una líder indiscutible del espacio político que representa ella junto con usted”, escribió entonces en la misiva dirigida al Presidente.

En junio de 2022 llegaría otro caso testigo. El inédito off the record difundido en cadena de WhatsApp que eyectó a Matías Kulfas del Ministerio de Producción. “Lo peor de todo: sin dar la cara, en off, mintiendo y utilizando periodistas. Con errores y aciertos, siempre hablé y actué de frente. Penoso”, tuiteó Cristina Kirchner, al salir al cruce del argumento oficial, pero sin repartirse como gacetilla, que se defendía de una acusación de la vice por, supuestamente, beneficiar a Techint en una licitación.

“Es éticamente reprochable hablar en off en desmedro de otro”, tuiteó, por su parte, Fernández, desautorizando la respuesta de Kulfas que, si bien pretendía reprochar la gestión cristinista de la Secretaría de Energía por falta de experiencia, terminaba sembrándola con sospechas de corrupción, el fantasma que persigue a la vicepresidenta. Kulfas se fue enseguida.

No se fue Eduardo de Pedro, el tercer off que puso en jaque la fragilidad frentetodista este año. El rosario de quejas y acusaciones de falta de códigos, en off the record, que desplegó el ministro del Interior por haber quedado fuera de una reunión de Lula con organismos de derechos humanos, llegó a los oídos presidenciales en forma de trascendidos periodísticos. Victoria Tolosa Paz, su colega del gabinete, la encargada de hacerlas oficiales. “No me queda muy claro si es una información en off the record del ministro o de su entorno”, apuntó la platense. Hubo desayuno en la quinta de Olivos para dejar atrás la novela, después de que el propio Fernández admitiera que hace meses no hablaba con su funcionario,.

Como la venganza es un plato que se sirve frío, el albertismo esperó bastante para endilgarle un off al cristinismo. La vice recalentó la comida.

Por Sebastián Iñurrieta – Letra P