El “predicador”, de recorrida por los medios. La prohibición de acceso a los periodistas acreditados en la Casa Rosada, una media desproporcionada. Las ideas tecno-utópicas que fascinan al Presidente, en su despacho.
Si le hubieran pedido a Dante Gebel una opinión sobre la prohibición del Gobierno de acceso de los periodistas acreditados en la Casa Rosada, habría dicho que será la historia la encargada de juzgarlo.
Ese fue el tenor de las respuestas que viene dando un hombre que no puede abrir un juicio de valor de ningún gobierno desde 1983, y que afirma que su profesión no lo define —probablemente frente a la dificultad de definir precisamente cuál es su profesión—. Periodista (la pregunta sobre las restricciones sería legítima), productor de espectáculos, showman y predicador (no pastor): tal es el orden que asignó literalmente Gebel a sus actividades múltiples.
Gebel protagoniza en estos días una excursión mediática con intención de instalar una candidatura presidencial. Pregona “valores morales” (parece que la moral paga), sin dar ninguna definición sobre nada. Aunque dice que no tiene voluntad de ser presidente y tiene la vida resuelta, el llamado al “deber cívico” podría torcer su voluntad. Asegura haber formado ya su primer equipo de trabajo, con gente capacitada y honesta, desde luego. “Póngansen (sic) a trabajar”, les pidió.
Lo que no parece demasiado democrático fue la restricción que impuso el Gobierno esta semana a la prensa para entrar a la Casa Rosada.
La decisión fue comunicada este jueves por el subsecretario del área, Javier Lanari, en la red social X. Lanari fue el número dos de Manuel Adorni cuando el hoy jefe de Gabinete oficiaba de vocero. Desconozco al momento de escribir este texto si la restricción fue oficializada por alguna posterior resolución administrativa.
Él mismo periodista, Lanari no afirmó en su posteo que se tratara de una prohibición, sino de la “decisión de quitar las huellas dactilares” (el acceso biométrico) a los acreditados al palacio de Gobierno “de manera preventiva”, con el “único fin de garantizar la seguridad nacional”.
El Gobierno no ignora que si reconociera la restricción como tal estaría violando el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la información consagrados en la Constitución nacional, y que ninguna norma o disposición administrativa que pueda ocurrírsele a ningún funcionario de ningún gobierno puede alterar esos derechos.
La razón de la prohibición radica en la denuncia que la Casa Militar presentó ante la justicia penal federal contra dos periodistas y directivos del canal TN por la difusión de un informe grabado en la Casa Rosada sin autorización y mediante el uso de lentes inteligentes con cámara oculta. Se los acusa del presunto delito de espionaje.
Como dice una experimentada colega: nuevas tecnologías, nuevos accidentes (adaptados al espíritu libertario, nuevos límites que se derriban). La ocurrencia de TN despertó una ola de indignación, pero selectiva: periodistas de medios audiovisuales que simpatizan con el Gobierno justificaron unánimemente la denuncia penal y descalificaron severamente el trabajo de sus colegas (algunos dijeron que en otro país ya estarían en prisión, difícil de imaginar en el nuestro).
A Javier Milei, es conocido, lo rodea un dispositivo de seguridad como nunca se ha visto antes en la Argentina. Se entiende más la preocupación de los responsables de la integridad física de un presidente expuesto al escrutinio global y que se ha declarado parte beligerante en la guerra de Oriente Medio, que el fingido dramatismo por la producción de los anteojos Ray Ban. Hasta ahora se trata de una recorrida por los pasillos (si bien el juez podría reclamar todo el material filmado en crudo, y entonces se verá).
Este Gobierno ya había regulado la labor de los periodistas acreditados y restringido su libertad de movimientos en la Casa Rosada. La restricción a los acreditados en la Casa Rosada debería durar poco. Cosa que no atenúa la gravedad de la medida, sin antecedentes ya sea en democracia o bajo gobiernos de facto. Peor que los insultos del Presidente al periodismo, ha sido toda una declaración de principios de la gente que nos gobierna.
La República Tecnológica
Ese mismo jueves Milei recibió en su despacho a Peter Thiel, uno de los fundadores de Paypal y cofundador junto a Alex Karp de Palantir, una empresa monstruo de análisis de datos e inteligencia artificial que mantiene fuertes vínculos con el Gobierno de los Estados Unidos.
Semanas atrás la cuenta de Palantir posteó en X un decálogo basado en un libro de Karp y Nicholas W. Zamiska llamado La República Tecnológica (The Technological Republic. Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West), que contiene una furibunda crítica a la élite de Silicon Valley, a la que reclama comprometerse con los intereses de los Estados Unidos y con la seguridad; rechaza lo que llama “psicologización de la política moderna”; cuestiona la “exposición despiadada” de la privacidad de los dirigentes; reivindica las creencias religiosas y el servicio militar obligatorio, y anticipa un escenario de conflagración global.
“La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro. (…) La pregunta no es si se construirán armas de IA; es quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no pausarán para entregarse a debates teatrales sobre los méritos de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas militares y de seguridad nacional. Procederán”, dice el documento.
Un reciente y recomendable artículo del sociólogo e investigador del Conicet Tomás Borovinsky en Panamá, asegura que Palantir ha sido acusada en EE.UU. de facilitar instrumentos de vigilancia masiva al Gobierno y se niega a revelar el alcance y la naturaleza de sus vínculos y esquema de financiamiento con las autoridades norteamericanas.
“Para los autores (de La República Tecnológica), la cultura de Silicon Valley es un ejemplo de una decadencia que, luego de la llegada del hombre a la Luna, como suele recordar Peter Thiel, comenzó con Woodstock. Los hippies tomaron el control y es hora de enviarlos a su casa. ¿Qué debería hacer el mundo tecnológico? Una alianza virtuosa con los gobiernos en el contexto de la Segunda Guerra Fría en curso”, interpreta Borovinsky.
Estas ideas fascinan a Milei.

Por Walter Curia-Perfil

