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Liliana Franco: “Cristina despreciaba a todos, no tenía amigos, sólo empleados”

Liliana Franco acaba de publicar un libro: Los secretos de la Casa Rosada. Acreditada desde la gestión de Fernando de la Rúa, fue entrevistada por Deborah De Urieta sobre su reciente trabajo.

Apolítico, así define Liliana Franco al libro que acaba de publicar: Los secretos de la Casa Rosada. Y es que en él, la periodista acreditada en la sede del Poder Ejecutivo desde la presidencia de Fernando de la Rúa no se propuso hacer un análisis sobre las distintas gestiones, sino una compilación de anécdotas, algunas divertidas y otras no tanto, de lo que sucede puertas adentro de Balcarce 50. Básicamente, es un texto sobre la intimidad de los mandatarios en su propia casa. “Porque todas las casas tienen sus secretos y sus habitantes se comportan distinto que en público”, dice. Y aquí no hay excepción.

 

 

Así fue que “La señora de la Casa Rosada” -como se la conoce gracias a Santiago del Moro, conductor de Intratables, programa que ella integra, y autor del prólogo- se decidió a contar aquellas historias que no había podido publicar. Y explica que esto fue por tratarse de pequeñeces o bien, como ella misma dice, porque la coyuntura te va pasando. “Entonces, eso que en el momento te hace reír o te sorprende, no es tan importante en medio de una crisis como para contarlo”, agrega.

En un mano a mano con 3Días, la periodista de Ámbito Financiero habló sobre su labor, y sobre cuáles fueron los presidentes que más y menos promovieron la libertad de expresión. “Con Cristina fue quizás la peor época que yo recuerde en la Casa Rosada”, remarca.

Decís que uno de los gobiernos en los que hubo mayor libertad de expresión fue durante el menemismo y, después, con Eduardo Duhalde, ¿en qué lo viste?

-No es sólo una opinión personal, es coincidencia de colegas. La de (Carlos) Menem fue una época de jolgorio, todo era muy light. Pero él era un presidente que iba a la sala (de periodistas), mandaba medialunas, se sentaba y charlaba. En la época de Duhalde fue cuando hubo mayor libertad, a punto tal que trabajábamos en la explanada, que es por donde ingresa el presidente y los ministros y, por lo tanto, un lugar vedado. Y sin embargo, nosotros veíamos quién venía y lo llamábamos. También había televisión. Hoy, por ejemplo, no puede haber fotógrafos ni canales de televisión acreditados. Crónica supo tener más de 20 años -perdón si me equivoco- hasta una pequeña oficinita con estudio. Ahora, los acreditados son de gráfica, radio o portales de internet. Eso empieza más con el gobierno de Cristina, con (Alfredo) Scoccimarro a la cabeza, quien como ex periodista, sabía muy bien cómo cortarnos las alas. Los peores enemigos que tuvimos en el buen ejercicio de la profesión fueron ex periodistas, porque saben cuáles son nuestros pros y contras.

¿Qué hizo Scoccimarro?

-Lo primero que hizo fue que las transmisiones oficiales se hicieran a través de una consultora privada, sacó a Canal 7. Recordemos que existe, justamente, para transmitir los actos oficiales. Su razón de ser -por la cual todos los argentinos estamos pagando un canal- es divulgar los actos de gobierno, con una mirada federal, como Telam y Radio Nacional. Después, los gobiernos la usan partidariamente, pero el origen es ese. Bueno, todo esto desapareció, y fue Scoccimarro. Si bien empezó a ser democrático -que está muy bien que todo el mundo levante la señal-, pero entonces el canal dice: “Por qué voy a gastar plata”, y así fue cercenando puestos de trabajo.

O sea que no fue una buena etapa para hacer tu trabajo…

-Con Cristina fue quizás la peor época que yo recuerde en la Casa Rosada, a punto tal de que el velatorio de Néstor Kirchner lo vimos confinados desde un balcón, estando en la Casa Rosada. No nos dejaban bajar. Yo cuento esto y no lo pueden creer: estaba todo cerrado, no había servicio de catering. Estuvimos sin comer, no había dónde comprar, no podíamos bajar, o sea, un nivel de desprecio. Creo que pocas veces vi cosas así. Claro, cuando vino Macri fue como volver a vivir. Pero estoy comparando con una época desastrosa.

Y cómo era para ustedes que ella tratara de “enseñarles” a hacer su trabajo.

-Todos los presidentes y empresarios, todo el mundo nos enseña. Estamos acostumbrados. Todos, más o menos finos, con mejores modales o no, en el fondo creen que saben más que uno cómo hacer periodismo. Siempre cuestionan, dicen: “No saben preguntar”. Eso no era lo más grave. Ella tenía un profundo desprecio por nosotros. Porque a los propios, léase Tiempo Argentino, tampoco les daban información. Porque si vos decís: “A los medios propios -que los inflaron a lo pavote- les daban el off…”, pero tampoco. Ella tenía un profundo desprecio por todos. No tenía amigos, tenía empleados: más jerárquicos, menos jerárquicos, pero ella no tenía, no se le conocían pares.

