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El cambio con aroma a deja vú Por Claudio Cherep – Baires Para Todos

El cambio con aroma a deja vú Por Claudio Cherep

El caso de Intiyaco, el pueblo santafesino donde su jefe comunal trajo de vuelta a las cuasimonedas y al eterno fantasma de los días de La Forestal.

Intiyaco en quechua quiere decir “aguada del sol”. Es un pueblo hijo del ferrocarril que atravesaba la cuña boscosa, pero creció amañado a La Forestal. Llegar desde la capital provincial supone recorrer los 250 kilómetros que la separan de Vera y luego rumbear hacia el norte otros 90 kilómetros. El norte santafesino es rico en historias y fue rico en sus montes hasta que los ingleses talaron uno a uno el quebrachal y se llevaron todo el tanino.

Sobre 1910 se constituyó en la zona la Argentine Quebracho Company. Los pobladores originarios se convirtieron en mano de obra casi esclava y en condición de “técnicos especializados” llegaron estadounidenses, italianos o alemanes.

La fisonomía del pueblo cambió. Los alambrados cubrían perímetros mucho más grandes para los gringos y dejaban espacios menores a los hachadores que ponían su cuerpo en la tala indiscriminada. El Estado argentino estaba ausente. La vida y, casi siempre la muerte, eran digitadas por los ingleses de La Forestal que hasta hicieron la primera traza del poblado y colocaban su bandera al lado de la argentina en cada celebración.

Los braceros no conocían la paga en efectivo. Por el trabajo infrahumano recibían a cambio vales que debían canjear por víveres en los almacenes de ramos generales que también eran… de los dueños de La Forestal.

Como muchas localidades norteñas, Intiyaco ve partir a sus jóvenes, a punto tal que en el censo de 2011 la población disminuyó y no se llegan a contar 2 mil habitantes, entre los que viven en el casco urbano y los puesteros de la zona. Quedarse es un número casi seguro para no tener destino. Los propios padres instan a los pibes a buscar una suerte mejor. En Santa Fe, en Reconquista, aunque más no sea en Vera. Las siestas suelen ser tórridas y fantasmales. Las noches para pensar un porvenir distinto. En los galpones ferroviarios ahora funciona una biblioteca y la Iglesia mira anticuada cada febrero la llegada del Carnaval, como una fiesta necesaria para los que no están demasiado acostumbrados a festejar.

En las últimas elecciones el pueblo también eligió cambiar: fue electo presidente comunal el médico Fernando Roda, de Cambiemos, quien se impuso por 48 votos al candidato del Frente para la Victoria.

Sin embargo, con la mitad de los intiyacoenses sin empleo, la esperanza de una mejora no fue más que una ilusión. Roda acaba de pagarle a un grupo de trabajadores con un bono que emitió la propia comuna. El jefe comunal aclaró por Radio Eme que fue para “compensar una tarea extra de los obreros temporarios –changarines– que pretendían una ayuda social como premio para pasar la Navidad, de manera que quienes cumplieron su tarea obtuvieron ese beneficio que le permitió comprar en el comercio local para pasar una fiesta digna, teniendo en cuenta que la mayoría integra familias numerosas”. De todos modos, el deja vú de tiempos de La Forestal quedó instalado en toda la región.

La realidad es que Roda tomó la determinación sin consultar a nadie y legitimando el trabajo precario desde el propio estado para con laburantes que ejercen su labor para la comuna que él preside. Roda no imaginó la repercusión que alcanzaría su medida. La primera que se hizo oír fue la Federación Santafesina de Trabajadores Municipales (Festram). La entidad gremial reclamó la intervención del gobernador Miguel Lifschitz y hasta la del Ministerio Público de la Acusación. Festram acusó al funcionario de emitir “cuasimoneda” y aplicar “un mecanismo de explotación laboral bajo el pretexto cínico de atenuar la pobreza”. Lo que para Roda son “changarines”, para el gremio que nuclea a los municipales de toda la provincia son cuadrillas que prestan servicios para el gobierno comunal. Cualquier laboralista de poca monta podría apreciar que en la medida que ha tomado el mandamás PRO hay fraude laboral.

Los bonos que emitió la comuna se pagaron por jornal trabajado. Imprimieron denominaciones equivalentes a diez, cincuenta y cien pesos. Irónico o bobalicón, el presidente comunal se jactó de la estética de los billetes. “Además son muy lindos. Hasta yo me sorprendí de los lindos que son, con el escudo y la bandera de Intiyaco”, dijo a los medios que le dieron una fama inusitada. Y de yapa, en el reverso se puede leer lo mismo que en los billetes verdes que desvelan a los señores de la city y que llevan la cara de Washington: “En Dios confiamos”.

El respaldo de la cuasimoneda que emitió Roda es el de un plazo fijo bancario. El jefe de la comuna prometió hacer un rescate a los 60 días o que los “beneficiarios” los canjeen en los negocios del pueblo para pagar víveres, como así tasas y contribuciones comunales.

Una vez que la noticia se propagó por los rincones de la provincia, el gobierno socialista tomó nota e intimó a Fernando Roda a que “se abstenga de seguir emitiendo” el papel de pago, a la vez que consideró “fuera de la ley” la emisión de los bonos y prohibió su circulación.

Carlos Torres, responsable del área de Municipios y Comunas se mostró sorprendido y destacó por LT8 de Rosario que “el caso preocupa mucho al gobierno de Santa Fe porque es una decisión que toma Roda fuera de la ley y revela cuál es el vínculo laboral que tiene con los trabajadores, que serían trabajadores en negro, que cobran por día, no tienen ningún tipo de aportes, ni obra social. Y si encima les paga con estos billetes ilegales sería un combo complejo”.

Según la legislación, para emitir billetes se necesita de la autorización del Banco Central y en el caso de que fueran bonos, además deben tener la aprobación del ejecutivo provincial y de la Legislatura. Fernando Roda no tuvo en cuenta la ley. En lenguaje Cambiemos básico atribuyó la estratagema al estado calamitoso en que encontró la comuna. Festram entiende que la medida “anticipa las pretensiones del gobierno de Mauricio Macri”.

La realidad del norte santafesino es acuciante. La región es como el cuadro de Torres García que pone el mapa del continente al revés. Pudo ser la vanguardia con las Ligas Agrarias, la lucha de los campesinos, la riqueza antes de la extirpación y fue saqueado por ingleses y cipayos. Ahora sobrevive. Y en esa supervivencia, los nostálgicos de La Forestal capanguean a los laburantes pagándoles en bono. Los obreros esperan que desde la sangre del quebracho talado aparezca un Isidro Velázquez vengador que repare esta ignominia. De los que prometieron cambio y de la justicia no pueden esperar nada.

 – Revista Zoom

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