Baires Para Todos

Los que manejan el poder no aplauden, exigen

Trastienda política de la crisis, el Círculo Rojo, sus beneficios, el FMI y la consagración del 1 por ciento más rico

Los ceos consiguieron RIGI, Reforma Laboral, retenciones y hay un acuerdo con el PRO para tumbar la Ley de Etiquetado. El campo se burla del Gobierno y Galperín no quiere pagar más, mientras la mitad más pobre usa el 30 por ciento de sus ingresos en impuestos.

Sergio Iraeta es el secretario de Agricultura de Javier Milei pero, a la vez, es empresario del agro. Tiene campos de maíz, trigo y ganado en el sur bonaerense, en la zona de Patagones. Todo lo que produce recibió baja de retenciones de parte de su gobierno. Además, Iraeta es muy cercano al ministro de Economía, Luis Caputo. Su hijo es socio de “Toto” en el fondo agropecuario INVERNEA, que reúne hace años a funcionarios hoy libertarios y del PRO y que administró la consultora de Caputo y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, Anker. Esa firma funcionó alternadamente en varias oficinas porteñas, algunas de las cuales las prestaron altos directivos de la Sociedad Rural (SRA). Por eso Iraeta se molestó esta semana cuando, en un evento de maiceros, no le aplaudieron la baja de retenciones. En su genuino dolor y como si no fuese funcionario, sintió una circunstancial traición de clase. Fue como si se hubiese olvidado de sus años mozos en el establishment agrario donde, como ocurre en todos los círculos de poder, los que manejan la batuta no agradecen, exigen. Si hay regalos impositivos y legales, quieren más.

Lo que Iraeta entendió como un “les dimos todo y todavía se quejan”, se parece bastante a los reclamos que Caputo y el ministro desregulador, Federico Sturzenegger, han tenido para con los empresarios que no invierten, aún con beneficios millonarios. Estas situaciones le hacen ver al Gobierno que el poder económico no quiere ese “algo” que puntualizó Iraeta en el video viral. Quiere todo y le importa poco si ese “todo” perjudica o no las chances de supervivencia electoral de Milei. En ese todo, además de los beneficios fiscales, está también la idea de reforzar el concepto de que hay que proteger a los gigantes empresarios del debate global y nacional de la recaudación impositiva sobre los que más tienen, que se reavivó esta semana cuando el dueño de Mercado Libre, Marcos Galperín, se negó a aceptar más impuestos, con aval del Presidente y ministro de Economía. Y hasta con el acompañamiento fáctico del propio Fondo Monetario (FMI), que apoyó la baja de retenciones, pero le pidió al Gobierno cobrarles más a los monotributistas y a aquellos trabajadores que pagan Ganancias.

Mientras eso ocurre, todo el resto de la población sigue mirando cómo el gobierno de Milei pelea con las empresas para ver quién es más beneficiado: de acuerdo a un informe del International Tax Observatory, en Argentina el 50 por ciento más pobre usa el 30 por ciento de sus ingresos para pagar impuestos comunes. Eso supone 10 puntos más que lo paga que la cúpula del 1 por ciento más rico del país. La tributación lógica y equitativa es, además, el debate incompleto sobre la distribución de la renta de los proyectos que ingresan dólares. Es decir, es el debate de cómo lograr que el país crezca, también, para el 80 por ciento que hoy está penando. Hoy, las exenciones impositivas de los milmillonarios se están financiando con más impuestos a la población más pobre, la clase media, la baja, la ya ajustada.

Los datos son concretos. En lo que va del Gobierno de Milei los empresarios pasaron del entusiasmo a la paciencia, para situarse luego en la duda y, hoy, atraviesan esa duda transformada en desconfianza y búsqueda de transiciones alternativas de cara al 2027. En el medio, y pase lo que pase con Milei, el plan es no irse sin nada o, mejor dicho, con más de lo que ya obtuvieron. Y lo están logrando: consiguieron RIGI, Súper RIGI, la Reforma Laboral, el blanqueo de capitales y ahora van por otro botín. Según supo Página I12, hay un acuerdo político del Gobierno, el PRO y las empresas para concretar la caída de la Ley de Etiquetado Frontal. Esto es parte del plan de demolición de normas que Milei les garantizó a los ceos y que terminará en una concentración del poder privado que quizás sea la más grande de la historia.

