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LLA y la crueldad animal legalizada

Polémica en el Congreso

Un proyecto de ley nacional presentado desde La Libertad Avanza busca regularizar y registrar la cría comercial de animales, desatando el rechazo de los proteccionistas que denuncian un intento de maquillar el maltrato bajo la lógica del libre mercado”.

La crueldad no se regula, se prohíbe. El proyecto de ley presentado, expone una preocupante contradicción ideológica: el intento de encasillar la vida sintiente dentro de las leyes del libre mercado. Bajo la excusa de "regularizar y fiscalizar" para combatir la clandestinidad, la iniciativa parlamentaria busca otorgar un marco legal y un sello estatal a una actividad basada en la explotación comercial de animales.

La ciencia y el derecho internacional moderno ya dejaron atrás la arcaica noción que considera a los animales como objetos mecánicos. Los animales son seres sintientes dotados de una inteligencia y conciencia complejas, capaces de experimentar dolor, empatía y frustración. Tratar a seres con estas facultades cognitivas y emocionales como productos de una línea de montaje es un anacronismo ético. En la Argentina, la vanguardia jurídica histórica va en el sentido opuesto: la Ciudad de Buenos Aires prohibió la cría y venta en 1987 mediante la Ordenanza 41.831/87, estableciendo que cualquier intento de lucrar con la reproducción en territorio porteño constituye una contravención ilegal.

Cada animal con precio de lista representa un hogar menos para un callejero. El afecto no se transacciona en el mercado formal. La verdadera libertad no radica en la proliferación de comercios regulados, sino en la capacidad de una sociedad para proteger a los sectores vulnerables. La solución legislativa no es fiscalizar las jaulas; la solución es prohibir la comercialización de vidas y priorizar la adopción responsable.

Al final del día, los animales no entienden de teorías económicas, transacciones ni proyectos de ley. Lo único que comprende un perro es el vínculo diario con la persona que lo cuida. Quienes convivimos con un animal rescatado sabemos que la lealtad y el compañerismo no se miden por un árbol genealógico ni se compran en un mostrador. Sumar a un integrante a la familia debería ser siempre un acto de empatía mutua, no un intercambio comercial con factura digital.

Por Matías Pintos