¿Y Macri?

-Macri es como Menem. Menem era presidente, pero él delegaba en (Eduardo) Bauzá, en (Carlos) Corach, y veías que eso no menoscababa su poder. A Macri lo veo igual. Él delega. Aunque Menem era más ausente. ¿Sabés como defino a Macri? Es un presidente que trabaja de presidente, las 24 horas, pero trabaja, no se cree presidente, que es una enorme diferencia. Tiene el trabajo más importante que puede tener una persona, el más responsable y tensionante, pero trabaja como presidente, no se cree presidente.

¿Cómo es “creerse presidente”?

-Es ser omnipotente. Entonces, no delegás, tenés actitudes principescas o caudillescas.

¿Cómo era cubrir los actos de Cristina Fernández en la Casa Rosada?

-Aburridísimo, larguísimo. Después yo tenía que escribir. Llegó un punto que, como me los cubrí prácticamente todos, ni iba y me quedaba frente a la compu, escuchando siempre lo mismo por el canal directo hasta que de golpe, oía una concepto nuevo. Empezaba con un tema, se iba para el otro, y cuando hablaba de números… Ahí yo era la “maestra Siruela”, porque en la sala me decían: “¿Esto es así, Liliana?”. Como mezclaba todo y el Indec no era confiable, te volvías loco. ¿De qué estará hablando?, me decía a mí misma. A veces mezclaba datos que son expresados en dólares en pesos, pero eso me daba cuenta porque era muy obvio. Era terrible. Yo solía hacer una broma: decía que quería regalar los discursos impresos de Cristina en Cadena Nacional y que nadie me los aceptaba.

¿Cómo fue evolucionando el trato con la prensa durante el macrismo?

-Yo tengo que distinguir, porque sería injusto. Si te encontrás al Presidente por el pasillo, te saluda. También uno, como acreditado, tiene respeto, no se abalanza, conoce cómo moverse ahí. Si alguien lo saluda y él se para, hablás y si no, seguís. Hay que ser respetuoso, porque estás en la casa, que es de los argentinos, pero que es de él, entonces no podés estar todo el tiempo encima, atosigando. Pero él es muy amable. He tenido oportunidades de charlar. Yo puedo trabajar, pero noto que hay como un disciplinamiento en lo informativo. Ves que a determinados medios o colegas les tiran información, y cuando vos llamás para pedir más, te encontrás que no te responden o te responden estupideces. Y yo a esta altura -que no peino canas porque me tiño-, ya tengo poca paciencia. Que me contesten estupideces me hincha un poco.

¿El trato que el Gobierno tiene con Clarín y La Nación es distinto al del resto?

-Sí, Néstor hizo lo mismo. Los Gobiernos siempre están tentados en arreglar con los que tienen mayor llegada, pero esa es una visión del pasado: hoy te pesa más Facebook o Twitter. Por suerte, la información está democratizada, un pobre cristiano con un blog chiquitito puede hacer tanto ruido como una enorme tapa de Clarín. Yo a lo que apelo es aque me encanta la democracia enorme que trajo Internet pero ojo, también puede ser una cloaca. Internet no puede reemplazar al periodista profesional, al editor profesional.

¿Macri sigue dando off the records?

-Sigue habiendo. El macrismo tiene una contradicción entre lo que le gustaría hacer y lo que es posible. Creo que hay un sector que pretende una comunicación vía directa. Pero también son conscientes de que eso no es posible, entonces, es como una convivencia con idas y vueltas con algunos colegas, con otros no. Pero sería muy injusta si dijera que hoy no tengo trabajo. Tengo timbres que tocar, voceros que me contestan, algunos más rápido, otros menos, pero sería injusto que yo dijese que hoy no se puede trabajar. Puedo ejercer como periodista en la Casa Rosada, creo que esa es la mejor síntesis.

Inquilinos

“A ningún presidente le gustan los periodistas acreditados, es como si tuvieras dentro de tu casa un inquilino que te anda espiando”, dice la periodista Liliana Franco, y agrega: “No nos quiere nadie ¿Por qué? Porque nosotros caminamos por la casa, vemos quién entra y quién sale, en ese entrar y salir a veces enganchamos gente para hacerle preguntas. O sea, no tienen un control absoluto de la información. Más de uno quiso cerrar la sala de prensa, entre ellos, Cristina, claramente”.

Y algunas áreas del Gobierno de Cambiemos -no Macri puntualmente, según aclara- “si pudieran cerrarla, la cerraría”, al tiempo que resalta: “Lo primero que quisieron hacer fue cambiarla de lugar”.

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