En las últimas horas hubo un encuentro de un alto directivo de la Coordinadora de Productores de Alimentos (COPAL) con la diputada del PRO Diana Fernández Molero. Es que, de repente, junto a otro diputado del partido amarillo, Alejandro Bongiovani, se descolgaron pidiendo la derogación de una ley que la industria de Alimentos había resistido. En paralelo, le informaron al empresario de Copal que Milei tenía un proyecto propio para tumbarla. En esas conversaciones se blanqueó una situación. La primera es que los diputados de Macri no tienen argumentos técnicos sólidos más que el mismo deseo de las empresas para explicar por qué quieren sacar los octógonos que informan sobre situaciones nutricionales de los productos. Es decir, representan el interés privado para ir contra una norma de salud pública que, aún con errores, es necesaria. La segunda es que la excusa alternativa sería que Argentina se pliegue a un acuerdo más amplio con el Mercosur. Ése es el Caballo de Troya del asunto: el Mercosur viene hace 3 años debatiendo el tema, y los diputados que quieren voltear la norma admiten que una aprobación de etiquetado del Mercosur podría tardar no menos de 5 años más. Es decir, no ocurriría nunca.

Esa alianza para ir contra la ley tiene sectores muy interesados guiando voluntades parlamentarias. El mayor lobby que representan los diputados del PRO tiene que ver con las firmas de bebidas azucaradas como Coca Cola y Pepsico, que son las más afectadas por los octógonos en lo visual, porque las ventas cayeron por la crisis de Milei, no por la ley. En el segundo escalafón aparecen las de golosinas, como Arcor y Mondelez. Los menos interesados son los empresarios de alimentos farináceos, aceiteros, viñateros, que no tiene octógonos pero que, aun así, quieren que la ley se termine.

El corazón y el bolsillo

Mientras tanto, lo que ocurre en las reuniones de Caputo con los empresarios podría encajar en cualquier escena bizarra y fuera de contexto. El ministro, que la está viendo y le advierte a Milei que el ajuste le está complicando las chances electorales de cara al 27, les pregunta a los ceos por qué no invierten (OCDE y Ferreres confirmaron que no hay desembolsos nacionales ni extranjeros) “si les facilitamos todo”. Los empresarios le argumentan que hay que seguir bajando impuestos. El ministro asiente. Lo arrastran a su propia lógica, a jugar en su cancha y bajo sus condiciones. Toto cumple y dignifica. El colmo del trauma respecto a por qué la economía no se mueve y ellos dicen que sí, se vio hace dos semanas en un encuentro que Caputo mantuvo con empresarios de diferentes rubros. Luego de decir, en público, que la prensa cuenta una crisis que no existe y fuerza a la gente a decir que le va mal, refrendó su teoría en privado. Les dijo a los empresarios que Milei y él tienen un seguimiento “pormenorizado” del periodismo que muestra que los medios que critican al Gobierno caen en audiencia. Y hasta puso un ejemplo que incluye a este diario. “El problema es que nos critica Página I12, y que no hay diferencias entre ellos, Clarín y La Nación”. Forzado, pero los ceos lo miraron asombrados, por el nivel de paranoia en medio de una demanda de actividad caída. “Toto”, sin despeinarse, siguió, entusiasmado. Dijo que “vemos que los que nos critican caen en las métricas”. En su debate contra los datos reales, también el Gobierno ultraja cifras de los medios. La crítica no sólo es un reflejo de la realidad, sino que mide bastante más que la contabilidad creativa que se traza desde la Casa Rosada.

Más allá de lo perdido que está el Gobierno en la brújula del diagnóstico de la crisis de la micro, los pedidos de quita de impuestos a privados son el hecho novedoso que avanza rápido. Stalkear a Marcos Galperín, el dueño de Mercado Libre, en su cuenta de X, sirve para entender el problema completo: el empresario se queja de la democracia, se burla de la gente en crisis y de los jubilados que no llegan a fin de mes y dice que cobrándole más impuestos a él nadie se salva. Jeff Bezos, el dueño de Amazon, expresó lo mismo hace unas semanas. Galperín se convirtió en el más grande empresario nacional con una idea genial y plata ajena. Se financió con fondos de SADESA, la curtiembre familiar, y los subsidios estatales que aun percibe. Mientras, se mudó a Uruguay para pagar menos impuestos e incrementó su fortuna en la pandemia, cuando el encierre disparó las ventas on line y él las capitalizó con Mercado Libre, que pasó de valer 4000 millones de dólares a más de 8000 millones. “La batalla ricos versus pobres la inventaron los zurdos para hacerse del control del Estado”, escribió en X, argumentándose perseguido por el señor de la renta.

Los datos muestran que lo que Galperín y tantos otros esquivan es letal para el esquema de una economía en el que el 80 por ciento más pobre viva más o menos bien. El International Tax Observatory, un organismo global, actualizó las cifras de quiénes y cuánto pagan de impuestos en Argentina y la región. El trabajo “Progresividad Fiscal y Desigualdad: Tributación Mínima de Individuos de Alto Patrimonio en América Latina y el Caribe” precisa que “América Latina se posiciona sistemáticamente entre las regiones más desiguales del mundo. El 10 por ciento superior capta alrededor del 60 por ciento del ingreso nacional, una proporción comparable únicamente a la observada en Oriente Medio y Norte de África, y muy superior a la de Europa, América del Norte o Asia Oriental. El 50 por ciento inferior recibe apenas un 7 por ciento del ingreso total, mientras que el 1 por ciento superior concentra en torno al 25 por ciento del ingreso, situándose por encima de los niveles observados en otras regiones”.

¿Qué pasa en Argentina? Argumentan que “la primera observación es el alto nivel de tributación que enfrenta la mitad inferior de la distribución, en proporción a sus ingresos. En promedio, el 50 por ciento más pobre paga alrededor del 30 por ciento de tasa efectiva, con Brasil, Argentina y Costa Rica en el extremo superior. Estos niveles reflejan principalmente el peso de los impuestos al consumo, que recaen proporcionalmente más sobre los hogares de menores ingresos, y de las contribuciones a la seguridad social, que recaen sobre todo sobre los trabajadores de ingresos medios y bajos”. Mientras todo eso ocurre, los más ricos pagan el 22 por ciento con ingresos infinitamente mayores que los de los pobres.

Aclara el informe de la Tax que el top del 1 por ciento más rico “está lejos de ser un grupo homogéneo: dentro de él conviven patrimonios apenas por encima del umbral del 1 por ciento con fortunas que son centenares de veces mayores. Mirar solo la tasa promedio de ese grupo oculta lo que ocurre en el vértice real”.

Semáforo rojo y camisetas de Messi

Mientras los ricos se niegan a contribuir más y Milei, además, les saca impuestos, el tema en la economía real es delicado. En estos días, una comitiva de la Unión Industrial (UIA), con su presidente Martín Rappallini al frente, recorrió la planta de la textil Intertrading. El nombre no es conocido, pero fabrican las camisetas de Boca, River y la Selección Nacional. A poco del mundial, no sólo están complicados con la actividad, sino que están casi sometidos por la competencia de los textiles del sudeste asiático. Historias preocupantes que pasan mientras Milei, Caputo y los aliados enviados por Mauricio consolidan el poder de unos pocos.

El dato elocuente, también lo puso la UIA en el informe de esta semana en el que confirmó que la actividad volvió a caer en abril y mayo viene mal. Hicieron un semáforo de actividades, pero comparando contra el 2022, año “normal” y sin ruido electoral. Los despachos de cemento están 22,5 por ciento abajo hoy; la venta de materiales para la construcción se ubica 30,3 por ciento abajo; la producción de autos un 12 por ciento atrás; la metalmecánica un 16 por ciento, el consumo eléctrico un 4,6, la producción de bebidas un 15 abajo del 2022; y la liquidación de divisas del agro un 30,9 por ciento. Los datos mandan.

Caputo Galperin Milei Caputo Galperin Milei Archivo –

Por Leandro Renou-P/12